Por CUBA ESCRITORES JORGE AGUIAR LIBROS RESEÑAS STANISLAUS BHOR

Adiós a las almas, de Jorge Alberto Aguiar Díaz

Adiós a las almas es un extraordinario libro de cuentos del escritor cubano Jorge Aguiar, radicado en España. Putas en miniatura, perteneciente al mismo volúmen puede leerse en la sección Ficción de revista Corónica. Reseña. 



Borges señaló, con acierto, que las dichas de los pobres son más conmovedoras que el infortunio. Aparentemente, tenía razón, puesto que el infortunio en la pobreza es lo cotidiano, pero la dicha, excepcional. Conocí a un niño al que lo hacía feliz una sopa de paquete Maggi porque su mamá solo le daba caldo. Conocí a un enfermo que pretendía curarse el paludismo con una hamburguesa de McDonald’s. Conocí, hace años, a una mujer virgen del mar que soñaba con ir a verlo cuando cumpliera 20 y tuviera su primer salario. Vi hace dos meses un sabueso de indigente que empezaba a hacer sus primeros pinos de basuriego y el amo le daba zanahorias recién sacadas  de un basurero, y el animal meneaba la cola de puro contento. Conocí a un abogado frustrado que conservaba el recorte de periódico en que aparecía su nombre como testigo lejano de un crimen resuelto y a todos decía que eso también era contribuir con la justicia. Tuve un amigo que soñaba con millones de dólares para poder cortejar a la más bonita del pueblo mientras la veía pasar y él llenaba bolsas de arena en un semillero. Conocí un campesino que arrastraba tres arrobas de pan al hombro y soñaba con tener una motocicleta vespa  (y cuando la obtuvo, solía guardarla en la cocina y los hijos que jugaban con las pimpinas de combustible se incineraron meses después en la explosión). Todos tenían eso en común: que soñaban con poco, porque las fronteras de su mundo se habían reducido, y los hacía feliz algo que a otros parece pueril.

Sin embargo, si hay un concepto difícil de establecer para un acuerdo es el de pobreza. Lo que entiende el Banco Mundial con su línea de dólares diarios por familia no concuerda con las necesidades básicas insatisfechas de la gente en África y América Latina y Asia y las calles de Tucson donde hay un mendigo que va  a leer a la biblioteca de la universidad de Arizona, descalzo. Los indicadores de la pobreza en Colombia, por ejemplo, han decretado que quien tiene electrodomésticos en su vivienda (aunque la casa sea prestada, aunque la nevera esté vacía, aunque no haya agua potable) es menos pobre que el indigente basuriego. En Cuba la pobreza de los cubanos se explica por el bloqueo económico de los Estados Unidos, pero el gobierno elude que el capital cultural cubano no concuerde con las penurias de su población (la mayoría son profesionales subempleados con salarios de hambre.) La organización de la mendicidad en el mundo es diagnosticada casi siempre por cómodos dictadores de estadísticas que pasan por alto las carencias de los que están condenados a ser explotados de por vida, los esclavos del progreso que deben ser felices mientras la industria del mundo los pulveriza para que la economía siga pujante; pasan por alto a los damnificados de los convenios internacionales de comercio y a los proscritos de la comedia de la democracia económica. Los años 90s para Cuba son conocidos por un eufemismo acuñado por Fidel Castro para volver episódica una crisis de hambruna y pauperización debida a la caída del bloque soviético: Periodo especial. El recuerdo que tiene el mundo desinformado del "periodo especial" es solo mediático: el vago recuerdo de las diáspora en balsas que partían de Miramar a media noche para aventurarse por el estrecho de La Florida con la desagradable explotación del caso Elián González tomado como emblema por los dos contendores, la publicación de Antes que anochezca y la reseña de Vargas Llosa, la película ¿Quién diablos es Juliette? de Carlos Marcovich que narra en clave de ficción la documentada vida de una jinetera que no recuerda con cuántos extranjeros se ha acostado para ayudar con los gastos de su casa después del suicidio de su madre. Adiós a las almas de Jorge Alberto Aguiar Díaz es un libro de cuentos breves que fue publicado en 2002 y, según narra la leyenda, dicha edición fue secuestrada poco después de distribuirse en la feria de La Habana. De los cinco relatos, uno está dedicado a la vida en la diáspora cubana, otro a las jineteras, otro a los balseros que se van y a los que se quedan, otro a una bailarina que toma como solución de sus penurias el suicidio, otro a la sordidez y el mercado negro y carnal de la Noche Habanera. Estos cinco relatos ambientados en los años noventas, en medio del Periodo Especial, registran el ambiente de desesperación estomacal y crematística de la época, el abismo generacional que media entre los cubanos hijos de la revolución y los nacidos en medio de la hambruna, la picaresca de la prostitución, la migración de intelectuales al sector del turismo y el mercado negro de drogas (los únicos que permitían aumentar los ingresos de las familias) y el inframundo de la mendicidad no aceptada por el régimen. Por aquel paisaje, narrado con un realismo descarnado, se mueve JAAD, alter ego del autor, para mostrar las tensiones sociales, las rebeliones silenciosas, la mirada crítica de los que se niegan a oír el deber patriótico y la retórica de la legalidad en medio de los rugidos del hambre.

