Por Berta Lucía Estrada LECTURAS DE 2015

Lecturas de 2015, por Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada. Escritora, poeta, bloguera y crítica literaria y de arte. Lleva el blog El Hilo de Ariadna en El Espectador.



Meursault, contre-ênquete*, Actes Sud  (Meursault, caso revisado, Editorial Almuzara) de Kamel Daoud (Premio Goncourt a la primera novela 2015- Finalista Gremio Goncourt 2014). Es de lejos una joya literaria, tan grande como el Extranjero de Albert Camus.

Kamel Daoud (Argelia, 1970) escogió la lengua francesa para su creación literaria; de hecho comenzó a trabajar en el Quotidien d’Oran, periódico francófono, en 1994. Y este dato es muy importante tenerlo en cuenta, ya que Mersault, contre-enquête es un elogio a Camus y a la lengua francesa. De hecho a todo lo largo de la narración hay múltiples frases que exploran la belleza de esta lengua, incluso dice que tiene visos de diamante: “Hay algo que me asombra: nadie, ni siquiera después de la independencia, ha tratado de conocer el nombre de la víctima, su dirección, sus antepasados, sus posibles hijos. Nadie. Todos se quedaron boquiabiertos ante esta lengua perfecta que da al aire puntas de diamante…”.
Meursault, contre-enquête, se mira al espejo de El Extranjero, de hecho al escribirla en la misma lengua lo hace no de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda; es más, comienza con una frase contraria a la de El Extranjero: Hoy mamá sigue viva, parodiando la frase de Meursault: Hoy ha muerto mamá.
Posteriormente va a tratar de dilucidar el nombre de Meursault, Meur, de meurt, muere, y sault que le recuerda a seul, solo; o sea Meurseult es el hombre que muere solo. Pero yo diría también que sault, me hace pensar en el saut, el salto; o sea el muerto que salta. Y es que Meursault va a estar presente en toda la narración, a veces incluso se confunde con su autor, o sea con Camus. Incluso Daoud nos recuerda al final del libro que la pronunciación de Meursault en árabe es El-Merssoul, o sea El Enviado o El Mensajero.


La comadrona de Katja Kettu

Katja Kettu (Finlandia 1978) es una escritora sin par. Leí La Comadrona (Alfaguara 2014) prácticamente de un tirón. Es una obra sobre el amor y la guerra. Aunque sería más acertado decir que es un descenso a los infiernos, un viaje a las profundidades del delirio que nos acosa en épocas de enfrentamiento bélico.
La obra se desarrolla en un campo de concentración nazi en tierras laponas y narra la extraña historia de amor de una campesina, Ojo Salvaje, que trabaja como comadrona, y de Johann Angelhorst, un oficial SS alemán. La novela se sitúa en los meses previos a los enfrentamientos entre Finlandia y Alemania y a los primeros meses de la Guerra de Laponia. Su encuentro es bastante peculiar por decir lo menos. La primera vez que Johann Angelhorst se cruza con Ojo Salvaje observa, poco menos que alucinado, que ella tiene un cordón umbilical que le cuelga de la boca, ya que acaba de atender un parto y ha cortado el cordón con sus propios dientes. La mirada que recibe por parte del oficial, que es también fotógrafo, es la mirada de un macho que busca una hembra. Ella siente su olor mezclado con los propios efluvios de su cuerpo y del cuerpo que acaba de dar a luz. Desde ese momento ella se dirá que si logra ser amada por él no necesitará buscar otro hombre. Al respecto Katja Kettu ha dicho: « El tema más importante de la novela es conseguir el amor. Personalmente solo he estado enamorada una vez. Cuando le vi por primera vez me prometí a mí misma que si podía conseguir a este hombre ya no pediría ninguno más. Quería incluir esta experiencia en la novela.»


Peut-être Esther de Katja Petrowskaja

Posiblemente Esther, (Ediciones Adriana Hidalgo, traducción de Nicolás Gelormini), de la ucraniana Katja Petrowskaja (1970), obtuvo el importante galardón literario Ingeborg-Bachmann, Alemania 2013. Vielleicht Esther, fue escrito originalmente en alemán, una lengua que su autora aprendió cuando ya era adulta.
Katja Petrowskaja nació en Kiev en 1970, y luego vivió en Rusia y Estonia, para luego instalarse definitivamente en Berlín. De origen judío, la autora indaga en las raíces de su familia materna y paterna.
Tal vez Esther, evoca la historia europea, al menos la historia de la Europa del Este, partiendo de la evocación de la historia familiar de la autora.
Tal vez Esther, es un poderoso relato familiar, nunca había leído algo similar. Es hermoso, profundo y muy doloroso. Los recuerdos de la autora, de sus progenitores, de su familia, amigos y personas que encuentra a lo largo de su peregrinación al pasado, se tejen en un inmenso patchwork, en el que ineluctablemente el lector termina atrapado por una de las tantas agujas con las que cose uno a uno cada cuadro del pasado; algunas veces vivido, otras imaginado, o leído, o escuchado.
El resultado es una investigación sorprendente sobre la historia del pueblo judío, su persecución y su exterminio ; no sólo por parte de la locura de Adolfo Hitler sino de la locura de Stalin y de sus secuaces comunistas. Desafortunadamente cuando se habla de El Holocausto, olvidamos que también los rusos jugaron un papel terrible, y que a su manera participaron en La Solución Final ; esa enorme herida del siglo XX. Horror es el término adecuado.


