Por LECTURAS DE 2016

Lecturas Corónica de 2016

El subrayador, Pedro Mairal. (Laurel)


La impecable editorial chilena Laurel editores reunió las columnas que durante cinco años escribió Pedro Mairal para el diario argentino Perfil. El resultado es un libro simple y profundo, tranquilo, sin aspaviento, con un sentido del humor que parece involuntario, es decir, genuino. Se trata de una mirada poética a temas cotidianos y a la vez subyacentes de nuestro tiempo: la vocación, los conjuntos cerrados, las fotos de solapa, los taxistas, McDonald´s, la inservible experiencia, el verano, los residuos del lenguaje, la comida conceptual, la pereza. Las páginas misceláneas de El subrayador dejan una sonrisita de empatía, un certificado de que el autor consiguió establecer un vínculo con la parte más desvestida y serena del lector. 

 Jose Hoyos


El hijo, Philipp Meyer. (Literatura Random House)


Nación paradójica la de los Estados Unidos: en ella se dan cita lo mejor y lo más vil de los siglos XIX y XX. ¿Quién hoy se atrevería a negar que durante al menos cuarenta años –los primeros cuarenta años de la problemática y febril centuria de Cambalache– la novela, la mejor novela del hemisferio occidental tuvo ciudadanía gringa? En un periodo relativamente corto irrumpieron en las letras en ingles las obras de Faulkner, Buck, Steinbeck, Hemingway, Dos Passos y Fitzgerald. Tremendo sismo provocaron en el orbe literario los libros de semejantes titanes. ¿Qué otra cosa inventaron los gringos? Hum, varias, pero para el caso que nos corresponde baste señalar el western, esa épica moderna, tan parecida a los viajes espaciales, a la conquista de lo ignoto. Y, entonces, ¿qué decir de las novelas western? Salvo las de Cormac McCarthy –otro gringo que merece el Nobel– casi todas resultaron siendo productos de menor valía. El Hijo, de Philipp Meyer,  que aspira a ser La Gran Novela América –el imposible sueño de dejar registrados y convertidos en arte los elementos de la identidad norteamericana– logra el no menor triunfo de ser una novela de primera, en la cual se alternan personajes asombrosos –tipos sociales bien trazados– que dan luces sobre la idiosincrasia de Texas. En sus páginas se dan cita lo sublime y lo vicioso, la violencia y la valentía. Tal vez, Meyer nos ayude a comprender mejor las paradojas de un pueblo que ama sobre todas las cosas la libertad y, al tiempo, no tiene objeciones a la hora de masacrar indígenas, vietnamitas, alienígenas, en fin.

 Angel Castaño Guzmán



Las cosas que perdimos en el fuego, Mariana Enriquez. (Anagrama 2016)




Este es un libro de cuentos. Once artefactos misteriosos que emergen de la cotidianidad para acabar convertidos en pesadillas. Once cuentos en los que Mariana Enriquez, edifica un espacio urbano familiar que poco a poco se transforma en una telaraña en la que todos terminamos atrapados. A veces una exploración al terror es un viaje al interior de nosotros mismos, a las profundidades de los conflictos sociales en los que el espanto es una pieza clave para entender esa realidad viscosa que nos atormenta a diario. Si bien el mundo de Mariana Enriquez es un escenario en donde mujeres que luchan contra la violencia o policías enfermos se entrecruzan con estudiantes intoxicadas  que se arrancan las uñas, también encontramos cuentos sobre épocas políticas oscuras, sobre asesinos seriales, sobre edificios abandonados y supersticiones rurales; tópicos oscuros de esos que pasean junto a nosotros por la calle; espacios escalofriantes en los que conviven el amor y el desamor, los celos y esa clase de horrores que también nos configuran como especie y que nos acompañarán hasta la hora de nuestra muerte. En estos once cuentos el lector se ve obligado a deshacerse de la idea de su existencia para inmiscuirse en desapariciones de cuerpos que aparecerán de nuevo en sus sueños. Mariana Enriquez es, sin duda alguna, una de las narradoras más valientes y sorprendentes del siglo XXI, no sólo por atreverse a configurar un universo terrorífico en un libro de cuentos y rescatar de esta forma un género perdido, sino por evocar una realidad tan espantosa a través de su escritura. Un terror cercano, como la vida.

 John F. Galindo



La soledad de los números primos, Paolo Giordano. (Salamandra)


La novela que leí este año y que recomiendo se llama La soledad de los número primos, escrita por Paolo Giordano, que además de ser escritor es físico teórico, lo que le da un plus que se nota en su narrativa, empezando por el nombre de la obra.
Esta novela narra la historia de dos amigos, Mattia y Alice, que desarrollan una amistad a través del tiempo a pesar de la inmensa soledad que los rodea. Son dos personajes que desde niños son marcados por una tragedia y que los convierte en únicos (como los números primos), entre otras cosas, estos personajes nunca se pueden encontrar pero siempre se llevan presentes en su pensamiento (a excepción del 2 y 3, no existe hasta el momento dos número primos seguidos, que se tomen de la mano uno al otro). Estos personajes tienen condiciones particulares que también ocurren en el espacio abstracto de las matemáticas: los números también tienen historias.
Es una novela con una bella narrativa, movida, por supuesto, por las habilidades en física y matemáticas de su autor puestas en los personajes  y alimentada por las historias que les ocurren a estos dos chicos.

