Por Jose Hoyos

El Pilot


Ya sabemos que el Pilot Hi-Tecpoint V7 Fine es un lapicero de lujo. El nombre hace pensar en un modelo de avión no tripulado de última tecnología, o en un código de lanzamiento de misiles encriptado en un adminículo de aspecto común y que solo los espías mejor calificados pueden descifrar. Pues resulta que es un lapicero en apariencia normal que debido al espesor y calidad de su tinta han decidido bautizar con un nombre por demás original. Está hecho a base de una aleación de resina y xileno. La tinta contiene ácido tánico y una glucosa especial extraída del Shorea Costulata, un árbol exótico de las tierras altas del oeste asiático. Es todo lo que se sabe de su composición porque el fabricante —una trasnacional investigada por evasión y daños ambientales llamada Pen Corporation— mantiene la fórmula de la tinta en el más absoluto secreto. El fabricante garantiza que el Pilot escribe como los ángeles. La publicidad dice que se desliza sobre el papel como si tuviera patines. Incluso cuando quien lo está utilizando (que en adelante llamaremos manejador) tiene alguna duda para calificar un sustantivo, el Pilot saca una pequeña banderita donde hay una serie de adjetivos brillantísimos. La activación de este mecanismo se produce una vez superados los cien mil intentos. El fabricante instaló un sistema sensorial para que la banderita no aparezca cuando el sustantivo sea tan sustancioso que se baste a sí mismo.

El Pilot está provisto de un pequeño péndulo interior que cumple funciones de contrapeso: se dirige en sentido contrario al movimiento de la mano, la fuerza que ejerce contraría por completo el sentido izquierda-derecha de la escritura tradicional de occidente. Este aparente desperfecto logra corregirse cuando la mano del manejador es lo suficientemente potente y voluntariosa para imprimir una fuerza aún mayor. Se dice que no es tanto un desperfecto como una prueba de iniciación. El Pilot es de gran utilidad para inicios de novelas o finales de cuentos, porque enciende una lucecita verde cuando considera aprobada la originalidad de ese inicio o final. Contiene un minúsculo dispositivo automático que se activa 72 días después de verse suspendido en el aire frente a una hoja en blanco. Entonces desciende, se apoya al inicio de la página, y desliza una o dos frases de buena factura para que sirvan de punto de arranque. Frases del tipo “Ayer por la mañana descubrí la heroína”, o “Lo que nos atrajo de la casa fue la violencia de un vaso que se rompió en la oscuridad”, o “Cayó abatido después de descubrir con horror que había triunfado.” Cuando el manejador deja sentir en la mano un temblor como de sismógrafo, el Pilot reconoce ese síntoma y se pone alerta, hasta que llegue la segunda y definitiva señal: un sudor frio. Entonces el Pilot deja ver una cinta diminuta donde están escritas las instrucciones con las que el manejador puede procurarse el almuerzo. La cinta aparece muy, muy pocas veces. No conviene abusar de este recurso. La cantidad de funciones del Pilot sin duda irá asombrando cada vez más al manejador ya que cuando lo adquirió, el fabricante no le entregó ningún manual ni le habló de instrucciones, apenas se limitó a hacerle firmar la cláusula de rigor compuesta solo por dos ítems: 1) El manejador acepta usar el Pilot desde un lugar estético que también sea un territorio de compromiso existencial. 2) El manejador pasa a formar parte de un grupo que jamás estará constituido por más de una persona.

Además del sensor de fuerza capaz de determinar la potencia de la mano que lo empuña (sorprende la cantidad de manos que no pasan la prueba), el Pilot cuenta con un diminuto pero complejo sistema de avanzada. En eso reside su singularidad, en que está dotado de instrumentos de percepción similares a los robots de las líneas de producción, y procede con base en algo muy parecido al criterio propio. Gracias a un instrumento altamente sensible, detecta cuándo el manejador pasa más de nueve horas sin moverse de la silla, es ahí cuando empieza a deslizarse con total facilidad sobre el papel, y es el Pilot quien establece el rumbo del texto. Pero no todas las funciones son amigables. Cuando el Pilot comprueba que la mano del manejador va más rápido de lo recomendado (veinte centímetros por hora), como queriendo llenar o parecer algo, detiene de inmediato el flujo de tinta y cierra su depósito por 48 semanas. Se ha sabido de casos en los que jamás volvió a dejar fluir la tinta. Si es empuñado por una mano fría, el Pilot reduce su temperatura en cuestión de segundos hasta volverse casi un témpano de hielo imposible de sostener. Pero si la mano pasa la prueba de calor, el Pilot se le adhiere de forma casi natural y es entonces cuando demuestra toda su eficacia. Si detecta que el manejador lo está usando como medio y no como fin, bloquea de nuevo el paso de tinta, pues viene estrictamente dosificada y debido a su calidad el Pilot no permite que se malgaste o se utilice con fines rentistas. Los usos indebidos son frecuentes en muchos manejadores. El Pilot prefiere evitarlos. Se ajusta mejor a esos que pasan días y días bajo el control de un diablo. A los que siguen un plan simple: no deberse. Despliega todo su potencial solo en manos de manejadores de garganta chuzada que, por eso mismo, cuentan con una amplía cavidad interior y con puños como brasas de carbón.

