JUAN PABLO PLATA

Breve introducción a Jacobo Silverado. Texto leído en la presentación del libro Arqueo de los días. Entrevista vieja.

lunes, mayo 14, 2018Silver Editions



 @jppescribe

Texto leído en la presentación del libro Arqueo de los días. En Bogotá, 3 de abril de 2018. Librería Ibáñez.


Nací el 15 de marzo en Bogotá, en la clínica de maternidad David Restrepo, en Chapinero y pasé aquí hasta los cuatro años en el hermoso barrio La Esmeralda donde el portero afrocolombiano del edifico, de apellido Villegas, me mostró el arte de entretener contando historias y a tolerar a los otros, en especial a los niños. En la década de 1980, con los mismos cuatro años, fui enviado a vivir con Pablo Emilio Figueroa y María Olga Urriago a Garzón, Huila. Pablo, alias Minino, se ganó dos veces la lotería, la invirtió y la despilfarró e hizo muy feliz a mi abuela. Tuvieron ocho hijos y uno de ellos fue Martha Figueroa Urriago, mi madre. Cuando me enviaron allá, tuve la fortuna de hallar el paraiso borgiano en el cierre y en los saldos domésticos de la librería familiar Central de Publicaciones y en el ambiente semi rural donde hoy se produce el mejor café del mundo, el mismo que vende Hugh Jackman (El que hace de lobezno en el cine) empacado y ofrecido en sus cafeterias en Estados Unidos bajo la marca Laughing man.

Cuando regresé a Bogotá a hacer el bachillerato ya sufría del Mal de Montano y mi vocación por las letras estaba definida. En los años de universidad y primeros trabajos conocí y frecuente con asiduidad a mis dos padrinos literarios: R. H. Moreno Durán y Germán Espinosa. También tuve la fortuna de conocer a los escritores Sebastián Pineda Buitrago, Rubén Varona, Larry Mejía, Juan Pablo Chaves, Pablo Estrada, Johann Rodríguez-Bravo, Ios Fernández, Nicolás Suescún, Ricardo Abdhalla, Fernando Denis, Andrés Ospina, en otros. Ahora busco conocerme a mí mismo, por medio de una ficción novelesca llamada Puntera, donde soy Jacobo Silverado, en un livre a clef.
Todo lo anterior sirve para decirles que amo el periodismo y la literatura, y que a ratos creo que son lo mismo porque en un sueño calderoneano vivimos. Quiero mucho a la humanidad en general, pero guardo en el corazón un especial afecto por algunos de los aquí presentes y otros que por nada podrían estar ya presentes. Quiero agradecer a la vida y a mis antenpasados por signarme para ser un enfermo del Mal de Boswell y por poder dedicarme a editar, leer, escribir y marchar arte, esto es, hallar la felicidad y practicarla, según dejó dicho Aristóteles que era el sentido de la vida. Mi personaje favorito de la literatura es Lucien de Rubempré de Ilusiones perdidas, uno de los protagonistas fracasados y tristes de esta inolvidable novela de Honoré de Balzac.

Gracias a la familia Ibáñez (En especial a Gustavo) y a todos los empleados de Uniediciones – Grupo Editorial Ibáñez. También los quiero mucho.

Entrevista vieja a Juan Pablo Plata.

Revista Bakanica. Colombia. 

Por Jorge Andrade Blanco.


-Usted dice estar enfermo del Mal de Montano (Definido por Vila-Matas) y del mal de Boswell. ¿En qué consisten estos males? ¿Por qué los padece? ¿Tienen cura? 

Sufro ambos males con la misma satisfacción de una venérea. El Mal de Montano es la imposibilidad de ver o pensar las cosas de la vida en ausencia de la literatura. No tengo otras referencias casi en las conversaciones y casi en todos los momentos, estoy mal. La consigna de los enfermos Montano es ir “lanza en ristre contra los enemigos de lo literario”. El otro mal-Boswell- es una distorsión anímica y metabólica causada por el excesivo consumo de ficción. Duermo o me alimento o dejo de hacerlo, por ejemplo, porque los personajes ya han dormido o van recién a cenar. El mal debe su nombre a James Boswell, crítico literario y biógrafo de Samuel Johnson, el primer hombre en padecerlo. 

-Usted se ganó tres importantes concursos de periodismo mas nunca estudio para ello. ¿Cómo lo logró? 

Trabajando duro, aplicando a las convocatorias y siendo seleccionado por los jurados. No creo que la formación en la academia garantice la obtención de premios. Cualquiera con unas buenas cuartillas, lo publican y después gana un premio sin si quiera haber pisado una facultad de periodismo o estrechado la mano de José Salgar. 

¿Es necesario estudiar periodismo para ejercer? 

No. Debería haber al menos una formación con lecturas y manuales de periodismo. Pasa que la academia avala unos conocimientos y pues eso le da un respaldo al contratante de un periodista. 

Según su opinion, ¿en qué consiste la relación entre literatura y periodismo? 

Es una relación con la ficción y la realidad en un combate sin cesar. En ese combate y en ciertos géneros –crónica, gonzo, perfil, novela- en algunas ocasiones hay una cuota mayor de lo inventado o de lo factual, eso es todo, sin tanto enredo o discusión bizantina sobre si un texto es literatura o periodismo o loquerismo. Me interesa más el resultado y la mezcla y no el nombre que recibe esto. 

 En la actualidad se encuentra escribiendo una novela a propósito del mundillo literario colombiano. ¿Por qué escogió esa temática y no otra? 

Para hacer canon literario y combatir a los enemigos de la literatura desde un libro; para contar las historias detrás de los libreros, las revistas, los escritores, los poetastros, los editores colombianos, entre otros. No quiero contar la historia fácil y coyuntural del último magnicidio o escándalo político en compañía del narcotraficante aprehendido de turno. 

¿Qué opina acerca de dicho mundillo literario? 

Es nauseabundo o encantador según la temporada de fracasos o triunfos de cada quien. Lo peor de un mundillo es no estar en él. 

 -Cuéntenos acerca de su experiencia como editor en la revista La Movida Literaria. 

Me la he pasado asimilando todo el tiempo. Me divierto mucho también. He podido publicar textos y autores con el entusiasmo del alegre fornicio, sin hacer daño a nadie. 

-Su libro Señales de ruta ha sido muy bien recibido en un mercado editorial que ya no publica libros de cuento ¿Cuál fue el secreto? 

No hay fórmula para pegar un libro en el mercado. Si el libro ha tenido buena acogida es por la calidad de los textos y la limpia selección de los autores.

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