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Carta abierta a un analfabeta político, de Tulio Bayer

Reseña del epistolario Carta abierta a un analfabeta político, del escritor, médico y revolucionario colombiano Tulio Bayer, fallecido en París en  julio de 1982

La democracia dejó de existir cuando gobernar para el bien común cambió los principios esenciales de convivencia a otros objetivos financieros: cuando un candidato a presidente asegura que, de ganar protegerá la banca, llamará a la inversión extranjera, fortalecerá el gasto en seguridad, conducirá al país al desarrollo industrial y a la explotación extranjera de los recursos, quiere decir que pide el poder para hacer lo contrario al bien común: si el sistema bancario extorsiona, si promover el empleo es promover la explotación, si pedir inversión foránea es poner en venta extensiones del territorio y subastar la administración de los servicios básicos al mejor postor y rebajar los impuestos a los extractores para incentivar su inversión; si fortalecer la seguridad es invertir el 60% del presupuesto nacional en armas y salarios y mantenimiento de un ejército cercano al medio millón de efectivos, si bajo el rótulo de “inversión” se esconde la concesión de reservas energéticas y mineras cuya explotación atentará contra recursos culturales y vitales como el agua a trasnacionales comercializadoras de hidrocarburos y oro y carbón que se llevarán el recurso y el dinero a sus arcas de caudales dejando contaminadas las aguas y esterilizadas las tierras y enfermas a las generaciones venideras, si los servicio para el bienestar (hospitales, transporte, universidades, páramos que proporcionan agua, viviendas, campos labrados) se convierten en empresas de capital privado que extorsionan al ciudadano y niegan servicios porque no dan lucro, entonces elegimos para el simulacro de la democracia a un gobernante cuyo único objetivo es beneficiar a unos cuantos y destruir el tejido social y el bien común.

Tulio Bayer fue un médico converso en guerrillero y devenido en escritor que se opuso a ese simulacro en todas las facetas de su vida, solo que en ninguna de estas objeciones prosperó. Era colombiano y a comienzo de los años 60s se reveló contra la mafia farmacéutica y fue radicalizando su posición con gotas cordiales de indignación hasta que se enfilarse en una cuadrilla de liberales remisos. La línea de conversión de Tulio Bayer atraviesa varias etapas de endurecimiento y clímax de insubordinación. Él los relaciona linealmente en su libro de memorias epistolares titulado Carta abierta a un analfabeto político (Hombre nuevo editores, Medellín, 1962): primero estudiante de medicina, luego especialización en Harvard, luego inspector farmacéutico en Manizales, luego cónsul de Colombia en sus extramuros (Puerto Carreño, Puerto Leguízamo), luego médico ad honorem en Puerto Ayacucho (Venezuela), Maicao (Guajira), Los Monjes (Frontera colombo-venezolana), luego revolucionario en la comisaría del Vichada, luego preso político en Maracai y finalmente escritor exiliado en Francia. El pretexto narrativo es narrar desde la segunda persona epistolar misivas dirigidas a un ex colega que sugiere, con mala leche, que su decisión de ser guerrillero no obedecía a más razones que las de vivir una experiencia extrema y así conseguir un buen tema para escribir novelas. Bayer decide exponer los argumentos, ejemplos y hechos fundamentales que condujeron su vida azarosa y resolvieron las razones para tantas rebeldías.

