Por JOSE ALIAS

Entretanto, por Jose Alias

Entretanto (Tu nombre entre mis dedos) es el nuevo libro del poeta español Jose Alias, publicado por Turpin Editores. 

"Entretanto es ante todo un poemario, como indica el mismo autor, pero podría ser también, por su estructura, un texto teatral;  o, por momentos, un alegato contra la destrucción del mundo, o los remanentes de un ensayo filosófico, a veces, aforístico… Parafraseando al poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen, el arte logra parar la gran rueda del tiempo y nos deja ver la herida abierta.
José Alias pertenece a estos artistas demiurgos, nos muestra la herida desde ese lugar central que es el yo y el tiempo, con la sana y optimista advertencia de Camus desde el epígrafe del libro: “La vraie générosité envers l’avenir consiste / à tout donner au présent” (la verdadera generosidad con el futuro es darlo todo en el presente).
Los poetas no hacemos otra cosa que hablar del tiempo; sea cual sea la atalaya de donde miremos, el tiempo es la medida del ser humano y del poeta. De allí la invitación, desde las primeras letras dirigidas al lector de este libro, para que viva el hoy intensamente como forma de contribuir con el futuro, desechando la abulia y la inercia. Pero, no se refiere a un desenfrenado Carpe diem, hedonista, bello, estético sino, sobre todo, a una existencia ética, bajo pena de terminar construyendo “un cadáver perfumado” como afirma el poeta. Es interesante, pero ya desde el epígrafe de Camus como desde el suyo propio, José Alias nos va dando pistas de los tonos expresivos que encontraremos en el libro, al menos de dos de los principales: una expresión metafórica, a veces, filosófica,  y un tono directo, más coloquial, para referirse al futuro del mundo que estamos construyendo.
El libro está estructurado a la manera de un texto dramático con una Obertura, un acto central que se identifica con el título del libro: Entretanto; un Entreacto que reúne un gran número de textos y un Acto final al que se le suma una Adenda."
                                                                                         
Sylvia Miranda para la presentación del libro en Traficantes de Sueños. Madrid 21 Noviembre 2017.

Texto completo 

La estética sin ética
es un cadáver perfumado

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No apresures más el paso
renace de tus cenizas
la lucha con el mundo
es una batalla perdida

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difícil asunto este del vivir y no morir
en el intento
a cada paso un repaso y la tristeza
que se cuela cómo un animal disperso
la noche bocarriba entre tibia y calavera
que escribí antes alguna vez en otra parte
ni el arte de la desilusión nos llena los versos
ni sabemos ya a qué atenernos
entre tanta zona boscosa asolada de turistas
las botas de siete leguas en el estante
a cada instante otra punzada
derretida por los polos
y el desierto cada vez más seco más cerca más inmenso.
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Relato del hombre desnudo

Me dijo el alcalde del pueblo que le habían dicho que
–Este verano han visto a un hombre desnudo en la
poza del monte, junto a los riscos.
–Eso no está bien, sentenció.
Le miré por un momento y le dije lo primero que me
vino a la cabeza:
–Y este otoño vieron a veinte hombres armados,
pegando tiros monte arriba a los fantasmas de una
cacería del siglo pasado.
Se le puso cara de póker, escupió en el suelo y dijo
dando media vuelta mientras se alejaba:
–Era una cacería autorizada.
Me quedé pensando un rato en aquellos recuerdos,
mientras me ponía la ropa junto a la poza, preguntándome cómo vendrían las lunas del próximo invierno.

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Precious memories

(In memoriam JJ Cale)

La esperanza es un tutú descolorido bailando a deshoras sobre el lago de los cisnes, se viste de amarillo en los estrenos y desafina blues como un borracho.
Ni esperanza de cielo, ni miedo al infierno, al cabo y
al fin todo y nada giran en el aire, como esa moneda
que cae acuosa sobre su dorado canto.
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A eso de la media tarde
me distraigo
me desbordo
me descentro
y nada me consuela
el mundo se hace inquietud
ni tu ausente presencia
me calma
me acalla
me acuna
entonces escribo
me deshago
me olvido
muero
y todo lo que me acompaña
desde que recuerdo
se olvida
y me encuentro sólo
cómo un ciego sordomudo
sin techo ni suelo
es la hora de la fiebre
decía mi madre
la antesala
de la agonía
el desvelo


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Noche de magos

si has sido malo te traerán carbón
si has sido bueno una piruleta
un globo
un puñado de lapiceros
para colorear el negro color del mal

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Revoloteos de nictálope

Me han nacido
tres nidos de golondrina
junto a la oreja derecha.
Algunos consideran que
es un problema.
Nada más lejos.
Durante el día
acunan pensamientos frescos
que vuelan sin detenerse.
Y en la noche
atentos y oscuros como un vencejo
se cierran sin rechistar.

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ayer
volviendo del rio
fresco del baño
bajo un sol abrasador
creí ver un espejismo
pero era cierto
un pequeño zorro me miraba
el silencio le hacía presente
miles de guerras
millones de muertos
cuenta la historia
qué mala memoria
seguir en lo mismo
matar al enemigo
destrozar los nidos
reventar el silencio
para dudar
de la mirada de un pequeño zorro
bañados en sangre
bajo el sol que nos calienta
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Al fondo del pasillo donde mi madre delira se bifurca la galería, a la izquierda los terminales, a la derecha locos sin fin. Y entre este laberinto de disturbios inconsolables, un páter de presencia apocada con aspecto de santo que tal vez esconda un sicario… pienso de forma automática mientras escribo:

En la planta de psiquiatría del viejo hospital
las ventanas están selladas
sin picaporte ni espera
Un ministro del Señor
se pasea indeciso
como un boxeador noqueado
entre las cuerdas
y los locos
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Saber de ti
tras largos abusos de ausencia
me pone tras la pista
y deshoja mi cáscara de limo
Me acomodo sin remedio
a unos versos de urgencia
Liana en la selva del mapa
territorios acotados al silencio

Saber de mí
otra vez despierto y saliva
anuncia las termitas
que devoran sin descanso esta vida
tras la muerte del péndulo parado
que imaginé en un camino

Justo a la vuelta
de tu regreso
cuando aún no has venido
y mis puñales sangran
riendo de pura vida.

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Al hilo de la luz

Dejé los libros al sol
con la peregrina idea
de borrar mis trucos recurrentes.
Tras largos inviernos
y veranos sin lluvia ni viento
quedaron en la tapa dos palabras,
apenas una sombra:
José Alias.
Entonces comprendí que era inmortal…
hasta el momento de mi muerte.

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