 Jerónimo García Riaño


Nuestra necesidad de consuelo es insaciable, Stig Dagerman. (La valija de fuego)



Sobre uno de sus personajes Flannery O´Connor dice que habría sido una buena mujer si hubiera tenido alguien que le disparara cada minuto de su vida. Un escritor amigo cree que el disparo del que habla la domadora de pavos se trata del reconocimiento de la muerte, o de la muerte misma: muertos exhibimos nuestra mejor versión. Yo creo que los disparos son conceptos, ideas, que no toda idea lo es, y que el trabajo de quienes escriben es cargar su revólver con las que sí, con las que dañen lo suficiente. Dagerman, preocupado por el consuelo propio, dice: “sólo me importa aquello que nunca consigo: la confirmación  de que mis palabras conmueven el corazón del mundo.”
El ensayo tiene once páginas. Le precede un cuento perturbador, Matar un niño, y eso es todo. Once no hacen un libro, lo discutimos, pero sí un arma. La de Dagerman apunta justo al centro del hombre: a la pregunta sobre si la vida merece o no la pena de ser vivida, y al único consuelo que el hombre tiene ante ella: el tiempo, que nos recuerda que nada de lo humano es duradero.

 Jhon Isaza


The Sellout, Paul Beatty. (Farrar, Straus and Giroux)


The Sellout podría traducirse como "El vendido", el traidor. Paul Beatty juega en esta novela con las traiciones cotidianas que implican llegar a acuerdos falsos en una sociedad que, hoy menos que antes pero también hoy más que nunca, vive acorralada por identidades de raza. Algo no traicionó el narrador: su compromiso con la tradición de la alta novela estadounidense. En esta, el humor alocado, el junte adúltero entre lo canónico y lo chabacano, la manía de disecar sueños y de soñar momias son normales. No precisaba elegir: en caso de que hubiese tenido que llegar a esto, Betty hubiese privilegiado los goces literarios sobre la crítica social. Quizás yerro en mi conclusión: quiero decir que The Sellout es un disfrute enorme más que otra cosa.

 Alejandro Carpio

 



Todos nuestros ayeres, Natalia Ginzburg. (Lumen)


Los dramas personales son casi minúsculos frente a lo que puede significar un drama colectivo. La historia de Ana, su drama minúsculo y los de su familia rodean el inicio de la historia. Mientras en las casas hay quienes sufren por amor, otros crean juegos como atentados contra Mussolini, otras están dedicadas a los oficios de la casa y otros salen y juegan a escaparse. Afuera de las casas se viene el drama colectivo: los años previos a la segunda guerra mundial. En las primeras páginas del libro estos pequeños dramas de un pequeño pueblo al norte de Italia toman fuerza para luego perderla por la guerra. Cuenta el antes y el después de la guerra. Cuenta la historia de una generación que tiene en sus espaldas el dolor, la angustia de la vida, los sueños acabados, la soledad. Una historia que inicia con Ana, con su inicio en el amor y que termina con la viudez. Una historia que se repite y que puede ser la misma historia de Natalia Ginzburg.

Catherine Rendón

Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata. (Austral)


El escritor Toshio Oki viaja a Kioto para asistir al toque de campanas de Año Nuevo. Durante el viaje, decide visitar a la pintora Otoko Ueno, que fue su pareja en el pasado. La pintora lo recibe acompañada: ahora comparte la vida con Keiko Sakami, una muchacha que creará un vínculo sentimental con el escritor para vengar a la mujer de la que está enamorada por el daño que él le hizo. El daño que le hizo fue seducir y embarazar a Otoko siendo ella una adolescente, mientras él estaba casado y era padre de un hijo. Otoko perderá a la hija en un parto prematuro y la madre la llevará a otra ciudad para evitar el contacto de la muchacha con el escritor. La venganza consiste entonces en seducir al padre y al hijo por la marca que dejó ese episodio del pasado en la vida de la pintora. Los celos son un universo narrativo en sí. Toda una literatura nace y morirá con ellos. Proust decía que no había forma de no sentir celos si hay amor. Como si el amor y los celos fuesen consubstanciales. Los celos no son únicamente la angustia de perder a quien se ama, sino el afán de poseer algo que no te pertenece y autoinculparse por dicha pérdida. Me costó identificar cual es el núcleo del drama en esta novela. Porque no podía localizar al protagonista. No es el escritor ni la pintora, sino la amante en común y lo que desata en su mente la manera en que imagina el pasado. Lo curioso de este relato es que el personaje secundario es el motor del conflicto dramático: su anhelo de posesión y el deseo de venganza convierten el pasado de la ex pareja en un drama presente para Keiko. El sufrimiento mayor proporcionado por los celos de Keiko Sakami hacia la reaparición del escritor en la vida de Otoko proviene del pasado. No se enfrenta a un rival en el presente, ni la presencia de Oki amenaza con hacerle perder lo que ama, tampoco ha sido responsable del daño causado por el escritor a su pareja, puesto que todo ocurrió en un tiempo donde la pintora no era ni siquiera pintora. La mente de Keiko Sakami, la red de implicaciones que su deseo de posesión la hace vivir, se afianza en supuestos mentales que Kawabata explora con una prosa sutil y traslúcida como un velo que permite ver desde fuera de una habitación a los habitantes que ignoran ser observados. 

