Por ALBERTO BEJARANO

Biblioteca personal (#1)


Una Biblioteca personal, cultivada a lo largo de los años, de mudanzas, rutinas, proyectos, revoluciones, desencuentros, es una especie de autorretrato.

Acostumbro a conservar un registro visual de mi Biblioteca personal, fiel testigo de sensaciones, silencios y resonancias de la vida. A lo largo de los años las fotos se han ido convirtiendo en postales más o menos pasajeras de mis lecturas y visiones.

Los libros que uno carga a cuestas, subrayados, manchados (de tinta, de fragancias, de olvidos), nos definen más allá de lo que imaginamos. Y no hablo solo de su contenido, sino de su relieve y de su lugar en un estante. La materialidad de la lectura compone un ritmo vital. ¿Por qué un libro está al lado del otro? No siempre corresponde a una decisión conciente. A veces son azares, lapsus, impulsos repentinos, deberes de limpieza. Se trata de mapas imaginarios que nos brindan coordenadas sobre nuestras inquietudes existenciales. Quisiera citar una anécdota. La vivió años atrás en París, mi maestro en Filosofía. Eran unas vacaciones de verano y contrató a una señora para que limpiara su extensa Biblioteca (compuesta por más de 5000 libros), rigurosamente organizada alfabéticamente por temáticas y autores. Al volver en Septiembre, -yo iba con él- casi sufre un colapso al encontrarse con su Biblioteca clasificada según los colores de...la bandera de Francia: Azul, rojo y blanco. La escena era completamente carnavalesca. El disgusto le duró una semana, luego de la cual empezó a experimentar una sensación inesperada. Recuperar libros olvidados y descubrir algunos nunca vistos le dio un giro a su vida, incluyendo sus cursos, escritos e ideas. Con el tiempo la bandera fue deshaciéndose, pero su Biblioteca tampoco retomó la rigidez original.

Otros ordenes, otras percepciones. Pensar es clasificar decía Georges Perec.

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