John Better

La Loba: El último eslabón del show travesti

sábado, junio 30, 2018John Better



  

                La Loba, foto de Alfredo González, Concepto , Leo Castillo.


Si le bajáramos el volumen a la música en este momento,  posiblemente arrumaríamos un muy esperado show de fonomímica travesti.  Un publicitado regreso a los escenarios de uno de los iconos gays más queridos de esta ciudad.

El hecho ocurre  en un bar club llamado La Roma,  ubicado al sur de Barranquilla.

Siguiendo con este ejercicio de la imaginación,  a la artista en escena no le afectaría tal cosa,   y nos brindaría un espectáculo de plástica corporal único, prescindiendo de la melódica,  I have nothing, la canción de Whitney Houston que ha escogido para iniciar su show.

Pero mejor  dejemos la música sonar:   la chica en el escenario está entregada   a su papel de diva de la canción.

Sus gestos y movimientos van de lo sutil a lo dramático, por un instante, parece  a punto de llorar  cuando en su mímica simula  alguna nota aguda de la cantante afroamericana; otras veces, se desliza por el escenario como un animal de fino pelaje, cauteloso y enigmático.

A  falta de una voz real  (la de Whitney marca el rumbo de su performance)  las manos son su lenguaje, las mueve con destreza, como  arañas que parecen destejer la cortina de humo que una máquina riega sobre el escenario. El Público aplaude, gritan a coro: ¡Loba, Loba!

En 1985 Valeria Lynch , la platinada cantante argentina , capturaba la atención del continente con su tema “Como una Loba”,  canción que después popularizaría en su versión salsa, la dominicana  Milagros Hernández.   En  aquel entonces, Víctor Ladrón De Guevara  era un jovencito de 14 años con una vida familiar tranquila, un sencillo  estudiante de bachillerato  en el colegio Inem de Soledad (Atlántico). Llevaba una vida  sin urgencias entre la escuela, y el hogar que compartía junto a sus padres y hermanos en el Barrio San José. Pero Víctor sabía que no era como el resto de los chicos, soñaba con ser otro, o mejor dicho: otra; pero todavía faltaba mucho para la gran  metamovrfosis, “La Loba” era  apenas  un aullido en la lejanìa, un deseo, una delicada zarpa    que 

arañaba su interior cuando la canción de Valeria Lynch sonaba en algún píck up  cercano:

Como una loba, caminando mal herida/tratando de ubicarse en la región /traicionada, por su olfato a la deriva /así me siento yo, si me falta tu amor.



El cabaret extinto

El show transformista o travesti,  como se le  quiera catalogar, ha sido una escuela, un escenario donde se ha escrito la  historia gay de la ciudad; historia redactada  a punta de taconeos, vestidos formidables, pelucas de todos los  estilos, maquillaje  de fantasía y cientos de canciones que han narrado durante décadas esa vida nocturna y clandestina que siempre fue censurada y que poco tenía espacio en la vida social  de la Barranquilla de treinta  años atrás.

Digo escuela, porque en las décadas de los ochenta y noventa, el asunto era tomado muy en serio por quienes practicaban el arte del doblaje musical. Los dueños de los bares de esa época invertían dinero en el montaje de los espectáculos. Se cuidaba el vestuario y la coreografía como si se tratara de un Folies Bergère  local que brindaba no solo a  los gais sino a gente del común,  la oportunidad de presenciar números musicales dignos de ser aplaudidos hasta el cansancio.

Pero fueron los años  noventa la edad de oro  para el arte del transformismo en Barranquilla. Los grandes nombres empezaban a escribirse con letras doradas en  la marquesina: Lorena “John” Pantoja,  hacía las mejores interpretaciones  de Madonna de las que se tengan noticias hasta hoy. La “Grace Jones”  se trepaba en las mesas del bar de turno  y se bañaba en cubos de hielo mientras rumbeaba su pop negro,  La Pili era Rocío Durcal, Grace de Caro, una noche era Paulina Rubio, y a la otra, Selena. Caroline Dayanna Locastí se convertía en Lucía Méndez . Todo era un universo posible en el ambiente de los bares. Las  divas se sometían a estrictos ensayos, dietas fast,   y tediosas sesiones de maquillaje que se demoraban dependiendo del rostro a intervenir.