Stanislaus Bhor


Ciudad en llamas, Garth Risk Hallberg. (Literatura Random House) 


Es una monumental mirada al microcosmos norteamericano que creó nuestra tragedia global. Portentosa, ambiciosa y a ratos fallida, es un ejercicio narrativo obligado para comprender nuestro presente.

 René López Villamar


Manual para mujeres de la limpieza, Lucía Berlín, Cuentos. (Alfaguara) 



Lucia Berlin se anunció como el gran hallazgo litearario del año; redescubrimiento en el medio estadounidense, pero un magnífico descubrimiento para quienes leemos en castellano. En medio de una vida difícil escribió a lo largo de su vida más de setenta cuentos, los cuales fue publicando en prestigiosas revistas y en ediciones medianas que nunca gozaron de tanta atención como ahora, en el que se decidió publicar toda su obra tan solo para el asombro de los lectores devotos por el género y el aplauso de la crítica, que con justicia ha decidido encumbrarla como una de las voces más potentes de todo el siglo XX. Los personajes de Berlin, sus mujeres, se mueven en los relatos con soltura, con una visión honda de la vida pero que se destila a través de acciones cotidianas, absurdas, pocas y banales, con ese ritmo frenético que suele caracterizar a vidas agobiadas por el tedio que suele instalar la rutina. Son cuentos construidos desde una mirada perspicaz que hace concesiones tanto con el humor como con la inocencia; se hace evidente la irrupción de una voz aturdida por la certeza de una vida convulsa, intimidada por sucesos crueles o los constantes desmanes del amor, las drogas o el licor. Mujeres de carne y hueso hay en estas páginas. Mujeres que podrían ser la misma Berlin sofocada en las tribulaciones de su vida. Mujeres que aman, lloran, que intentan vivir a su modo, que se ajustan a la sociología de una época. Personajes que lo intentan todo para pasar por este mundo con decoro. 

Andrés Mauricio Muñoz 


De ganados y de hombres, Ana Paula María. (Eterna Cadencia) 


Es la quinta novela de la brasileña Ana Paula Maia –primera traducida al español-. Se enmarca en un matadero de ganado que abastece de carne a una fábrica de hamburguesas. Lo excepcional ocurre cuando los animales comienzan a suicidarse antes de entrar en el establecimiento. La autora, públicamente interesada por el universo masculino, encara esta ficción sin miramientos, matices o eufemismos. La naturaleza de los hombres y el ganado se intercambian: mientras los primeros se convierten en animales y pierden todo el sentido de la vida, los segundos parecen tomar consciencia. Esta novela está rodeada de sangre, de muerte, de dureza. Por momentos se perciben pasajes que evocan a Rubem Fonseca, sin querer decir que Maia no tenga voz propia. En resumen, esta historia potente, sangrienta y violenta muestra con solidez la nueva cara de la narrativa brasilera. 

Sara Giraldo Posada


Un mundo Huérfano de Giuseppe Caputo (Literatura Random House)



Se ha dicho mucho y poco de la primera novela de Giussepe Caputo. Mucha nada por parte de su gran familia de “promocionadores” y poco en opinión de quienes creen que meter la manos en un libro y buscarles mil referencias literarias y filosóficas es desentrañarlo o descubrirlo. Yo dirè un poco menos. Es una buena novela, rara por momentos, depresiva por muchos otros. Violenta como una zarpa travesti, terrible como una cucharada de emulsión scoth con pimienta. Bella como esas criaturas fugaces que encontramos en los callejones o las madrigueras. El hecho de que su lectura me provoque tantas cosas es motivo para recomendarla en este espacio, en especial para lectores huérfanos.

John Better


Declive, Antonio García Angel. (Literatura Random House)


Declive de Antonio García Ángel es un tobogán de doscientos metros por el que uno se precipita sin darse cuenta que atrás, ganando velocidad, viene la vida con bafles de doscientos decibeles sacudiendo bachatas, merengue y reguetón sobre el hombro. Al protagonista de la novela, Jorge, le crecen cuatro tallas de pie en una noche y hormigas negras salen de su nariz mientras un espejo deformante barre con todo lo que entendemos por realidad. Declive no se puede soltar.

Gabriela Alemán




Crónicas del desamor,  Elena Ferrante. (Lumen)
Camila García

Marienbad Eléctrico, de Enrique Vila-Matas. (Seix Barral)
Juan Soto

 

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