La carta a Helga de Bergsveinn Birgisson

Bergsveinn Birgisson (Islandia-1971), autor de una nouvelle, escrita en forma epistolar, La carta a Helga, (La Lettre à Helga, Editions Zulma 2013 – 125 páginas,traducido del islandés al francés por Catherine Eyjólfosson ).

He leído esta hermosa carta de amor, pero también de reivindicación de la identidad, meciéndome en una mezcla de emociones que rara vez experimento cuando leo una novela. Y es que La carta a Helga no pretende ser un discurso racional, sino emotivo. Bjarni, el hombre que le escribe a Helga, tiene noventa años y en el umbral de la muerte, cuando ella lo espera del otro lado, decide contestarle la misiva de amor que muchos años antes ella le enviase.
Bjarni, un eterno enamorado de la mujer por la que no supo o no quiso luchar, nos va a relatar uno a uno los episodios de un mundo que ya no existe: el de los pastores de ovejas del sureste de Islandia. A través de Bjarni descubrimos una literatura oral de una gran riqueza y belleza, las sagas, que narran las historias vikingas; pero también nos enseña un nuevo lenguaje: el de los pastores, agricultores y hombres de mar. Una forma de vida que practicamente ha dejado de existir en los últimos cincuenta años. No porque ese tipo de actividades ya no exitan en Islandia, sino porque la tecnología y la modernidad, ¿o postmodernidad?, las ha enterrado para siempre, o al menos es lo que pretenden.
Es de anotar que Bjarni escribe su hermosa carta de amor a Helga en Kolkustadir, el 29 de agosto de 1997; así que el siglo XX, con todos sus cambios y con dos guerras mundiales, ha desfilado ante sus ojos atónitos; por lo que es plenamente consciente que su mundo está en peligro y que su desaparición es inminente.


Boussole de Mathias Enard (Actes Sud, 2015) 

Actualmente estoy leyendo Boussole (Brújula) la obra ganadora del Premio Goncourt 2015. Una obra de una gran erudición. Es un peregrinaje a Oriente a través de la música, de la literatura, del arte, de los viajeros, de los científicos. Un viaje que comienza en el siglo XIX hasta nuestros días. Es un puente entre Oriente y Occidente, una invitación al diálogo entre culturas milenarias y de una inmensa riqueza. Es también la historia de una rara historia de amor, de un amor no correspondido. Es un viaje que interroga al desierto, que quiere borrar fronteras físicas para mostrar que en el fondo somos seres humanos que seguimos la senda del conocimiento y de la estética. Un mundo que camina en la cuerda floja de Las Mil y Una Noches y  En busca del tiempo perdido de Proust, que camina entre el llamado a la oración de un muecín o los lieders alemanes.

Tríptico de la infamia de Pablo Montoya (Penguin Random House, 2ª reimpresión, julio 2015).