El primer salto de conciencia se da en Estados Unidos adonde viajó con intensión de realizar un posgrado en farmacología en Harvard Medical School. Estados Unidos fue el país de avistamiento de la distancia de clases, de las incoherencias morales y del sistema de producción para la sociedad ociosa: una sociedad que explotaba a los estudiantes y menospreciaba al migrante, que manifestaba una religiosidad y moral radicales como para oponerse a la experimentación en animales pero tolerar las guerras e invasiones a  territorios extranjeros, y un sistema absurdo e insostenible de producción de objetos y productos suntuarios, tóxicos para la salud las más de las veces, y envilecedor de la mano de obra en los países productores de materias primas. Las lecturas de Marx y Engels, Mao y el Ché se convierten en sus guías tutelares de esos años. Bayer empieza a ver la representación del materialismo histórico (toda la historia es un lucha de clases) manifiesto en varios niveles: desde un punto de vista supranacional con la relación extractiva de Estados Unidos ante los países que no son potencia, en el ámbito nacional con la pauperización del campesinado colombiano, y en el ámbito personal desde el ejercicio inadmisible de la farmacéutica industrial que juega, en compañía del sistema médico, con la salud de las personas, administrando placebos.
Las conclusiones, para él, a la luz de sus lecturas, son claras: el motor de la historia es la lucha de clases porque hay una porción privilegiada de seres humanos que basan su bienestar en la explotación de una mayoría tenida por minoría, sumida en el desamparo estatal, y el imperialismo norteamericano que en ese momento aplasta con su bota de cuero humano a los países de Suramérica. Esta es solo una de las observaciones epigramáticas que le ofrece a su interlocutor: “los norteamericanos tienen una debilidad por ayudar a los subdesarrollados a condición de que no dejen de serlo”.

Tulio Bayer regresa a Colombia tras culminar sus estudios en Estados Unidos. Aquí empieza una segunda etapa de endurecimiento. Trae un posgrado en farmacología y es nombrado supervisor de farmacia para el departamento y profesor en la Universidad de Caldas. Se casa y divorcia en un lapso de dos años, por incompatibilidades del carácter. Mantiene una colaboración constante con opiniones en un periódico local y desde su cargo se dedica a desenmascarar las mafias y artimañas de las farmacéuticas de la época (las mismas de hoy) instaladas en Colombia.
Bayer denuncia el sistema de ventas de drogas proscritas del mercado norteamericano y de venta pública e indiscriminada en Colombia, pese al daño y contraindicaciones contra la salud humana. Denuncia un mercado negro que falsifica y distribuye placebos como drogas similares. Acusa al gobierno de negligencia al preferir invertir cantidades astronómicas en compras masivas de medicamentos inútiles para enriquecer a unos pocos mercaderes del dolor, cuando el origen de las virosis y diarreas que matan a los niños está en la insalubridad del medio en que viven: casas sin servicios públicos, sin agua potable, sin condiciones mínimas de bienestar, con pisos que son la misma tierra donde defecan cerdos y perros. El resultado no tarda en llegar: su despido del cargo como inspector de sanidad y farmacia. Para empezar el acorralamiento y peregrinación por los extramuros de Colombia, asiste a una ceremonia del gremio universitario en el Club Manizales. Para la ceremonia contrata a una prostituta y le pide vestirse de dama y asistir en calidad de esposa a la fiesta y desenmascarar así la farsa. Los colegas que reconocen a la mujer, no tanto por su buen humor, carisma y modales, ni por las jornadas de vacunaciones, sino su afición a los burdeles, en los días venideros denunciarán la insolencia de Tulio Bayer ante la autoridad universitaria. Deciden despedirlo de su cargo en la enseñanza.
En adelante, la historia se repetirá tantas veces como intentos haga de empezar causas perdidas: lo echarán de su rural como médico del ejército cuando denuncie las precariedades de la tropa, lo echarán de su cargo como médico en el pipí del mapa de Colombia cuando atienda a indios y denuncie el abandono del Estado a las comunidades periféricas, lo echarán de Puerto Leguízamo, de Dabeiba, de los pueblos olvidados por todos los gobiernos, sometidos a exterminios secretos por la represión militar y terrateniente.


Según señala a su interlocutor (el ex compañero que ha decidido especializarse como cirujano en Estados Unidos para tener una hoja de vida eminente) la mejor academia para cirujanos fueron dos décadas de la violencia en Colombia cuando miles de hombres, mujeres y niños necesitaban un cirujano para las amputaciones y heridas horrorosas de machete liberal y conservador. Una de las críticas pedagógicas de sus cartas a este analfabeta político la dirige a los tres fundadores de la sociología en Colombia (Umaña, Borda, Guzmán) que en los libros con que reconstruyen los años y protagonistas de la Violencia partidista designan a policías, bandoleros, guerrilleros, gamonales como ejecutores sistemáticos de los crímenes, pero soslayan a los políticos y curas radicales de la época que inocularon el odio religioso a un país donde el 70% de la población era analfabeta.

