Por Jerónimo García Riaño

Fruko: La leyenda que cumple 50 años


         Después de dar rodeos por el teatro Jorge Eliécer Gaitán, pasando por el frente, por el lado, como un niño que quiere darle una chocolatina a la niña que le gusta, pero se queda solo dando vueltas viéndola jugar, decidí entrar al concierto que hubo en homenaje a los cincuenta años de la vida artística de Fruko, el músico tropical colombiano.   

Ya dentro, mientras este hombre y su orquesta interpretaban las canciones que lo hicieron popular aquí y afuera, me di cuenta de que aunque el sol le gusta más pasearse por los bordes de este país, toda Colombia es Caribe. La música que nos identifica, también aquí y afuera, tiene sabor a África y a América, a negros y a indígenas, a Cumbia y a Salsa. Esta música deliciosa tiene sabor a resistencia, surgió de la unión de dos culturas que en sus tiempos libres, cuando los españoles los dejaban divertirse un rato, unieron la flauta y el tambor, y con ello se inventaron un ritmo musical que nos ha puesto a bailar por muchos años, inclusive a aquellos que no tienen nada que ver con este gusto musical.

Julio Ernesto Estrada Rincón, o Fruko, es uno de los exponentes más destacados que ha tenido el país en el género tropical. El homenaje en el Jorge Eliécer Gaitán no fue solo para recordarlo como el gran salsero que logró posicionar este ritmo musical en otras dimensiones, al igual que otros artistas colombianos del momento como la orquesta de Washington y sus latinos o la Sonora Carruseles, sino como el músico que le puso su propio sello al género tropical, y creó e hizo parte de agrupaciones en donde él fue invisible, no asomó su cara como sí lo hizo con su banda Los tesos: La Sonora Dinamita (Ay Chavela, Chave; Se me perdió la cadenita), Afrosound (Salomé; La danza de los mirlos; Caliventura) y The Latin Brothers (Valluna; Las caleñas son como las flores; Buscándote). Toda esa música, junto con la voz de Wilson Saoco, puso a bailar a los bogotanos en medio de las sillas del teatro. La fría capital, a la que el sol a veces castiga con su ausencia, se calentó con la música de este gran bajista, pianista y timbalero colombiano.

Fruko no la tuvo fácil musicalmente hablando, desde los 14 años inició su carrera con los Corraleros de Majagual y luego armó sus propias agrupaciones, teniendo como competencia a otras orquestas salseras puertorriqueñas y venezolanas que también tenían gran acogida. El reto era poner a su música al mismo nivel que las de El Gran Combo de Puerto Rico, Los Melódicos, y de otras bandas que llevaban esos ritmos tropicales latinoamericanos por todo el mundo. Inclusive hizo parte de la orquesta Colombia All Star, haciéndole resistencia a la Fania o a la Alegre Records, que eran sellos discográficos que formaron orquestas grandes en el género salsa. Allí estuvieron los músicos colombianos Jimmy Salcedo, Juan Piña, Joe Madrid, Jairo Licazale, Piper Pimienta, John “Saxon” Gaviria entre otros, haciendo su propia música y buscando la manera de integrar la música en un solo sello, como lo hicieron los hermanos puertorriqueños… (Ver el vídeo de la cabecera).
Y el reto se logró, la música de Fruko, no sólo la salsa, sino su música tropical novedosa, incorporando acordes de guitarra eléctrica para hacer cumbia (en La danza de los mirlos, por ejemplo), se posicionó en otros países, logrando que este artista colombiano consolidara su carrera, una carrera que este año ya llega a sus bodas de oro.

Fue especial ver a este señor de 66 años que usa peluquín, interpretando el bajo y recibiendo los aplausos del público que estuvo allí, reconociendo su trabajo, su aporte a la historia musical de este país, porque seguramente pasarán muchas generaciones bajo el abrigo de su música, bailando y gozando, inmortalizando al señor gordo que se parecía a una muñeca de un comercial de una salsa de tomate.


Adenda: Bienvenidos los venezolanos, los españoles, y todos los nuevos acentos que llegan a este país. Las fronteras son necesidades políticas de otros, no del pueblo. Pluralidad, diversidad de pensamiento, de formas de ver y entender el mundo, eso es lo que necesitamos para dejar de estar sumergidos en tanta “godorria” y regionalismo que afecta a la libertad. 


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