Por Jose Hoyos

Piso 50


Un hombre cae involuntariamente desde el piso 50 de un edificio, y mientras atraviesa el vértigo de la caída, mientras va dejando atrás cada piso, se repite: “Hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien” …

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Un hombre nace heredero de una gran fortuna. Es joven y apuesto, se dedica a vivir al límite, le gustan las mujeres, el vino, los placeres, no valora a las personas, es superficial y engreído. Sus matrimonios se destruyen, malgasta su fortuna, se entrega a la bebida y al juego, se ve envuelto en delitos, y de pronto un vacío existencial empieza a consumirlo, nada le satisface, en el alma se le abre un hueco del tamaño de la vida. Se descubre solo, desdichado y vacío, entonces decide quitarse la vida. Sube a la terraza del piso 50 de un edificio y cuando está por saltar, Dios le habla: “¿Qué pasa contigo? Eres un cobarde. Todo lo que te di lo malgastaste, eres una vergüenza. Empezarás de nuevo, anda, pero esta vez harás las cosas bien.” El hombre decide empezar una nueva vida.  Trabaja, es ahorrativo y honesto, es prudente y valora a las personas, se casa y forma una familia, es humilde y cauto, es un hombre bueno, nunca hace nada mal. Pero llega un día en el que descubre que está tan solo y desdichado y vacío como la vez anterior, o tal vez peor, y nada lo alivia. Sube al piso 50 del edificio, y cuando está por saltar, Dios le habla: “No hay nada qué hacer, eres un caso perdido, salta”.

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