Por Sara Giraldo Posada

El sueño de una "piba"



Uno de los primeros recuerdos que tengo es sentada en un sofá con mi papá, comiendo cheetos y viendo un partido de la selección Colombia. No me pregunten qué partido era. Es posible que ese sea el génesis de mi afición por el deporte rey.

Vivía en Medellín y estudiaba en un colegio musical, aunque parecía de régimen militar. Practicar deportes era prohibido, imagínense si nos lesionábamos, no podíamos tocar. Un tendón levantado en un dedo y adiós violín por quince días. Ese era el argumento, a fin de cuentas era un colegio de música y estaba implícito en el contrato que si uno se matriculaba allí, era esa disciplina la que debía prevalecer.

Yo no tenía talento para tocar violín, ni para leer partituras, ni para nada relacionado con la música, es más, me retiraron del coro del colegio porque físicamente no podía afinar. Me hicieron ir a un otorrinolaringólogo para que hallara el problema. Tenía nódulos en las cuerdas vocales. Cantar nunca iba a ser una posibilidad para mi -poco me ha importado, yo grito y malcanto cuanta canción se me atraviesa por la cabeza o suena en el carro-.

La censura que tenían el colegio contra los deportes terminó significando nada para mi. Como no había canchas de ningún tipo, armaba arcos con piedras o con botellas o con lo que hubiera a la mano. Fue ahí, en la portería, donde inició mi pasión por jugar fútbol. Los tres palos y unos guantes Diadora amarillos que me regaló mi abuelo me llenaban de emoción: yo iba a ser como Mondragón.
La verdad, el cuento de ser arquera me duró muy poco. Pronto, llegué al medio campo y de ahí no me volví a mover jamás. Cuando tenía siete u ocho años le dije a mi mamá que quería entrar a una escuela de fútbol, que quería entrenar. Ella, se puso a la tarea de inscribir a la pequeña pelirroja en una, pero no fue posible. Las niñas no juegan fútbol. No me recibieron en ninguna.

Después de eso, como dice Sabina: la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Yo solo quería jugar fútbol. Por fortuna, para mis intereses futboleros, mi papá decidió aceptar un trabajo en otra ciudad y así, partió toda la familia para Armenia. Había pasado un año del terremoto y les juro que hubiera preferido vivir en cualquier parte del mundo que allí. La diferencia entre la capital paisa y la quindiana era del cielo a la tierra.

El panorama mejoró cuando fuimos a visitar el colegio al que íbamos a entrar mi hermana y yo. Era feo, les confieso, pero no tenía ni un instrumento musical a la vista y la mejor parte era que tenía una cancha de fútbol. UNA CANCHA DE FÚTBOL. No lo podía creer.

Desde que entré a estudiar ahí, mi vida fue diferente. Ahora podía jugar fútbol. Allí, me puse mi primer uniforme, estrené mis primeros guayos (antes jugaba en tenis) y también nos llevaron al primer partido que vi en un estadio. Era Quindío vs América, yo tenía unos doce o trece años -desde eso mi animadversión por el rojo de Cali ya estaba ahí-.

Entrenaba dos días a la semana con el equipo del colegio, jugaba los interclases con mis compañeras de salón, jugaba los intercolegiados y jugaba cada vez que podía. Llegaba a mi casa después de clases o de entrenar y seguía pegándole al balón. Era disciplinada y tenía talento (modestia aparte), a diferencia de la música, lo que fuera para fútbol me era innato.

Veía a las niñas de la selección Colombia de fútbol, yo ya estaba en décimo de bachillerato, y me veía a mi. Me veía con la amarilla jugando por el mundo, pero no sabía cómo se llegaba allá. En Armenia no había equipos de mujeres. Era un imposible. Tampoco sabía que podía buscar una beca en el extranjero para estudiar y jugar fútbol. Eso lo supe cuando ya era muy tarde.

Cuando entré a la universidad, el fútbol casi que salió de mi vida. Una vez me inscribí para el torneo de micro de la facultad, aunque nunca me gustó el micro, para volver a las canchas. En el segundo partido me desgarré el muslo y fue el fin, nos eliminaron y no pude jugar más. Me dediqué después al tenis y a montar en bici. Ambos deportes en los que no necesitaba reunir dos equipos de mujeres, que déjenme decirles, era una empresa jodida.  

