sábado, 24 de octubre de 2015

Conocí al máximo jefe de la mafia

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Camila García es escritora y traductora. Autora del libro ilustrado de cuento corto "Perros en el cielo" 2009. Estudió Filología alemana en la Universidad Nacional de Colombia. El jinete extraviado es su segundo libro y se presentará el Miércoles, 18 de noviembre, 18:00 en Libreria Fondo de Cultura Economica, Bogotá, (Centro Cultural Gabriel García Márquez). Participarán: Camila García y Daniel Ferreira. Compartimos uno de sus relatos.


Por Camila  García


Conocí al máximo jefe de la mafia de los encendedores, el creador del cartel. Es un hombre serio, de voz grave, no sonríe. Los hombres de la mafia nunca sonríen. Cómo empezó todo, le pregunté, se transportó a sus años de infancia, me habló de su hermana:

-Alguna vez, acosado por la sospecha, entré al cuarto de mi hermana y lo esculqué todo, mis sospechas se confirmaron, debajo del colchón escondía cientos de encendedores, no le importaba que mi madre tuviera que comprar uno nuevo cada día. Muchos encendedores, de todos los colores y tamaños. Los cogí todos y me fui al mercado negro, para mi sorpresa me dieron por ellos mucho más de lo que esperaba.

-Vaya, ¡todo empieza en la infancia!

- Si

-¿Y qué siguió después de eso?

-Después vino la preocupación por el medio ambiente.

-¿En su casa hablaban de la importancia de cuidar el medio ambiente?

-Si, mi madre hablaba de eso todo el tiempo y no aceptaba bolsas plásticas en los supermercados.

-Entonces puede decirse que usted venía de una familia con cierto nivel de educación.

-No soy un mafioso cualquiera. Tengo mis ideales. En ese entonces no se reciclaba, pero yo sabía que pronto se podría reutilizar el plástico, si podía llevar el robo de encendedores a una escala mayor,  revenderlos y reciclarlos, lograría reducir la producción de encendedores nuevos, la fábrica de encendedores se vería obligada a producir menos y yo ganaría mucho dinero.

-¿Y cómo lo logró? ¿Contrató ladrones de encendedores?

- Me colé en todas las fiestas y me dediqué a observar.

- ?

-Veía quién se robaba el encendedor. Siempre, en todos los grupos, en todas partes, hay alguien que se roba el encendedor, es una especie de ley natural de nosotros los seres gregarios, en el pasado nos costaba mucho trabajo encender el fuego y en nuestros genes aún quedan resabios de eso. Cuando podía me acercaba al ladrón, le daba una tarjeta mía, le decía que le tenía una propuesta interesante, que no tenía por qué temer y nos citábamos en un lugar público.

- ¿Y la gente iba así no más?

-No todos, algunos eran recelosos, pero muchos iban.

- ¿Y cómo son los ladrones de encendedores, obedecen a una tipología bien definida?

-En algunos aspectos podría decir que si, pero también son muy diferentes unos de otros, algunos no eran conscientes de que lo hacían y perdían los encendedores robados del mismo modo que los obtenían, sin siquiera notarlo. Otros eran perfectamente conscientes, pensaban en el próximo encendedor todo el tiempo, esos tenían en común la meticulosidad, solían ser pulcros, quisquillosos, observadores fríos, personas de pocos amigos, pese a tener una vida social agitada, motivada por el afán de posesión de encendedores.

-¿Estos ladrones coleccionaban los encendedores o los vendían?

-Eran pocos los que los vendían. El robo de encendedores en ese entonces no estaba motivado por el dinero sino por la magia del fuego.

-¿Qué les decía usted?

-Que les daría dinero por esos encendedores, si los robaban nuevos, les daría más, si estaban con el gas a la mitad les daría la mitad, si casi no tenían gas, les daría la tercera parte.

- ¿Y qué hacía con los que no tenían gas?

-Si no eran desechables, cosa rara, los llenaba, si no los acumulaba, convencido de que en algún momento valdrían algo, podrían reciclarse, sabía que llegaría un momento en el que las fábricas de encendedores los comprarían o el momento en el que yo mismo podría reciclar el material, estaba al tanto de los avances tecnológicos en la materia.

-Era un hombre con visión medioambiental. ¿Qué pasó después?

-El número de ladrones de encendedores que me vendían su botín fue creciendo, había de todo, desde oficinistas hasta adictos al crack.

- ¿Quienes roban más, los hombres o las mujeres?

- Los hombres, pero no puedo decir que se deba a algo propio del género sino más bien al hecho de que en nuestra sociedad las mujeres no tienen la misma libertad que los hombres, si un hombre puede ir a mil fiestas y robar mil encendedores, una mujer puede ir a cien, nunca tendrá las mismas oportunidades para robar encendedores, ni siquiera las prostitutas las tienen.

-Entonces empezó a crecer…

-Si, empecé a crecer y a inundar el mercado, me eché encima a los propietarios de las fábricas de encendedores, monté mi propia planta de reciclaje y monopolicé la tenencia de la materia prima en mi continente.

-Se echó encima a los chinos.

-Los chinos intentaron matarme varias veces, pero soy un hombre de buenas, siempre escapé, mis guardaespaldas son fieles y eficientes.

-Les declaró la guerra.

-Si, al que no quiso aliarse conmigo lo exterminé.

-Y después empezaron a seguirle los pasos ¿no es así?

-Si, aparecieron aspirantes a capos de los encendedores, en otras ciudades, en otros países.

-¿Los mató a todos?

-No, no a todos, con algunos hice acuerdos.

-¿Y en qué se gasta la plata ahora que es un hombre millonario, cómo vive?

-Tengo una reserva natural enorme, soy dueño de numerosas fuentes hídricas. Mi casa es enorme, nadie entra a mi reserva sin mi autorización. En mi casa no se oye más ruido que el canto de los pájaros. No me baño en la ducha, me baño todos los días en mi propio río. Hago lo que quiero cuando quiero, cuando me aburro o siento peligro cerca me voy en mi avión privado a otra de mis reservas, el negocio marcha solo.

-¿Es cierto que mató más de 200 personas?

-Si.

-¿Está dispuesto a entregarse a la justicia?

-En lugar de juzgarme deberían agradecerme, si no fuera por mí nadaríamos en encendedores, se ofenden porque viene alguien y les roba el encendedor, pero no sienten ni pizca de remordimiento cuando lo botan a la basura ¿Sabe cuánto tiempo tarda el plástico en descomponerse? Más de un siglo. ¿Qué son 200 vidas comparadas con las generaciones condenadas a la extinción de su hábitat? Les hice un favor al librarlos de mis adversarios porque todos ellos querían producir más y más encendedores sin importar el costo que eso tiene para el planeta. Además invierto toda mi fortuna en el mantenimiento de reservas naturales.

-Entonces ¿deberíamos nombrarlo presidente?

-No tengo ningún interés en un cargo así, me gusta el ocio, levantarme a la hora que quiera, hacer lo que me dé la gana en todo momento, si fuera presidente viviría estresado.

-Yo no cargo encendedor.

-¿Se los roba?

-Tampoco, si necesito uno lo pido y lo devuelvo en seguida y cuando compro alguno lo cuido, pero termina perdiéndose tarde o temprano.

-Mis  colaboradores son eficientes y están en todas partes. Casi que hay uno en cada casa. Somos una comunidad fuerte.

Una vez concluida la entrevista, el máximo jefe de la mafia me invitó a sobrevolar su reserva.
Animación: Camila Bordamalo
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Publicado por Revista Corónica
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores. Revista Corónica es una publicación digital. ISSN 2256-4101.

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