Es después de un largo trasegar por pueblos fronterizos con Venezuela en los que encuentra un paralelo de corrupción en la administración pública del país vecino y ve reflejado el ejercicio irresponsable de una medicina deshumanizada que a nadie ayuda, que deja morir de apendicitis a las indias, de enfermedades curables a los niños, de inanición a los pobres para no generar costos a los gobiernos y conservar intactas las partidas que se roban los burócratas por cada ser humano que muere. Convencido de que el mundo se cambiará con ideas políticas se hace nombrar cónsul ad honorem (sin sueldo) para ayudar a la gente desde un cargo con funciones. Para entonces llega a la zona el ministro de relaciones exteriores, acompañado por dos de los terratenientes nefastos que ha tenido Colombia, en compañía de sus pares venezolanos, a decidir los siguientes años de explotación de la región. Bayer no es invitado a dicha reunión, por lo que decide hacer un mítin, arengando a los ciudadanos y conminándolos a la denuncia pública del abandono y a la desobediencia civil. El ministro lo trata como un demente y luego de volcar las mesas con el banquete, será encarcelado.

Desde entonces empieza su leyenda de revolucionario folclórico: una tercera etapa lo llevará a sumarse a las filas de un guerrillero liberal (que no pactó su entrega ni la entrega de armas con el dictador Rojas Pinilla en los años de La Violencia). Una vez alzado en armas, dedicará los meses siguientes a nadar en los afluentes del río Vichada, a vivir un idilio de amor con una venezolana a la que llama Mi Tanque y a organizar ideológicamente a los cuadros guerrilleros (compuestos inicialmente por 15 hombres y, en su momento de mayor esplendor, por cuarenta). En la única acción de guerra, tras emboscar a una patrulla de cincuenta soldados, logran capturarlo vivos a todos y despojarlos de las armas. Luego los guerrilleros piden veeduría de la Cruz Roja Internacional para entregar a los cautivos sanos y salvos. Después de la toma a Puerto López, el gobierno enviará dos batallones formados por combatientes mercenarios de la guerra de Corea tras la guerrilla de Tulio Bayer. La guerrilla se resquebraja por el asedio de un enemigo superior en armas y hombres. Sus compañeros lo amarrarán en un paraje y empezarán la desbandada. Tulio Bayer será capturado y exhibido en Bogotá como el hijo rebelde de la burguesía. Durante su proceso judicial, sus antiguos compañeros aprovecharán para enviarle cartas en las que sugieren que aquella aventura sólo es un pretexto para escribir novelas. Escribirá entonces su declaración de principios en esa Carta abierta a un analfabeto político.

Tras un juicio sumarial en el que se le alzan cargos por sedición (un delito que no estaba tipificado), ya bajo libertad provisional (por vencimiento de términos), Bayer logrará soltar sus amarras, pasará a la frontera norte de Colombia y allí empezará una nueva causa perdida como médico en un hospital de caridad. Esto será solo un breve paréntesis antes de que empiece una cuarta etapa del trasegar (cuando aparezcan sus primeras denuncias por malos manejos hospitalarios.) Y otra vez las amenazas. Y otra vez el desempleo. Y otra vez la decepción. Bayer era incansable en sus denuncias y tenía una debilidad imperdonable en dejarlas por escrito. Las rencillas con un alto funcionario de Venezuela solo le traerán una cordial invitación a la extradición o al exilio, al ser declarado persona no grata. Tulio Bayer, decepcionado de todo, a sabiendas de que su vida profesional depende de los círculos de poder en Colombia (cuyos malos manejos y negligencias y omisiones ha combatido), y que ellos no lo dejarán ejercer ningún cargo tampoco en su país, opta por el exilio penitente entre Bélgica y Francia. Allí se dedicará a escribir la novela de su vida.