Por entonces, el cuerpo  transgénero no estaba tan intervenido por la silicona, exceptuando las que habían regresado de Europa con un par de tetas al mejor estilo Dolly Parton. Eran tiempos de cinta, esparadrapo,  lentillas de contacto, rellenos de espuma con los que se armaban “los cuerpos” femeninos. Ya con el vestuario encima, caderajes, bustos y derrieres saltaban a la vista seduciendo el ojo de quien miraba eclipsado  el más ficticio de los encantos. El travestismo era un número de magia  y más de uno en aquellos días pudo comprobarlo al ver aparecer un conejo  bajo las faldas de las inolvidables divas.


She Wolf


En 199, ya Víctor ladrón de Guevara había asumido su identidad homosexual, y su pasión por vestirse "como mujer" lo había llevado a la escena de algunas discotecas. El  curso de fono mímica lo había tomado en la intimidad de su cuarto durante años con un cepillo de pelo como micrófono, una toalla como pelo, y un espejo como único juez de su innegable carisma.

Baco,  fue otro bar que acogió estas manifestaciones, y ganarse el “Baco de oro” era algo así como el Oscar para quienes aspiraban a obtener un nombre dentro del competido mundo del show travesti. A Víctor, los nervios lo consumían  esa noche, por primera vez actuaría en “vivo”  y le tocarìa enfrentarse a algunas de las más nombradas “showsistas” de la ciudad. Tenía claro que esa noche interpretaría el tema “Como una Loba” de la Lynch, ignorando que esa misma noche de luna llena por mera casualidad, sería conocido en el medio como La Loba, su garra escénica quedaría imprenta a partir de esa competencia en aquellos que presenciaron su espectáculo.

A falta de un vestuario de diseñador-se rumoraba que muchos de los modelitos usados pro las divas había llevado puesto alguna miss Colombia en Cartagena- Víctor, salió al escenario con el traje de graduación de una de sus hermanas. La canción de Valeria Lynch empezó a sonar y  la transformación inició. Aunque de frágil apariencia (48 kilos), Víctor se adueñó de todo a su alrededor,  su gestualidad dejaba boquiabierto a todos mientras él/ella  parecía hacer trizas con su boca las estrofas de aquella canción memorable:

Como una loba aúllo por las noches encendida /para que sepas, que sigo estando sola en mi guarida /y si mañana, volvemos encontrarnos por la vida /finjamos que acabamos, recien de conocernos

Al finalizar la canción, Víctor Ladrón de Guevara intuyó que ya nunca más sería el mismo. Esa noche se ganó el primer premio, el anhelado  “Baco de oro”, como la Loba Luperca en la fundación de Roma, había empezado a moverse en inexplorados territorios y el díos del vino le había bautizado con  un nuevo nombre:Loba.

Con el transcurrir de los años, muchas bares se fueron a pique, la modernidad trajo otros modelos de vida gay menos extravagantes, el consumismo y la  imagen de macho musculado se impusieron más que nunca. Muchas transformistas emigraron a Europa, otras fueron arrasadas por el SIDA y  el resto sucumbieron  a  la prostitución y  las drogas,  quedaron viviendo en la indigencia sin importarle a nadie. Las luces de los reflectores se fueron apagando poco a poco, y el escenario se quedó vacío. Víctor, después de años de una vida agitada, se dedicó a su trabajo como  estilista y al cultivo del intelecto, es un apasionado lector y escribe poemas; es un sobreviviente de ese tiempo de lentejuelas que parece querer regresar como una luciérnaga de  estrás o swarovski perdida en la noche. Muchos grupos en Facebook han desempolvado todo un archivo nostálgico, fotografías y videos dan testimonio de ese mágico mundo  que muchos desconocen.  Hace poco, Víctor, sacó a La Loba de la guarida en la que hace muchos años la dejó hibernando, Su gran amiga , Dubys Yepes, otro icono de este movimiento, se encargó de maquillarle, dibujó con su paleta los rasgos todavía intactos de su personaje; Briana Carolina Locasti, su hermana del alma y compañera de trabajo, la peinó para su regreso.

Vamos aprisionados en un taxi, atravesando la ciudad de cabo a rabo para llegar hasta La Roma, el lugar donde Víctor  hará su tan esperado regreso. Bajamos  del auto, el lugar está a reventar, mucha gente de aquellos años ha venido a presenciar el emotivo espectáculo. Una puerta custodiada por soldados romanos  se abre, en un pestañeo  la Loba se pierde de mi vista atravesando  el denso   humo al interior de la discoteca.  Al rayar la media noche todos volverían a escuchar su inconfundible aullido: Ars longa, vita brevis.

Recomendadas

0 comentarios

RevistaCorónica se reserva el buen gusto de retirar del foro los mensajes que sean ofensivos

Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Suscribir