Hay quienes aseguran que alcanzar la plena comunión con el Pilot puede llevar décadas. Cuando el manejador, ya elegantemente inseguro, se ha ganado entera su simpatía, el Pilot incrementa el rendimiento de forma exponencial y hace uso de depósitos alternos de una tinta diferente y escasa, la Premium. Eso lo determina a través del historial de calor que registran sus censores. Factores como el temple, fatigas, reincidencias y mordeduras lanzadas y recibidas también son registrados y tenidos en cuenta en ese historial. Cuando el andar barajando dos o tres mil formas diferentes de contar algo haya hecho adelgazar al manejador, entonces las ayudas empiezan a hacerse más concretas. Si durante esta etapa el manejador decide empezar un cuento con la frase: “Era un hermoso día de finales de abril”, el Pilot interviene por su cuenta y añade: “si aún hoy importan esas cosas.” Si durante el desarrollo escribe: “La mesa estaba limpia y organizada”, él completa: “todos somos raros.” En un diálogo al manejador le da por hacer decir a un personaje: “Sí, escuché la radio, informaron sobre el tráfico de hoy en la ciudad”, entonces el Pilot aporta la contestación: “¿Informe?, hubiera sido más preciso un parte de guerra.” Al manejador se le ocurre escribir: “El Imperio Romano era ciego y ambicioso”, y el Pilot correrá a rectificar: “El Imperio Romano se fue haciendo menos romano a medida que se fue haciendo más imperio.” El manejador escribe: “Muchachas empeñadas en mostrarse virginales”, y el Pilot lo arregla: “Muchachas tratando de ser púdicas a dos manos.” Digamos que cerca del final el manejador pone: “Hay días en que todo sale bien”, entonces el Pilot no dudará en agregar: “no hay que asustarse, esas cosas pasan.”

Para adquirir un Pilot hay que dirigirse al único lugar donde se vende y pagar un precio elevadísimo. Allí el fabricante ubica estratégicamente una serie de cámaras para determinar a qué candidatos se les permitirá tenerlo. ¿A quiénes no se les vende el Pilot? A quienes van vestidos de extraterrestres. Para adquirirlo basta con ir vestido de uno mismo. Aunque por lo bajo se habla de ciertas excepciones: se ha sabido de personas que no están a gusto con su propia piel (por tanto, sería imposible que reconocieran alguna ropa como suya) y por eso se les ha permitido adquirirlo. Hace poco, una denuncia anónima puso al descubierto un fraude perpetrado hace ya tiempo por el fabricante: mediante seguimientos y métodos varios de investigación se detectó una cantidad cada vez más creciente de reformadores profesionales, figurantes mediáticos, burócratas culturales y teóricos de las artes que aspiraban conseguir un Pilot. Entonces el fabricante produjo y puso en el mercado negro un lote de Pilots piratas tan parecidos al original que muchos de esos aspirantes, sino todos, se hicieron con uno y hasta hoy siguen creyéndolo original.

Una peculiaridad en su funcionamiento es que cuando el manejador se dispone a escribir la palabra “solo”, el Pilot suspende el suministro de tinta apenas terminada la primera letra. Se debe a que su sistema le ordena que para exponer con absoluto rigor ese estado, esa palabra es muy grande, con una letra basta. Tiene algo que ver con aquello de que cuando los censores del Pilot detectan la concurrencia del manejador en círculos culturales o camarillas de farsantes, decide suprimir las ayudas y cambiar de tinta, en adelante seguirá utilizando una de tipo soluble y volátil almacenada en grandes cantidades que a simple vista no se diferencia en nada de la Premium. La diferencia aparece con el tiempo. La glucosa especial de la tinta Premium del Pilot revela un brillo único, deslumbrante y resistente a los siglos, solo cuando el manejador cumpla con el requisito principal: tener encima sus buenas paladas de tierra.

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