Oda a las plazas de mercado




Cada salida del sol da inicio a un nuevo día en una plaza de mercado en el mundo; allí, las labores empiezan muy temprano y se prolongan hasta que el sol se oculta. Hombres y mujeres de todas las edades disponen, en forma ordenada y atractiva, productos que, en su mayoría, son traídos del campo o de manos de artesanos.
Las plazas de mercado son los centros económicos y sociales de los pueblos, allí se va a realizar todas las transacciones comerciales, comprar, vender y  cambiar de todo. Cuando llegamos a un pueblo o a una ciudad, es lo primero que debemos visitar, así podemos saber a qué sitio llegamos. He descubierto en mis viajes sitios maravillosos: la plaza de mercado de Lorica, muy similar a una plaza de una ciudad Árabe, su  cercanía al rio Sinú, le da una belleza especial. Son muchos los recuerdos de las plaza de mercado  en algunos barrios de La Habana, la plaza de San Vicente de Chucurí y sus alrededores con venta de chivo asado, la plaza de mercado de Villa de Leyva y el mercado que conocí hace poco, donde se le vuelve a uno agua la boca, La Boquería, en Barcelona.

La naranja, el mango, el zapote, la guanábana, la chirimoya, la algarroba, el níspero, la uchuva, la mora, el mortiño y la interminable lista de regalos de la naturaleza concentrados todos en un solo sitio dispuesto para el visitante. Y qué decir de las yucas, arracachas, papas, zanahoria, apio, cilantro, maíz, berenjenas, ajos, cebollas que, unidos a la carne de pollo, cerdo, res, conejo, pescado, mariscos,  nos proporcionan los ingredientes para sopas, sancochos, guisos, empanadas, tamales y otras delicias de nuestra comida.
Los canastos, las ollas de barro, las esteras, las materas, las cotizas o alpargates, el carbón de leña, el sahumerio, las plantas medicinales, los compuestos, el mate para el niño, las cobijas de lana de oveja, las agujas, los hilos, las matas y las flores para terminar de adornar la casa de los vivos y la tumba de los muertos. Todo esto puede encontrarse  junto solamente en un mercado de pueblo.

Comer en una plaza de mercado es delicioso. Para describir un desayuno tendremos que definir en qué sitio del país nos encontramos: En las costas probablemente nos sirvan pescado frito, arroz y patacones o carimañolas, buñuelos de frijolito y queso, acompañados de suero costeño. En Antioquia se sirve arepa, huevos o carne , quesito, buñuelos y empanadas, acompañados de una taza de chocolate. En buena parte del país, se sirve al desayuno caldo de costilla o hueso de res, con papas y cilantro, arepas en las diferentes versiones y/o, huevos,  pan y chocolate.

Para almorzar encontramos desde típico antioqueño, sancocho de res o pescado, las carnes en todas las presentaciones: guisadas, asadas a la plancha, posta, sobrebarriga, hígado encebollado,  arroces variados, fritos y ensaladas. Y como  bebidas  hallamos  chichas, guarapos, avenas, mazamorras, jugos y cafés.
Reflejo de los cambios por los que atraviesa el mundo actual nos los presentan las plazas de mercado, ellas  son un muestrario de las diferentes transacciones comerciales internacionales, por eso encontramos en la plaza ajo de China, manzanas y uvas chilenas, pescado de Vietnam, leche en polvo de Holanda, aceite de oliva español, cebollas ecuatorianas. Las plazas de mercado marcan el pulso de la economía del sitio donde estén ubicadas; sus transacciones y la cantidad y la variedad de productos que ofrecen indican qué clase de personas habitan el lugar, si estamos ante una sociedad elemental -donde las transacciones en gran parte son por trueque- o ante sociedades modernas- que reciben pedidos por Internet y hacen a su vez compras a sus proveedores por medios electrónicos.
Ir al mercado en familia, con canasta o con talega de tela, es un programa que nos reconcilia con las tradiciones y los placeres de oler, ver, coger, probar, comer, oír, admirar y todas esas sensaciones que son tan propias de una plaza de mercado.
Les dejo un álbum y un poema.

Bodas de ensalada
Los cambios de matices
En las que croquets que se están fritando
En la carnicería
Tienen la misma prisa
Que el parpadeo de tintes del ocaso.
Machi Tawara

3 comentarios:

  1. Que buen artículo. Hace muchos años alguien me dijo que si uno quería conocer realmente una ciudad, debía conocer la plaza de mercado. Y eso es cierto. Y como la autora de esta crónica, cada vez que voy a alguna parte visito su plaza de mercado porque allí está la magia y la vida de las ciudades.

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    1. Hola. Pienso lo mismo: es un buen artículo, le dan a uno ganas de visitar dichas plazas. Confieso que nunca se me había ocurrido ir a las plazas de mercado de los sitios que he visitado, pero a partir de este artículo voy a tenerlas en cuenta. Me encantaron también las fotos de La Boquería.

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  2. Yo también visito las plazas de mercado, en muchas he visto personas realmente raras e intuyo que muchas son también guarida de psicópatas y demás personajes siniestros.

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