TEXTOS BASTARDOS DE BETTER

Hago mi debut en esta nueva etapa de la revista Corònica con un texto bastardo llamado Labius Bar. En esta nuevo espacio tendrán la oportunidad de leer textos de mi autora que irán desde versos de esquela maricoide hasta poemas y bastarcrònicas donde mis personajes màs betterianos tendràn cabida. Inicio con Labiu bar, un homenaje a ese barsucho gay que todos conocimos en Barranquilla con el nombre de Palitroqueo, Palito o simplemente "El Pali". !Bienvenidos, mis bastardos!
                                                           

                                                                           Labius Bar


De ir caminando cualquier madrugada por los alrededores del barrio en el que vive, convencida  de que nada logrará entrometerse en su camino de regreso a casa, de repente el guiño de un insecto de neón o más bien el titilar de ese pequeño anuncio fluorescente  logra atraerla hasta sus redes con la promesa del “All Night long” de Lionel Richie sonando desde su oscuro interior,  entonces decide una vez más entrar a ese antro de mala, mala, mala, mala muerte que es el Labius Bar. Aquel localito que se levantó hace casi 20 años en pleno centro de la ciudad y que aún sigue siendo igual de caluroso, igual de reducido, pero igual de barato que hace veinte años.

Al entrar a la primera que ve en un rincón con su largo Pall Mall encendido viciando la atmosfera es a la Karolain ¿Y cómo no verla con ese cuerpo de luchadora de sumo? Ahí está en el rincón de la barra del que no se mueve para nada. Allí sola y  apretujada la chica Buda travesti, triste niña gorda sin su paleta sacando de su diminuto bolso de cuerina blanca la brocha o el pincel con el que trata de reparar su descompuesto semblante.
-Hola Karolain
-Hola Patty Monster,  dice la gorda.
Es inútil, todos lucen patéticos a esa hora tratando de tragarse lo que queda de la noche en esta discoteca sarcófago, vampiros que comparten románticamente su sangre contaminada.
-¿Quieres un pase Patty?
-No, estoy hasta las tetas.
-¿Seguro que no quieres?
-Te dije que no Karolain, además yo ando con  lo mío.
-Dame  un pase a mí, dice un zombie a quien llaman la Betty Sulfuro.
-Nada de eso, vaya y evolucione mija, qué dijo el marica?

Debes confesarlo Patty, te has vuelta mezquina, hipócrita y degenerada con los años,  eres un peligro para esta ciudad, al igual que ese chico que está parado junto al baño y que te mira. ¿Lo ves? ¡Qué vas a ver! Si tienes la nariz enterrada en una autopista de perico, pero te cuento, es bello y malvado, solo dale una oportunidad y lo tendrás rociándole gasolina a tu cama.
All night long vuelve a sonar, pero cada vez la noche es menos larga, y el bar espira sus últimos fuegos. Cada vez más la noche pierde peso, gramos de su negrura de sombras. Todos se buscan en los bolsillos, todos hemos perdido algo esta noche, dinero, números de teléfono, llaves.

Un travesti borracho se tambalea, eres tú tratando de hallar el brillo falso de un pendiente entre las colillas de cigarros y escupitajos del suelo. Alguien ha visto un reloj, dices, pero nadie te escucha a pesar de que quieres con tus gritos llamar la atención: ¡Es un reloj azul con unos delfines dentro! Insistes de un lado al otro como si hubieses perdido la más valiosa de las joyas.


Por fin el maldito All night long termina y Madonna suena a todo timbal, pero no la Madonna de los últimos años, la espiritual y ama de casa, aquí todavía se conserva la más clásica de todas, la que escuchabas en esos casetes de 60 que la grabadora de tu madre masacraba con sus dientes metálicos, esa misma que está allí en el afiche de al fondo con su corsé dorado y sus tetas de cono. Entonces suena tu canción.  Vogue hace que los años noventa vuelvan por breves minutos al Labius Bar que es como una máquina del tiempo descompuesta, a donde arriban cada sábado los más bizarros personajes. El Labius bar y su decoración de pacotilla, su clientela de pacotilla entre la que me cuento, como las pocas monedas que me gasto en un par de cervezas y un cigarrillo barato, el que me voy fumando a medida que me alejo del eco amortiguado del Labius Bar, ya nos veremos otra vez Patty.


-¡Ey espera ahí! Es el chico del bar.
-¿Yo?
-Si tú. Me dice y sonríe
-¿Y qué quieres hacer? Le pregunto
-No sé, lo que tú digas, pero ya sabes cómo es la vuelta.
-Pero no traigo dinero encima, solo este reloj, mira qué lindo, con delfines nadando en su interior, se le vería muy lindo a tu novia, ¿Tienes novia?
-Bueno yo…


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