Por lista de libros literatura colombiana

Sugerencias pre-navideñas (II)




En breve muchas familias colombianas se congregarán alrededor del pesebre para entonar los tutainas y recibir dulces. ¿No sabe qué incluir en la lista de pedidos al niño dios o a santa Claus? Antójese, varios lectores le recomiendan libros que merecen alcanzar la cima de los más vendidos.


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Daniel Ángel

Podría hacer un listado medianamente extenso de algunos libros que me gustaría ocuparan los primeros lugares en ventas, sin embargo muchos de estos libros [por no decir todos], ya ocupan dicha posición en el mercado, ya que sus autores son publicados por las grandes maquinarias editoriales, que a su vez invierten dinero y esfuerzos en la publicidad de sus libros, por supuesto, para que el negocio sea más rentable. 

Por eso, me parece loable y heroico que editoriales independientes publiquen obras de tan alta calidad para hacer contrapeso al fenómeno de la industria editorial, como ocurrió con Angosta editores y el libro Criacuervo del escritor cartagenero Orlando Echeverry Benedetti, una historia que relata un desencuentro y el posterior encuentro de dos hermanos de origen alemán en un pueblo recóndito de la Guajira colombiana. Una obra escrita con un lenguaje certero, sencillo, pero a su vez de una gran profundidad que logra serias reflexiones sobre la familia y lo efímeros que somos los humanos y nuestros recuerdos. Y el otro libro es Once días de noviembre del escritor ibaguereño Óscar Godoy Barbosa, publicada bajo el cuidado de la editorial Desde Abajo. Se trata de una novela polifónica, perfectamente estructurada que presenta unos giros narrativos sorprendentes que enriquecen el centro de la novela, que relata los días transcurridos entre la toma del Palacio de Justicia sin mayores subjetividades ideológicas que las dadas por los personajes, ni sentimentalismos históricos, hasta la erupción del volcán el Nevado del Ruíz. Con maestría, el autor entreteje los conflictos de un padre con su hijo, que se han distanciado por asuntos del pasado.

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Salomé Cohen Monroy

Me gustaría ver Azares del cuerpo, de María Ospina Pizano, en todas las listas de los libros más vendidos. No solo por la belleza de su lenguaje y las buenas historias que tienen estos cuentos, sino porque ofrecen una nueva mirada a las vidas de las mujeres. Alejadas de todo cliché, las mujeres que protagonizan estos cuentos ofrecen una visión profunda de temas como la guerra, el duelo, la obsesión por salvar a los otros, las relaciones de clase. Aunque vale la pena decir que no es un libro exclusivamente para mujeres. Es para cualquiera que disfrute de la buena literatura, más cuando esta aborda de forma original la historia y el contexto del país. Es una forma de volver al cuerpo, para escuchar todo lo que tiene por decir y contar.

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Fabián Buelvas

El libro que quisiera que todo el mundo leyera no se consigue en librerías. Tiene 58 páginas, es de una editorial barranquillera entre independiente y clandestina llamada Luna con Parasol, y se titula Mi última aventura. El autor es Aníbal Tobón, escritor, poeta, borracho, actor y titiritero, un tipo tan barranquillero, independiente, clandestino y flaco como este libro. Alguien fundamental para entender buena parte de la literatura de la ciudad en los últimos 20 años.

Aníbal murió el 17 de agosto de 2016. Como en vida dejó más amigos que obra, al año siguiente le hicieron un homenaje: un Celebratorio, le llamaron, para hacer un juego de palabras con uno de sus inventos que más hizo carrera: el Concervezatorio, la reunión de personas que concervezan. De ese homenaje salió Mi última aventura. Las primera parte resume las actividades del Celebratorio y solo hasta la página 29 aparecen sus poemas. Fueron escritos probablemente en 2016, con la muerte encima pero sin perder de vista la sabrosura que era para él estar en el mundo. “Morir cayendo o ascendiendo/en medio de una fiesta de botellas rotas”, dicen un par de versos suyos.

