Por CATHERINE RENDON

UNA DÉCADA DE CUADERNOS NEGROS

La historia, quizás inicia cuando tenía trece años. Escribió en un cuaderno de hojas rayadas sus primeros poemas. Poema por hoja. Versos y títulos. Todos sobre el amor. Quiso conservarlo y para ello en alguna papelería compró papel Contact negro y forró su portada. Así, lo guardó por un tiempo hasta que pasados algunos años, no muchos, decidió quemarlo.

Se retoma la historia cuando, por un proyecto con el escritor Umberto Senegal, deciden realizar la editorial Cuadernos de minificción, una editorial (de las primeras en Colombia) especializada en minificción, hecha en Calarcá, Quindío. Pasado un año, la editorial adquiere otras formas e intereses y deciden ampliar las líneas de publicación. Aparece la poesía y con ella llega el nombre de Cuadernos negros, como la tapa de su primer libro de adolescente forrado en Contact. Un presagio involuntario, coincidencial.

Me recuerda a la anécdota de algún buen lector que desde niño, aún sin saber si quería ser un buen lector e incluso un escritor, tomó algún libro al revés para leerlo. Leer el libro sin saber leer. Hechos que en el inconsciente quizá ya nos van marcando. Actos que sin pensarlo ya nos definen la ruta del camino que habremos de tomar.

Y retomo: este trabajo editorial a la fecha tiene al rededor de 82 títulos entre poesía, minificción, ensayo y crónica. Algunos de sus títulos más destacados son El Boom de la minificción de Lauro Zavala, Antología de mujeres minicuentistas, Versículos del demonio, de Umberto Senegal, Raíces del viento, Albacea de la luz, de Orieta Lozano, y El escritor y Calarcá, de Humberto Jaramillo Ángel.

Cuadernos negros va ampliando sus líneas e intereses y con ellos los cambios. En el año 2014 dio inicio a la colección de Arca, una sección de poesía bilingüe que comenzó con el libro Luna de Babel de Juan Manuel Roca.  A partir de la fecha, la estética de Cuadernos negros cambia con libros que tienen más forma y cuerpo. Libros más bellos que aún son cuadernos negros.

Aunque nació en un proyecto en común,  la dirección y edición gran parte del tiempo ha estado liderada por Bibiana Bernal. En el año que nos acaba de dejar la editorial, su trabajo y lo que ha sido su proyecto de vida cumplió diez años. Y ya sabemos que en Colombia es una pasión obstinada tener una  década de historia con un trabajo editorial independiente y además regional.  Bernal celebró en silencio y ahora, meses después del aniversario, sale su libro con más de cinco años de trabajo, de búsquedas de palabras precisas, de escritura lenta. Un libro del interior, de introspección y desolación, de desencanto, de miradas personales que agotan su infancia y futuro. Libro que además es ganador del Primer premio de poesía departamental 2016 (Quindío). Pájaro de piedra de Cuadernos negros, Pájaro de piedra de Bibiana Bernal.


Ser de piedra y creerse pájaro
porque el viento propaga el polvo de las manos.

Verse ave en el reflejo,
aunque inmóvil sobre el asfalto,
abrasado por la luz de las cinco de la tarde.

Saberse nido
en un recodo del día que agoniza,
sin poder roer del aire.

Ser de carne y creerse hoja o pluma
y al final de la jornada ser quien cae.

Ser uno y creerse otro y otro y otro,
hasta anochecer sobre sí mismo
y volver al origen,
donde la arcilla no tenía rostro
y las alas no pesaban tanto.


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