Por ensayo JOSUE CASTILLO MEMORIA Y LITERATURA MEXICO

El archivero y el demiurgo

Por Josué Castillo


Recuerdo bien. Últimamente abuso del recuerdo como tema o recurso en mis textos y eso me preocupa en más de una manera. ¿Me estoy quedando sin herramientas, se agotaron las ideas o mi vida está tan jodida hoy que para sentirme ya no vivo sino al menos que estoy a flote necesito referenciar constantemente a días si no felices al menos más fáciles de digerir?

A primera vista la relación entre una cosa y la otra parece forzada porque estos últimos textos poco tienen que ver con lo que he vivido o con lo que me preocupa, al menos no con esa obviedad que demandamos los confundidos. Aunque, claro está, si lo pienso bien la duda tampoco es imprudente del todo desde el punto de vista del creador que aspiro a ser: ¿interrogar a nuestros textos no es siempre apuntar el cañón de la duda hacia nosotros mismos, hacia la identidad del autor que, aunque se diluirá con cada lector que encuentre el texto en su camino al olvido o la historia, llena en el momento de la composición los espacios vacíos entre letras y palabras?

Vuelvo a la carga: ¿por qué esa necesidad de apelar al recuerdo?  Se me ocurren un par de cosas —no tantas como quiero hacerle creer al destinatario de estas digresiones que no es otro que yo mismo. Para empezar, creo, esta nece(si)dad no es otra cosa que una estrategia. O varias. La primera la perfilé líneas arriba: me refiero a esa que nace de una percepción de la realidad como algo intolerable de la que escapo tratando de asirme al pasado como lo haría de una tabla o cualquier objeto flotante si estuviera desamparado en alta mar. A ésta, más por necesidad de una categoría que por hacer un juicio de valor, la llamo "rememoración pasiva"  [sé ya, desde antes de pensarlo, que esta etiqueta es, de menos, ambigua]: regreso sobre mis pasos para recoger recuerdos fragmentados, rotos y desperdigados, como piezas de una esfera de cristal que se hubiera estrellado, motivado un poco quizá por la nostalgia y un mucho por desesperación y cobardía.

Se me ocurre una imagen mejor: imagino la memoria como un archivo con aspiraciones a templo, clasificado según varios criterios (épocas estados de ánimo, eventos tristes por sí mismos, eventos felices por sí mismos, encuentros, despedidas, momentos con zutano o mengana) y me imagino a mí como un archivero dedicado que pasea entre pasillos enormes conformados por estanterías que, de piso a techo, están poblados de gavetas de distintos colores, según su categoría, que contienen y resguardan los recuerdos de las amenazas del tiempo, el olvido y la soberbia del archivero que, de vez en vez, le hace querer rebelarse contra todo, incluso contra él mismo, y cometer el último sacrilegio: reducir todo a un puño de cenizas.

Cuando el archivero encuentra las relaciones, a veces confusas, entre un recuerdo y otro, está convencido no de crear sino de descubrir historias que han estado siempre allí, esperando su mirada para revelarse. Al muy distinto ocurre con la otra estrategia que identifico con el nombre "rememoración activa", más por necesidad de establecer una ilusión dialéctica a la cual mi entendimiento, estrecho y dual, pueda engancharse para entender el tema que por tratarse de una verdadera antítesis a la estrategia primera. En ésta no son ya la desesperación ni la melancolía sino la curiosidad y un espíritu cínico y lúdico el combustible del regreso sobre mis pasos que no hago ya para evaluar u ordenar el pasado sino para escribir sobre él, curarlo y conformar una narrativa nueva de mí mismo y la situación que habito. Aquí las ruinas del pasado, cada recuerdo, no son ya referencias o piezas de un relato lineal fragmentado por la violencia del tiempo y las deficiencias de la memoria sino una substancia plástica en sí con la potencia de ser cualquier otra cosa (literatura, por ejemplo, o también identidad, porque el ser no es: se articula desde el lenguaje y los recuerdos) y tanto el fuego como la amenaza del olvido no son ya enemigos sino oportunidades para gozar dos o más veces de un mismo error y destruir/construir tantos recuerdos y narrativas según la situación o mi temperamento de demiurgo caprichoso. Dije ya que estas estrategias no son contrarias: se siguen y una desemboca en otra o se traslapan.

Recuerdo (sí, la memoria en sí misma no es otra cosa que lo que hagamos con ella), aquellos años bastardos...

Imagen: Remedios Varo. Fuente: Sexenio

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