Los 15 poemas de Mi última aventura son prácticamente los únicos que hay de Aníbal en papel, con excepción de lo que se consigue en revistas como Puesto de Combate (78 y 82-83) y Viacuarenta. Un tipo que hacía tantas cosas al tiempo no se preocupaba por meter en algún formato su obra, que además era fundamentalmente oral. Milcíades Arévalo decía que todo lo que hablaba Aníbal era todo lo que escribía, y todo lo que escribía era porque ya lo había soñado. Yo le escuché decir alguna vez que los sueños y los recuerdos son la misma cosa, y que siempre, siempre, hay un recuerdo que nos vuelve locos.
El libro vale $10.000. Lo venden en la Fundación Luneta 50, luneta50@gmail.com 

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Álvaro Vanegas

Érik Zúñiga es un tipo de baja estatura, delgado y de cara bonachona que poco tiene que ver con lo que ronda su cabeza, y es que es difícil encontrar en nuestro país alguien que conozca más sobre el género del terror, en especial cuando de películas se trata. Zúñiga es, para resumir, una biblia del horror, el suspenso y todos sus subgéneros y vertientes.  Con esta base, un libro como Los monstruos no van a cine  se convierte en algo imprescindible para los amantes del género. En siete relatos y con tan solo 111 páginas, Zúñiga nos obsequia un extraordinario viaje por el pasado y el presente del género, acudiendo sin reparos a los monstruos clásicos, como los vampiros, los hombres lobo y los zombies, entre otros, sin dejar de lado que es un libro absolutamente colombiano y que se desarrolla casi todo en el Valle del Cauca, (departamento de origen del autor), con diálogos que reflejan todo el sabor y la cadencia tan propios de esta zona del país y salpicados de inocencia infantil y un humor fácil de entender que matizan con presteza cada cuento. A esto se suma una portada muy acertada y atractiva, que hace un bello homenaje al cine de Serie b, tan característico del cine de los años 50 y 60 en USA y que aún hoy cuenta con cineastas dispuestos a apostarle y un público fiel que lo ha convertido en un género de culto. En resumen, Los monstruos no van a cine es un deleite para chicos y grandes, para amantes del género y para neófitos, un libro que merece ser leído y que, además, posee las cualidades para llegar tanto a lectores avezados como principiantes, siempre y cuando tengan un objetivo claro: pasarla bien.

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Esther Tejada 

"Las utopías salen de los días más oscuros", replicó la historiadora Diana Uribe en su libro Contracultura, un ejemplar bonito y colorido que repasa movimientos sociales de los años sesentas y setentas. Cuando hablamos de contracultura viene a la cabeza esa imagen bonita, precisamente, de luchas e incluso idilios de universos no politizados. Cólera es una publicación que manifiesta lo contrario. Es un libro que entiende la contracultura como “una búsqueda de lo político fuera de la política”. Se cuestiona a sí mismo, critica la cultura dominante desde ‘el arte’ e incluye en su literatura modos de ver el mundo desde la autonomía. Este libro protesta contra las convenciones. Ilustra la homosexualidad y su relación con la vida social de personajes públicos del país, reinventa “lo correcto” y narra crudamente los efectos secundarios de un mundo globalizado.

Son varios los autores de este libro que, con ansias de reproducir lo pensado desde diferentes marginalidades, incluyeron esta publicación en AÚN 44 salón nacional de artistas, programa estatal de apoyo al arte contemporáneo. Una o dos dicotomías: el libro critica la exposición de lo marginal como mercancía y al mismo Estado colombiano, a la autoridad. Todo esto lo hace por medio de entrevistas a personajes de la contracultura colombiana involucrados en colectivos que trabajan a partir del cómic, el fanzine, el graffiti y el punk. El libro es una idea visual e incluso sonora de la contracultura colombiana. 

