Humo, de Gabriela Alemán


Hay países que tienen equipos de fútbol que van a mundiales, pero que no sabes dónde están. Y puedes soñarte una noche que vas a una playa de ese país de vacaciones, aunque al amanecer comprendas que es una tierra sin mar. Un país delimitado por las haciendas de las misiones jesuitas, con un idioma nacional lleno de sonidos silvestres, sonidos aspirados, alveolares, nasales, inspirados en los cantos de los pájaros y los gritos de la noche. Países con guerras que desconoces, por territorios romboides poblados de ñandús y anegados de moscas. Países como Paraguay, digamos.

Salvo por el diario de Pedro Gómez Bajarrés, una suerte de Papini sudamericano, no había leído una novela paraguaya ni nada que se le pareciera hasta Humo, de Gabriela Alemán. Un alter ego llamado también Gabriela llega a Asunción para recibir el cuaderno de Andrei que Pablo dejó para ella antes de su desaparición. Gabriela, una mujer lesionada por la vida, avanza al paso cansino del bastón por los espacios donde Pablo habitó, los espacios que compartieron en algún momento de un pasado solo recuperable ahora por fragmentos. Un pasado que esconde otros. Los de la familia de Pablo y su antepasado Andrei, su herencia y sus derrotas inscritas en un cuaderno. La novela está construida como vasos comunicantes. Una historia contiene otras: Hacia los años treinta un migrante húngaro arriba a Sudamérica siguiendo los pasos del inventor Biró y el investigador Palamzcuzk, sus benefactores. La diáspora europea provocada por el nazismo y las precariedades atraen a la clase científica, a la industrial, a la intelectual, al mundo austral. El inventor del lapicero, el investigador de la penicilina, los industriales del caucho necesario para mantener a flote la industria militar se concentran en los grandes acuíferos: el guaraní, la Amazonía brasileña, peruana y colombiana. No saben que están determinando con sus decisiones el futuro de sus descendientes. No saben que se avecina una guerra provocada por las trasnacionales del petróleo ansiosas de la repartición arbitraria de un territorio. La Guerra del Chaco (1932-1935) se desata frente a sus ojos como el humo anunciatorio de la guerra en que todos los cañones europeos van a disparar. Miles de soldados paraguayos defienden un rombo de llanura de la invasión boliviana y uruguaya que arrojará 90.000 víctimas. Andrei es contratado para una misión médica: capturar Ñandúes para apoyar las investigaciones con penicilina en los soldados paraguayos. Uno de los pacientes será el teniente Strossner defensor del chaco y futuro dictador del país y presidente por ocho periodos presidenciales. Como pago por los servicios prestados por los placebos, la extranjerización de la tierra será el único premio en ayudar a librar de la desmembración el territorio del chaco boreal. El territorio de los ñandúes y de los pueblos nativos será sometido a una política de tierra arrasada en bien del progreso que humeará por treinta años. El anhelo del desarrollo acelerado, hará sacrificar la naturaleza por la ganadería extensiva. La herencia de Pablo se convierte, en el futuro, en una herencia maldita.

Narrada en riguroso presente, lo que permite un tono contenido y distanciado y una perspectiva cinematográfica, Humo es el intento de descifrar las gamas más profundas de un territorio por parte de una extranjera. La distancia entre los momentos equidistantes del tiempo narrativo y el afán de sintetizar periodos históricos de la guerra y la dictadura, hacen que la conexión entre las partes vivenciales decaigan por las efemérides. Por momentos, los diálogos inmiscuyen temas políticos en personajes apolíticos, como el retrasado mental que repite los periodos presidenciales, o la inclinación a comentar la vida personal a través de conmociones políticas. Si no fuera porque la historia de una familia es también la de una nación, parecería que se sustituyeron dramas por datos históricos. Por lo demás, Humo es una nueva invitación al Corazón de las tinieblas, pero situado esta vez en el corazón de Paraguay.

Quizá el distanciamiento forzoso en la mirada del extranjero, no habituado a lo cotidiano, es donde empieza a cristalizarse los relatos de nación que van fijando la historia de un territorio. Ocurrió con México en la mirada de Bernal Díaz del castillo. Ocurrió con En la Patagonia de Chatwin. Ocurrió con La guerra del fin del mundo de Vargas Llosa. Ocurrió con la Peregrinación Alfa de Manuel Ancízar. Ocurrió con el Congo durante la explotación Belga narrada con la misma intensidad por Josep Conrad en esa novela tan vinculada estructuralmente con la novela de Gabriela Alemán. El exilio tal vez permita, en los nacionales, el mismo distanciamiento o la ruptura del espejo frente a su propio tiempo. Sin embargo, por los tiempos en que estaba vivo Jesús ya pasaban aquí cosas interesantes.

*Humo, de Gabriela Alemán, Penguin Random House, será lanzado en Filbo 2017
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