La buena fortuna no coincide siempre con los deseos de las personas. Hay medios milagros, como el hecho de tener el talento para escribir un libro de cuentos extraordinario y pasar la vida como un autor apócrifo. Jorge Aguiar Díaz dejó Cuba hace algunos años, pero la ironía del mundo financiero lo llevó a corroborar la explotación y la penuria en la industria atascada y la mano de obra europea. Henry Mencken, cazador de paradojas, jerarquizó la pobreza y la mentalidad del esclavo en dos categorías: los esclavos sin atenuantes son los que pasan la vida en actividades que no tienen sentido y los esclavos libres (artistas et al) son los que se ganan la vida sin estar sometidos a regímenes ni patronatos. Quería decir que los artistas nunca son pobres y siempre son libres y que solo la precariedad material del ser humano puede ser el patrón de medición de la pobreza, no sus capacidades o inteligencia. Hay otro tipo de precariedad que tiene que ver con la muerte del pensamiento crítico, de la curiosidad y del impulso de inventar (a lo que lleva la pauperización material de la vida). Los cuentos de Jorge Aguiar Díaz pertenecen a la crítica de la cultura, el hedonismo y el realismo descarnado: una prosa que no puede permanecer impasible ante el abuso que ejerce una parte privilegiada de la humanidad sobre la humanidad. Es una prosa de frases cortas, hirientes y combativas, que marcan una línea narrativa solo interrumpida por diálogos teñidos de giros cubanos. Los cuentos no soslayan los temas sexuales y el dolor ajeno y la alusión política, con un desparpajo que puede chocar pero que recuerda que una forma de catalizar el infortunio es el poder ansiolítico del humor negro, y del sexo. El autor es un heredero directo del mejor Miller, Bukowski y de Hemingway, es decir de los esquemas clásicos  del relato del siglo XX: una línea narrativa (inicio, nudo, desenlace) usualmente reducida a una única escena con diálogos que esconden el conflicto para provocar múltiples significados transversales. Los temas son apuestas por la resistencia del individuo ante las vicisitudes  puesto que si ni siquiera tienes derecho al amor, si te dan educación pero te han negado una forma de ganarte la vida, si hasta las mujeres son del gobierno, o si te llaman privilegiado por tener un trabajo aunque te exploten, sólo te salvará el pensamiento y el sueño.

Adiós a las almas, Jorge Aguiar Díaz, Editorial Letras Cubanas, 2002

Imagen: ¿Quién diablos es Juliette? de Carlos Marcovich.

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