¿A quién regalarle este libro? ese amigo de lo bizarro, al que lo seduce la idea de recordar antiguos toques de punk en Chapinero, y otros desordenes varios, se lo agradecerá.

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Sara Zuluaga García

Un deseo caprichoso: que el libro más vendido del año sea ese que por azar llegó a nuestras manos un día y que ahora queremos que se propague, que circule como un afortunado descubrimiento. Dentro de las posibilidades voraces que fueron publicadas este o años cercanos, apelo a un criterio fugaz: un libro que haya causado lo que los demás no. 

La intención fue académica: algunos estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Rosario, decidieron a finales de 2008 crear un Seminario Internacional para discutir sobre el mal. El resultado fue un libro escrito por catorce autores, editado por dos de ellos: Ángela Uribe Botero y Camila de Gamboa Tapias. Fuentes del mal es una compilación de ensayos sobre las aristas humanas, históricas, religiosas y políticas que versan sobre la maldad. No es un libro sobre el conflicto, ni sobre terrorismo y narcotráfico; los debates escritos allí se enfocan en las acciones atroces sin fines claros. Hablan sobre la naturaleza de hombres tremendos de ingenio aterrador, en palabras de la periodista argentina Leila Guerriero: “Malos químicamente puros”. 

El libro no fue pensado con la frivolidad periodística de poner a las personas detrás de las cifras; tampoco con melodrama ni emocionalidad empalagosa. Los ensayos se preguntan sobre la existencia del mal moral, del mal genético; sobre la relación de Dios con la tragedia; la relación de Borges, Hannah Arendt y Pierre Bayle con la intención de causar daño; sobre el Mr Hyde de todos. 

El libro sugiere -y aquí lo más valioso-, que para hablar de la narración de un conflicto nacional -ya sea periodismo, literatura-, no basta con lo que creemos que basta. Fuentes del mal es un engranaje de piezas clave para la compresión actual de la maldad en Colombia. Quizá la preocupación por escribir la tragedia nacional se ha quedado en hablar de todo lo que rodea a los hombres, y no de los hombres. 

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Ángel Castaño Guzmán

Son tantos los títulos de nuestra tradición novelística que por razones distintas a la calidad literaria están fuera de circulación… Pienso, por ejemplo, en Olivos y aceitunos, la deliciosa novela cervantina de José María Vergara y Vergara, y en la ilustrativa Martín Flores, del incansable José María Samper. ¿No es Manuela, de Eugenio Díaz, una de las más interesantes ficciones del siglo XIX neogranadino? ¿Acaso en ella no encontrarían las feministas, los ambientalistas y demás radicalismos chic mucha tela para cortar? Diana Cazadora, el canto de cisne de Clímaco Soto Borda, anticipa, según Alfredo Iriarte, la ficción urbana en esta esquina del continente americano. Caín, de Eduardo Caballero Calderón, vigoriza la leyenda bíblica al hacerla palpitar en las tierras de Boyacá. Todos ellos y otros merecen subir entre aplausos y vivas a la cumbre de los libros más vendidos. Sin embargo, aquí se pidió que se recomendara una o a lo sumo dos obras y yo ya llevo cinco. Bueno, va la sexta. Casa de vecindad, de José Antonio Osorio Lizarazo, presagia en su historia el desmadre de una urbe que sueña con el metro pero a diario se atasca en busetas microscópicas. La novela fue hace poco reeditada por Laguna Libros junto a otras dos de Osorio L.

