Jerónimo García Riaño

El joven Karl Marx: una cátedra de historia y filosofía en el cine

jueves, marzo 29, 2018jerogarciar


En el último año del colegio tuvimos un profesor de filosofía que nos ponía a leer un libro por cada periodo escolar. Es decir, leíamos cuatro libros de filosofía al año. Él nos daba completa libertad para elegir el libro que quisiésemos leer y, por supuesto, hacer el análisis respectivo al texto, tratando de descifrar, a nuestros escasos 15 o 16 años, qué quería decir el autor con todas esas palabras extrañas plasmadas en el papel.

Por mi influencia familiar, ligada a un pensamiento de centro izquierda, me interesé por los libros de Marx, de Engles y de Lenin. Es decir, llené mis ojos de materialismo histórico y dialéctico durante ese año. Me leí Manifiesto del partido comunista, Miseria de la filosofía (una respuesta que le da Marx a Joseph Proudhon, un filósofo francés que había escrito Filosofía de la miseria), El Estado y la revolución y el ¿Qué hacer?, de Lenin. Y de ñapa, un pequeño folleto, pero no menos filosófico, llamado El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engles.

Todas esas lecturas, sumadas a otras vivencias en casa y en el colegio, despertaron mi interés por las tendencias de pensamiento comunista y socialista, mirándolo como una opción para salir del Estado esclavista en el que nos encontrábamos gracias al capitalismo (¡Qué diferente se lee ahora!). Inclusive conformé un grupo con cuatro compañeros más (uno de ellos ahora es un poeta reconocido) llamado GRE, Grupo de Revolución Estudiantil. Fue un grupo que duró poco tiempo, hasta que el rector dio un grito diciendo que eso estaba prohibido (era un colegio católico, entre otras cosas), y nosotros, despavoridos, nos “dispersamos” y dejamos el asunto ahí. Ese grupo no paso más de ser una hoja llena de estatutos incumplidos.

Esas ideas de izquierda fueron cambiando con el paso de los años, y esas lecturas, que ahora me parecen densas, se convirtieron en un bello recuerdo de los años adolescentes. Sigo creyendo que las cosas pueden cambiar, pero la postura crítica se hace desde otros escenarios.

Sin embargo, encontrarme con esta película que narra la historia del joven Marx, haciéndose gran amigo, casi hermano, de Engles, y buscando que su idea política sea escuchada en toda Europa, me conecta con mi historia, con aquellos libros leídos. 

Esta película, dirigida por el haitiano Raoul Peck, es una cátedra de filosofía, de la historia del surgimiento del materialismo dialéctico como parte de un pensamiento político. Quien quiera enterarse del origen de este pensamiento que influyó en la política europea en el siglo XIX, debe ver este trabajo. La reconstrucción histórica en esta cinta muestra los detalles detrás de las publicaciones que hizo Marx en esos años, antes de que escribiera El capital, su obra cumbre. Narra su rivalidad intelectual con Proudhon, con otros pensadores que acercaban la revolución con la religión, y el surgimiento de su amistad con el joven millonario Frederick Engles, quien apoya a Marx en su pensamiento filosófico, lo ayuda en la construcción de algunas de sus obras, y lo sostiene económicamente, porque Marx, además de ser pobre, tenía una esposa y dos hijas por mantener, hasta ese momento.

Las actuaciones de August Diel (Marx, y el famoso Mayor Dieter Hellstrom en “Bastardos sin gloria”) y de Stefan Konarske (Engles, y el capitán Zito en “Valerian y la ciudad de los mil planetas”), ambos alemanes, son muy destacadas. Es una película que se mueve en tres idiomas: inglés, alemán y francés, y los actores se desenvuelven muy bien por estas aguas poliglotas. También fue un gusto ver la actuación de Vicky Krieps, la actriz de Luxemburgo que interpreta a la esposa de Marx, pero que también se destacó en el papel protagónico de la nominada al Oscar, “El hilo fantasma”, donde también actúa Daniel Day-Lewis.

Es una película que vale la pena ver por el contexto histórico en el que se desarrolla, por la manera en que alguien lucha por sus ideales, y entrega su vida en ello. De eso se trata al final esta obra: la constante lucha que enfrentamos con aquello que queremos lograr.

Al final, cuando salí del teatro, pensé en Alemania. En ese país que le dio vida al pensamiento materialista dialéctico, pero que también, años después, se convirtió en el centro del pensamiento nacional-socialista. Es un país que alimentó a Marx, a Engles, y también a Hitler.

¡Muy recomendada!

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