Un juego infinito de frases inconcluso

Meditaciones sobre Enrique Vila-Matas, ganador del premio FIL de Literatura y Lenguas Romances en México.

Por Juan Pablo Plata

Una vez vi a un escritor vampiro caminando por Cartagena de Indias. El espectro llevaba un real e invisible blazer rojo y era de día y de noche al mismo tiempo. Pero en realidad solo era de noche en el espacio de su deambular. No era de noche, pero la noche era proyectada sobre él como cuando un foco de luz ilumina a un actor o un cantante en una tarima.
Thomas Pynchon ha puesto como epígrafe de su novela Contraluz -Against the day- la siguiente frase de Thelonious Sphere Monk: “Siempre es de noche o no necesitaríamos la luz. ”

Dice Dorothy Parker que fue expulsada de una escuela religiosa por decir: “La inmaculada concepción fue una espontánea combustión.”

Pero volvamos al escritor en el caribe, a quien lo alumbraba la oscuridad en la ancha tarima extendida de las calles y andenes por donde iba avistando palmeras y  mansiones de muchos siglos atrás, rejuvenecidas por sus millonarios propietarios actuales. Recuerdo que logré verlo porque lo perseguía para sacar de su mente y experiencia, a través de su boca, los secretos sobre la vida, la literatura y, sobre todo, de las mujeres.  Sobre todo, esto último.  Desde el taxi grité su apellido (¡Vila-Matas!) para ver si frenaba su recorrido y podía hablarle. No hubo oportunidad de hablarle porque enseguida entró por una puerta blanca de madera a un centro cultural por donde la noche lo siguió iluminando.
Al día siguiente lo pude ver de nuevo dando una charla en un festival literario donde leyó el poema Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra  de Fernando Pessoa frente a Oscar Collazos, su interlocutor, y ya por ello, me pareció, que no tenía nada que preguntarle sobre la vida. Quedaba faltando la literatura y las mujeres.

Han pasado los años y todavía leo sus columnas, libros y declaraciones. En ese mismo festival lo entrevisté, en otro año, junto al escritor cartagenero Orlando Echeverri Benedetti, quien sacó la entrevista en el diario El Universal sin darme el crédito. No me molestó la avionada,  antes me hizo reír y yo hice lo mismo -no darle el crédito- sacando la entrevista en un blog en el diario El Tiempo. Pero lo que interesa es haberle hecho esta y otras preguntas: El escritor colombiano Gonzalo Arango dijo alguna vez: “Pertenezco más a la vida que a la literatura. A la hora del juicio final me gustaría más encontrarme con las mujeres que amé que con los libros. ” ¿Qué le dice la frase, señor Vila-Matas?

Vila-Matas es reconocido por inventar citas literarias, de poner también frases suyas como si fueran de otros autores y viceversa. Pero sobresale no solo por esto, sino también por su constante juego literario y su actitud vanguardista y paradójica que mira siempre a lo mejor del pasado en las letras y el arte en general.

Ya no presiento las apócrifas citas de otros autores y vampiros con las que Vila-Matas resuelve a veces las más variadas cuestiones  y párrafos de sus excelsas creaciones,  pues sé también que algunas de las frases son suyas y otras oraciones son de todos.

El semestre pasado cruzamos unos mensajes por correo electrónico porque Marla Molina leyó Aire de Dylan de Vila-Matas. Yo no había leído ese libro completo pero al hacerlo encontré la solución al asunto de las mujeres y la vida en dos páginas consecutivas.

Le escribí al escritor y vampiro enamorado: la razón de este mensaje es la variación o mezcla que hizo mi amiga Marla Molina con dos frases que aparecen en su libro Aire de Dylan casi una al lado de la otra:

1. “Cuando oscure, siempre necesitamos a alguien.”

(Expresión atribuida a Francis Scott Fitzgerald e investigada por los personajes de Aire de Dylan)


2. “Las mujeres son como la ayahusca. ”

Las propuestas de ella eran:

“Cuando oscurece, siempre necesitamos ayahuasca.”

 “Cuando oscurece también podríamos necesitar ayahuasca.”


En el cruce de mensajes Vila-Matas respondió:

“No oscurece si las mujeres llegan con la ayahuasca.”

Y cerró el correo electrónico diciendo:

(Estimado Juan Pablo: por lo que observo, se trata de un juego infinito. Una gran broma, que diría David Ayahusco Wallace)

En realidad hablar y escribir es una broma infinita -Infinite Jest- como el título de la novela de David Foster Wallace y este texto que ya termina. Conversar, borronear,  citar o no citar y publicar a otros sin mencionarlos o sí, pero modificando sus frases, no es otra cosa que lo que los hombres llevan haciendo a otros desde siempre, desde la primera palabra y línea escrita: burlarse de otros en serio sin que lo noten y sin parar nunca.

Si siempre hay noche, siempre necesitamos a alguien y ayahuasca porque siempre está oscuro. Sobreviene para acabar, presentar la duda de si todo en esta vida no es más que una juiciosa tergiversación y un enredo de frases para ser felices y lograr nuestros propósitos, como hacer del día noche, así no lo sea. Como se ve, el juego no fue infinito, porque Vila-Matas paró en seco, pero seguro en este momento prueba otra combinación de esa frase de la ayahuasca u otra sin contárnoslo.
Pura concepción de combustión espontánea verbal.

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