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J. J. Junieles

Ojalá todo aquel aficionado a los secretos sobre la forma de concebir y relatar historias pueda leer este libro. He aquí un tema que mereció quince años de trabajo investigativo, análisis, revisión y escritura. Es una maravillosa reconstrucción de la relación entre el joven aprendiz, García Márquez, con uno de sus maestros más relevantes y primer editor periodístico que tuvo, Clemente Manuel Zavala, en Cartagena de Indias. El libro se titula Cómo aprendió a escribir García Márquez, escrito por el periodista y poeta Jorge García Usta (qepd). Un documento pionero en el estudio de muchas fuentes de historias y diversos tratamientos por parte de Gabo. Aparecen ejemplos y modelos de estrategias (y criterios) para una sabia apropiación de recursos y herramientas narrativas y poéticas.

Este libro va por su tercera edición, esta vez en Collage Editores, y aunque alguno diga que no viene al caso, sería una deslealtad profesional no decir que  -según mi experiencia y la de otras personas-, Collage es una empresa que desmerece la confianza de los autores por su su irresponsable incumplimiento en varios aspectos. No recomendable a nadie que piense editar. Sin embargo, este libro que recomiendo, trasciende esta circunstancia terrestre. 

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Jerónimo García Riaño

Me piden que diga qué libro colombiano quisiera ver en la lista de los más vendidos en diciembre. Es un ejercicio que le permite a mi gusto darse el lujo de vencer a las librerías y a las editoriales que ponen a las obras más populares y de autores reconocidos encabezando listas, y limitando la posibilidad de explorar otras opciones no tan conocidas en el medio.

Así pues, aprovechando el permiso que me otorga la Revista Corónica, quisiera ver entre los libros más vendidos en diciembre la novela Once días de noviembre, del escritor Óscar Godoy Barbosa, porque es una obra, que además de tener en cuenta dos episodios ocurridos en la historia reciente de Colombia, contiene una narrativa que crea una serie de sensaciones en el lector que lo acercan a los personajes de la historia y a las historias mismas. Es decir, logra lo que una obra literaria, a mi juicio, debe lograr: que al cerrar un libro respiremos profundo y nos dejemos llevar por todas esas sensaciones que aparecen con lo que acabamos de leer. Eso lo logra esta novela, la conexión con la vida a partir de unos hechos históricos convertidos en historias gracias a la narrativa y a los personajes que corren por ella. Once días de noviembre es una obra que debe estar no solo en las librerías y en las listas de los más vendidos, sino en los anaqueles de las bibliotecas de los colegios para que la historia llegue a los estudiantes a través de la literatura. 

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Javier Zamudio

Instrucciones para matar un caballo es el libro con el que Adolfo Ariza Navarro obtuvo este año el portafolio de estímulos de la Secretaria de Cultura de Barranquilla. Fue publicado por Trópico Editores. Es un libro compuesto por diez relatos, cuya prosa cortante va destajando una realidad, por momentos, ensombrecida por el paramilitarismo. Estos relatos, atravesados por la violencia, no están exentos de humor, aunque sea negrísimo. Dos hombres que hacen una apuesta para adivinar quién será el primer asesinado en una futura masacre, una familia que se pelea la herencia de la abuela recién fallecida o un hombre que prefiere morir defendiendo a su caballo que cederlo a la mujer de un paramilitar, son algunas de las tramas que recorren sus páginas.

Este autor, que no he visto entre los más vendidos, es mi recomendado para este diciembre. No sólo su libro de cuentos. También sus novelas Mañana, cuando encuentren mi cadáver y Afuera estaba la noche, que obtuvieron el premio Juan Rulfo en 2009 y la bienal de novela José Eustasio Rivera en el 2006. Es un autor con una prosa precisa, que no se preocupa por florituras, y nos muestra una realidad que se revuelca en su reflejo deformado. Sus personajes destilan humanidad y su universo narrativo corre igual a un río en plena tormenta, con ganas de llevarse todo a su paso, de poner a prueba la capacidad de supervivencia de quienes lo habitan.

Adolfo Ariza Navarro nació en Avianca, Magdalena, en 1962. Además de narrativa, ha escrito poesía. Su libro Regresemos a que nos maten, amor fue premio de poesía ciudad de Santa Marta en 2008.

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