Por JOSUE CASTILLO MEXICO REDES SOCIALES REVOLUCION DIGITAL

#RevoluciónReal




México, al borde de las elecciones presidenciales, asiste a una convulsión social encabezada por los universitarios que exigen un cambio político real. ¿Será posible la revolución que florezca desde las redes sociales? Crónica distópica de un alzamiento cuasi virtual.

La asamblea de los Subversivos


—Vamos a iniciar acciones compañeros. Porque no está chido, we. La poli y los políticos ratas nos controlan y los medios de comunicación nos mantienen en la ignorancia. La policía te está extorsionando y viven de lo que estás pagando.
El cuchicheo y la inquietud inicial habían parado. La multitud despegaba la mirada del flyer que anunciaba la reunión. Su discurso incendiario era agudo y calaba hondo en el auditorio. Encajaba en el corazón y punzaba en la cabeza; el verbo reverberaba en las pieles de los jóvenes indignados.
“!Sí!”, gritaban por dentro la mayoría, y algunos lo expresaban con la mirada encendida por el fulgor juvenil: “Este dud’ tiene razón.”

—El poder, bro, nos oprime. Si no hacemos nada la peste del capital y la miseria se instalará hasta en nuestros corazones. ¡Somos una generación dormida, carnal! Somos una generación perdida. No está chido we.
La muchedumbre encontraba en su heterogeneidad una homogeneidad misteriosa. Entre la diferencia, se encontraba una regla que había sido respetada como dogma: “todos somos distintos, pero estamos juntos, porque somos iguales; la diferencia se respeta”.
Ninguno era igual a otro mas que en sus curiosos rasgos individualizantes. Engafapastados la mayoría, cada armazón de distinto color, se recorría desde el verde flourescente partyhardero hasta el más serio de los tonos oscuros; sus playeras multicolores reflejaban un gusto adquirido por la imaginería irónica y contestataria las cuales, muy su pesar, en ellos se notaba forzada y cursi; en sus sombreros el gusto se notaba exquisito y selecto, no había lugar para el burgués bombín ni el aristocrático copa alta, en cambio era el reino del fedora, el panamá y la boina, éstos se hacían presentes en colores claros, estampados artísticos y hasta sobrios azules. Todos estaban preparados. Apuntaron sus teléfonos móviles hacia el orador, la máxima señal de acuerdo en nuestra generación.
Otra vez la voz:

—!A huevo, carnal! ¡Toda la razón! ¡Muerte al Sistema! ¡Abajo las ratas!
Las paredes del auditorio, forradas de madera hasta cierta altura y cortinas que colgaban desde el cielo raso hasta cubrirlas por la mitad, se empezaban a cimbrar por el entusiasmo juvenil de aquellos conversos convencidos, listos y dispuestos a darlo todo por la causa. ¿Cuál causa? ¡Cuál más! La más digna y elevada a la que un hombre libre puede aspirar: La Revolución.
No hubo voz discordante. La moción pasa por unanimidad. Los ánimos cada vez más encendidos. La voz de la juventud se hizo coro ¿de qué otra manera iba a ser si durante generaciones los más viejos se han encargado de oprimir y degollar las ilusiones de los que vienen; de qué otra manera iba a ser, si los que tienen el poder se han encargado de joder al país y a la madre naturaleza en nombre del capital y la ambición sin fin; de qué otra manera podría ser, si durante años se les prometió un futuro que desde tiempos anteriores, se sabía, nunca podrán consumar?  La voz que se escucha es la del hartazgo; el fuego que se enciende el de la indignación.

La ex unidad de humanidades poca conciencia tenía de la bomba que iba a explotar en la ciudad. Por los pasillos se respiró quietismo y mutismo, lo típico en un espacio estéril que estaba por experimentar una explosión vital. En el auditorio Jesús Morales se empañaron los vidrios que conforman sus tres paredes exteriores. La temperatura subió hasta alcanzar esa del hartazgo universitario.

—Nunca más, porque ésto no se va a acabar hasta que el último burgués sea colgado con las tripas del último sacerdote. Que se le ponga fin, que se sepa de qué estamos hechos. ¡Hasta la victoria siempre!
Afuera, poco o nada se sabía de lo que rugía. Aunque volantes y afiches fueron pegados a lo largo y ancho de toda Xalapa, sólo los reunidos estaban listos para mamar el júbilo revolucionario.
La electricidad se respiró en el aire. Algo cambiaría ese día. Era seguro que a partir de esa asamblea  algo se haría. Hasta los escépticos dejaron de ser incrédulos y fueron creyentes. Conciencias cambiaron esa tarde al vapor de la lucha por el futuro justo.

—Hay que tener cuidado carnalitos. A la hora de la lucha el capitalimperialistayanqui usa su brazo armado y represor que es la policía y los milicos…
Porque todos lo saben: la policía y los militares son gente non grata en un campus universitario. Es bien sabido que ellos son los responsables de cada mal que hay en la tierra, de la matanza del 68, el Halconazo, el MEIF y los extraordinarios en vacaciones.
Ese día todo cambió. La revolución llegó e hizo justicia: #RevoluciónReal fue trending topic en twitter, y en facebook lograron decenas de likes.

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