Es a partir de la visión que los hugonotes tienen de la conquista española, en esas tierras indómitas y lejanas de las cuales llegaban las más insólitas leyendas pero también los relatos mas escabrosos, que Pablo Montoya construye su espléndido libro Tríptico de la infamia, y con el cual obtuvo este año el prestigioso Premio Rómulo Gallegos.
Tríptico de la infamia es escrito con una rara erudición, con una de esas sapiencias que uno creería que hacen parte del cuarto de san Alejo y que ya no hay nadie que se interese por un mundo perdido para siempre en los anaqueles de las viejas bibliotecas europeas. Y de pronto, un autor colombiano va y desempolva papeles para luego pintarnos un fresco de ese mundo convulsionado del sigo XVI y traernos a pintores, grabadores y cartógrafos desconocidos para la gran mayoría de la gente, aún para aquellos que amamos la historia del arte; así algunos de sus cuadros no nos sean del todo desconocidos. Me refiero a Jacques Le Moyne (Francia,1533-1588), François Dubois (Francia,1529- 1594) y Théodore De Bry (Lieja,1528-1598), tres artistas hugonotes que van a representar uno a uno la locura desatada por el fanatismo católico en contra de su comunidad; me refiero a la Noche de San Bartolomé, pero también en contra de los indios del Nuevo Mundo. No hay que olvidar que estos personajes fueron víctimas de las Guerras de la Religión que azotaron a Francia desde 1562 hasta 1598; una guerra que de alguna forma habría de tener fuertes consecuencias en los países vecinos, sobre todo en la región de Flandes.
Pablo Montoya nos sumerge en un mundo para muchos desconocido con una frescura propia del pincel de un artista del Renacimiento francés; recuérdese que Francia había quedado rezagada del Renacimiento italiano por haber estado inmersa en la Guerra de los Cien Años; así que como otros países llega tarde a este momento estelar de la historia del arte y del pensamiento. Montoya nos muestra, uno a uno, los cuadros que estos pintores realizaron y la denuncia visceral que hicieron de la religión y de la sociedad de su época. Tríptico de la infamia es un soberbio diálogo entre estos tres personajes históricos, poseedores de una gran cultura, políglotas, pero sobre todo poseedores de una gran sensibilidad social e histórica. Ellos eran conscientes de ser testigos privilegiados de su época y de las calamidades que el fanatismo religioso engendra. Sin olvidar que detrás de esa infamia está siempre escondida la ambición y el deseo de expoliar a los más indefensos; llámense en este caso hugonotes o indígenas americanos. Por eso estos artistas se saben elegidos, saben que son ellos los llamados a retratar la historia para que el horror de su tiempo no quede en el olvido.


La baronesa del circo Atayde (Ediciones Cangrejo, 2015) de Jorge Eliécer Pardo 

La baronesa del circo Atayde, segundo tomo de la saga El Quinteto de la frágil memoria, es un fresco que pone de manifiesto la gran erudición de Jorge Eliécer Pardo y su profunda sensibilidad social que lo compromete con el desamparado, con el desahuciado, no sólo víctima del sistema político y económico, sino del desarraigo que nos acompaña en la larga noche en la que pueblan nuestros sueños -léase pesadillas- metafísicos.
Es por ello que El pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde deberían ser una lectura obligatoria en escuelas, colegios, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos; estoy segura que aprenderíamos mucho sobre nuestra idiosincrasia y entenderíamos este remolino de violencia en el que hemos navegado por décadas. Para entender el presente hay que conocer el pasado y para proyectarse hacia el futuro tenemos que conocer el pasado y el presente. El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Eso lo sabemos con creces los colombianos.


Sin olvidar el mejor libro que leí en el 2014: 

Le chapiteau vert de Ludmila Oulistkaïa

Le chapiteau vert, Editions Gallimard 2014, de la escritora rusa Ludmila Oulistkaïa (1943); no conozco su título en español, tampoco sé si ya ha sido traducido. Es una escritora a la que no dudo en comparar con Marguerite Yourcenar, así de grande es.
Es un libro de largo aliento, denso, erudito, con esa erudición de las novelas rusas. Oulitskaïa nos pasea por los senderos del arte, por los de su música y los de su literatura; nos sumerge en un refinado tratado de sociología e historia rusa. Nos pasea por la época estalinista y pos estalinista, pero también por el época de los zares y del grupo de oposición llamado Los Decembristas.
Es uno de esos libros que nos ponen retos y a veces se tiene la impresión  que se está leyendo a Dostoievski o a Tolstoi. Yo ya había leído un libro de cuentos de dicha autora, Mensonges de femmes (Mentiras de mujeres) Gallimard 2008, pero es este libro el que me sedujo completamente.
Otro de los aspectos que resalto en el libro Le Chapiteau vert es el estilo con el que ha sido escrito. Es una obra que podría leerse como si fuesen cuentos, ya que cada capítulo cuenta una historia diferente, pero todos se entrelazan entre sí; bucean en el inconsciente colectivo y en la memoria colectiva e individual. Y es que ese es otro de los grandes méritos del libro, ya que rinde homenaje a la memoria. Nos recuerda que si bien somos individuos, también formamos parte de un círculo social y político; y que por ende todas las manifestaciones artísticas, culturales, sociales y políticas, deben ser conocidas y reconocidas por nuestros contemporáneos y por nuestros descendientes. Nos recuerda que no somos islas sino continentes, y que no somos nada sin los otros. Nos recuerda que somos producto de la lengua y de la cultura que nos ha alimentado desde antes de nacer; que sin ellas no existimos, no somos nada; sin ellas viviríamos en el limbo.

*Nota : Todas estas reseñas, a excepcion de Boussole de Mathias Enard, pueden leerse en su integralidad en mi blog El Hilo de Ariadna de El Espectador.com.

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