Por ARTICULOS HANNA ARENDT HECTOR ABAD FACIOLINCE PABLO ESCOBAR

El patrón, Abad Faciolince y el publi-reportaje amnésico




Hoy 28 de mayo de 2012 el canal Caracol lanza en Colombia la telenovela Escobar, el patrón del mal basada en el la vida del capo colombiano Pablo Escobar muerto en 1993. La telenovela, según sus creadores, se basa en el libro La parábola de Pablo de Alonso Salazar, una investigación periodística a fondo sobre los hechos más conocidos y la época llamada "del Narcoterrorismo", de modo que esperaríamos un argumento sólido (pero la televisión siempre sacrifica la verdad en aras del melodrama y tergiversa). En vísperas del estreno, Héctor Abad Faciolince ha hecho un recordatorio de Pablo Escobar en el periódico El Espectador. Aquí un artículo que encuentra erosiones y olvidos en la nota del escritor colombiano.

Por El pellizco*
 “Es cierto que uno no debe alegrarse con la muerte de nadie, pero ese cuerpo abatido del mal, esa barriga al aire con una pistola en la mano, ese cadáver al fin incapaz de maquinar asesinatos, secuestros y actos terroristas, no nos entristeció”. Héctor Abad Faciolince en El Espectador

I
Empieza el prosista antioqueño citando a medias a Hanna Arendt con el fin de justificar su catecismo de exorcista: el mal suele encarnarse en personas tan comunes, a veces tan amables y excéntricas como cualquier hijo de vecino, por eso consiguen engañarnos con superficiales actos de bondad y cotidiana simpatía.
Según el escritor, envanecido por reflexiones ajenas, mal regurgitadas, hay personajes en la historia que encarnan el mal y punto, sin ambages, como Adolf Hitler y Pablo Escobar. Faciolince pone a los dos en el mismo costal (con otros especímenes, por si acaso).  Los lectores de la discípula del polémico maestro (Heidegger) echamos algo en falta en este recurso. Por supuesto, lo que dijo Arendt (pp. 128-31)** no tiene nada que ver con el supino tijeretazo del escritor. La cita completa diría más o menos: personajes históricos -como Hitler- encarnan la posibilidad del mal en cualquiera de nosotros, así que corresponde juzgar en cada uno de los casos de dónde proviene esta terrible posibilidad tanto individual como colectiva. Arendt indaga por la responsabilidad conjunta de la irrupción del mal, latente, como un espectro de naturaleza ambigua en la historia humana (v.g. el mal convertido en un “daño colateral” por el sistema totalitario nazi). La respuesta del escritor a este arduo trabajo es un simple: “que hubiera pasado si…” alguna encarnación del mal no hubiera ocurrido. De nuevo se apoya en las ideas ajenas de un historiador (c. 4)*** que, investigando el por qué de las guerras, ve en el caso de Hitler un ejemplo del impulso nacional y social que este tipo de acontecimientos cobran en un mismo individuo. Por lo contrario, Abad cita fuera de lugar con justificada candidez: si a Hitler le hubieran matado en la Gran Guerra no hubiera ocurrido otra segunda. Para luego huirse con esta gran conclusión: si a Pablo Escobar lo hubiera matado la desnutrición, o una diarrea, Luis Carlos Galán se habría inventado la reelección. Por suerte -para nosotros- hubo un día en que el exorcismo fue consumado y el mal dejó su empaque corporal para enaltecer el fervor nacional en la innata bondad patria, ya que tal "demonio" no volvería a pisar nuestra noble tierra. Sin embargo, el exorcismo llegó demasiado tarde y sólo nos quedó la satisfacción de la “barriga pelada” al aire, inanimada y yerta.
Podemos entender que el intelecto de Abad se agote en el publirreportaje de telenovelas y que deba ajustarse al molde: pintar a buenos y malos, explicar qué hacen los malos y por qué lo son tanto, señalar a las tristes víctimas entre el bando de los buenos, y anticipar el final feliz. Faciolince cumple con sus compromisos comerciales a pie juntillas [escritor del grupo empresarial que rueda la telenovela], se ha ganado su salario, no cabe duda. Además lo hace con filigranas intelectuales, críticas inverosímiles de ideas que ignora por completo y nos ofrece un sancocho de su propia cosecha para reír con desenfado y despotricar con gusto sobre las provincianas limitaciones de uno más de los exorcistas del “Patrón” (y de paso, de nuestra fatídica historia).

II
Seguir las ideas de Arendt, con rigor, sin mezquindad, significaría aceptar que las “encarnaciones” individuales del mal son bienvenidas por un regocijo colectivo; silente en las circunstancias nacionales. No se trata de un Pablo Escobar "héroe popular", no hablo de ese recibimiento; quiero señalar la recepción que las élites políticas, judiciales y policiales dieron a este magnífico “espíritu del mal”. De lo contrario el 99% de sus -ahora telenovelizadas- fechorías no gozarían de la impunidad que las acorrala en el doloroso curso de nuestra historia.
El “exorcismo” de Medellín no fue el desenmascaramiento del “espíritu del mal”, sino una cruel forma de ocultar la enquistada participación de las élites nacionales en el entusiasmo que rodeó al congresista, al hombre de negocios, al empresario deportivo, al hombre público, partícipe del poder que gobernaba el (doña) rumbo patrio.  En aquellos días, hace tan solo 30 años, las élites del país optaron racional, y emocionalmente, por el carácter “narco” de la nación como único medio de conservar el poder. Hasta los purpurados sacaron tajada. Abad no cita las investigaciones de Daniel Coronell acerca de los negocios entre la familia propietaria del Ubérrimo y el “Patrón”, tampoco el gorila que hamacó sus perezas en la constitución del 91, ni la conspiración liberal que puso a Gaviria en el poder y que luego cambió de “encarnación del mal” como si nada. Este publirreportaje de la amnesia ignora que el unicornio, los hipopótamos y demás fieras del bestiario de Escobar se saltaron por décadas todos los controles de un Estado democrático.
El mal requiere un consentimiento y el Patrón tuvo el asentimiento del país político y económico. Sin embargo, nuestro prosista antioqueño dice que es hora de enfrentarse a la “encarnación del mal”. Invito al escritor a que contemple una de esas reencarnaciones en alguno de los tantos espejos que decoran su estupendo apartamento en el Valle del Aburrá.

 ** H. Arendt, Essays in Understanding 1930-1954. Formation, Exile, and Totalitarism, pp. 128-131 
***John Mueller (The Remnants of War, c. 4)

*Texto reproducido con autorización del blogger autor de http://pellizcate.blogspot.com/

Relacionados

0 comentarios:

Publicar un comentario

RevistaCorónica se reserva el buen gusto de retirar del foro los mensajes que sean ofensivos