Hay vidas que la imaginación más portentosa no logra imaginar, simplemente porque hasta la imaginación más portentosa necesita un conocimiento de causa. Sin embargo, resulta paradójico que aquellos que viven a todo vapor no son siempre los más adecuados para narrar lo vivido. Salvo si el azar logra reunir en una misma persona al aventurero con un gran escritor (Cendrars, Hemingway), lo mejor que se ha escrito sobre la vida en el exilio de Tulio Bayer es una ficción documental titulada El Bulevard de los héroes. Eduardo García Aguilar, que le conoció en los años de exilio en París, recoge en la primera mitad de su novela la infancia, juventud y vida revolucionaria de Tulio Bayer y la aplica a un personaje singular conocido por el remoquete de El loco Rincón. La segunda mitad es un descenso al desquiciamiento de las rebeliones abortivas y de las utopías y frustraciones de América Latina, en la que todo se evapora con movimientos telúricos y flamas volcánicas.

Tulio Bayer nació en enero de 1924 en y murió el 27 de junio de 1982 en París. Su mujer, la venezolana Amira García le sobrevivió treinta años y falleció en 2011. Su primera novela, Carretera al mar, escrita en unas vacaciones forzosas en Vichada antes de alzarse en armas, es un intento de hacer una novela kafkiana con un tema político: la construcción de una carretera. Sus relatos, Gancho ciego, escritos en la cárcel, son crónicas veladas de la experiencia vivida. Sus memorias epistolares, de gran valor documental para reconstruir el mapa de inconformidad y los móviles de la violencia política en Colombia, siguen siendo solo un secreto entre clanes de conspiradores de cafetería y seguirán sin editarse.
Hace poco estuve en un anticuario de libros del centro de Bogotá, averiguando por su obra:
-Hola, ¿tiene libros de Tulio Bayer?
-No, aquí no nos gusta la izquierda radical.
En la mesa de libros destacados alcancé a ver el libro de memorias de un peligroso jefe paramilitar de los años noventas y al lado de éste el libro de memorias de la mujer del paramilitar:
-Ya. ¿Y los de la derecha radical?
Valga este diálogo como paradoja de la edición y como metáfora del lugar que ocupa la sedición en Colombia.

Imagen: Tulio Bayer en París, 1978. Fotografías de Jairo Osorio Gómez. Tomadas de Tulio Bayer. Solo contra todos, de Carlos Bueno Osorio, 2008

Lea también en Revista Corónica: 
Tulio Bayer, un rebelde permanente, por Eduardo García Aguilar
Tulio Bayer en Nueva York, por Tulio Bayer

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5 comentarios:

  1. No tenía conocimiento de quien fue Tulio Bayer, alguna vez leyendo historias sobre la violencia en Colombia tuve una referencia a él, pero lo relacioné más como un seguidor de las guerrillas de Guadalupe Salcedo y no le vi mucha importancia, de acuerdo con el artículo, me parece que fue alguien valioso, pero olvidado a la fuerza, para las nuevas generaciones como en mi caso y más con las que vendrán. No será posible que internet sirva para colgar su obra que merece la pena ser conocida, si sabes algún vínculo dímelo, me gustaría leer sobre él y también lo que él escribió.

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  2. Es libro obligado en mis cursos de Historia de la violencia en COLOMBIA en la Universidad de Caldas... se asocia con el libro Rebelde hasta morir vida del Teniente Sendales y el libro La rebelion de un burgues vida y obra de Estanislao Zuleta... visita www.lanavedeloslocos.jimdo.com

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    1. pedror.gomezc@hotmail.com30 de julio de 2016, 7:44

      en colombia consigo el libro ????

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    2. Hola Pedro, es muy difícil conseguirlo, pero me puede escribir a ferrodriguezv@yahoo.es
      Saludos

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  3. Quisiera que alguien me informe de una obra de Tulio Bayer en la que plasma el concepto de "Heredopolítico".
    vquezadai@unicartagena.edu.co

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