Por ALBERTO BEJARANO

PASIÓN POR LAS POSTALES

Aquiles Cuervo

En estos días se presenta la Exposición, “Le Courbusier, pasión por las postales” en la Universidad de los Andes.

La postal es un género en sí mismo, a mitad de camino entre la carta y el diario íntimo, es una forma de introspección que va hacia el otro, que se funde en la brevedad, en el flash del instante, en la contemplación de un lugar, un objeto, una cara, una sensación. A quienes seguimos escribiendo postales esta Exposición nos regocija. Se trata de un periplo a través de la vida y obra del arquitecto suizo Le Corbusier y sus nexos con cuatro grandes arquitectos colombianos. La visita nos muestra dibujos, viajes, esquemas, escritos y fotografías de los periplos alrededor del mundo de la mano de estos creadores singulares. Uno se deja llevar por los pliegues de la Sala, se maravilla por los trazos de obras soñadas, en parte construidas, en parte vislumbradas.

Me quedé pensando en uno de los comentarios de Le Corbusier sobre los puentes, entender los puentes como una Voluntad, como una promesa, justamente esa sería una definición ideal de las postales: cuando uno escribe y manda una postal (y más aún cuando la recibe), enviamos/recibimos una promesa, de compartir una experiencia, de iniciar una correspondencia, nos abismamos en la espera, en la cita con la próxima entrega. Antes todo pasaba por los buzones, el tiempo se escindía, se contraía, podían pasar semanas o incluso meses esperando una postal y luego llegaba esa dosis de intensidad condensada en un par de frases, en una cita, en un dibujo, o en una anotación aparentemente marginal que retrataba una forma de eternidad.

En los tiempos de la Postal, escribir era algo no-inmediato, no había ese frenesí actual por publicar, por ver y ser visto, las redes sociales no existían, solo los gestos de llevarle al otro una sensación efímera.

Recuperemos las postales, escribamos mensajes en buzones patafísicos, internémonos en los misterios de lo invisible. Uno puede visitar la exposición y luego recorrer las ruinas, los vestigios del pasado y del futuro que se amontonan en el centro de Bogotá, los rascacielos que se avecinan, las viejas casonas que se vienen abajo. Estamos en un tiempo híbrido en el que solo la poesía puede guiarnos. La postal es un subgénero de la poesía como oscultación de lo invisible, como diría Nathalie Sarraute.

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