Anoche vi la primera final profesional de fútbol femenino en Colombia, un estadio con 33.000 espectadores. El Campín de Bogotá estaba lleno. Un marco digno de un partido de últimas fases de torneos internacionales. Me emocioné tanto, no se imaginan cuánto. Las chicas jugaron a un nivel altísimo, un despliegue de profesionalismo y talento. Mis ídolos habían sido Mia Hamm, Marta, Yorelis Rincón, Abby Wambach, Caril Loyd y Alex Morgan. Pero estoy segura de que pronto se agregarán otras figuras, aunque ahora tendrán nombres más familiares.

En el 2017 se creó en Colombia la liga femenina de fútbol. Tuvo inicio el 19 de febrero, hicieron parte dieciocho equipos, se jugaron 104 partidos, participaron futbolistas de Argentina, Paraguay, Uruguay, Venezuela, Brasil, Chile, Estados Unidos, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Costa Rica y Guatemala. Fue una revolución trasnacional. Además, contamos con árbitros mujeres, avalados por la FIFA, que ahora aparecen en la baraja para el próximo mundial.

Finalmente, Independiente Santafé se coronó como el primer campeón de la Liga Águila femenina. Sin dudas, fue el equipo más sólido de todo el torneo. Sin embargo, lo más llamativo para mí ayer, fueron las entrevistas que  les hicieron a las ganadoras al final del partido. Las historias de cada una de ellas habían sido similares a la mía. El fútbol se les había hecho esquivo, pero de alguna manera lograron vencer cualquier barrera para dedicarse a este deporte. Les confieso que lagrimeé casi una hora, mientras las escuchaba, veía nuevamente imágenes del estadio -lo que pareciera ser un récord mundial: mayor cantidad de espectadores que pagaron por entrar a un partido de fútbol de mujeres-. La victoria de Santafé es la victoria de todas las niñas colombianas que quisimos practicar este deporte y que pudimos hacerlo o no. No importa. Ese era el sueño de todas y cada una.

Ahora, queda esperar que la segunda edición del torneo, programado para 2018, sea igual o mejor que este. Esperamos que los equipos profesionales de Colombia (aunque será obligación para 2019) que aún no tienen versión femenina como Nacional, Millonarios, Cali o Junior, la constituyan. Ojalá logremos ser un referente internacional y podamos acoger a todas aquellas que no tienen forma de jugar en sus países porque no hay equipos. Cuando la Liga se consolide, vamos a tener selecciones más fuertes, mejores jugadoras. Podremos pretender seriamente perseguir un mundial.

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Por JUAN PABLO PLATA

La entrevista que NO respondió el escritor William Ospina


Es esta la fallida entrevista a William Ospina sobre su libro Parar en seco. Se ofreció a responderla y después cayó en el mutismo.

Hace años hice esto mismo de publicar las preguntas cuando Isabel Allende me dejó colgado un cuestionario porque en él le mencionaba a Roberto Bolaño, el feminismo, su exilio y cosas, supongo, incómodas y difíciles  de responder. 

¿No le parece que hoy en día ya es imposible vivir sin dañar lo natural en el hemisferio occidental y ya pronto en todo el globo, pues es muy difícil prescindir del confort, el bienestar, estilo de vida alcanzado y que es imposible desmotar  la civilización, pues son más los que quieren que permanezca un cierto estado de las cosas en vez de perder los privilegios frente a las pocas voces contradictorias o personas que hacen activismo o labores pragmáticas a favor del planeta?


¿Le ha fallado la humanidad a las generaciones futuras de seres vivos por un exceso de confianza y uso de la razón, de la ciencia en demerito de las humanidades y la espiritualidad?


¿Podemos dar marcha atrás con este énfasis en la ciencia y la racionalidad?


¿Es consciente del daño que hace a la naturaleza la industria editorial y del periodismo, sea impresa o digital, de la cual usted vive?


¿Qué soluciones prácticas propone para los problemas que elucida en Parar en seco como la contaminación ambiental, nuevos virus, la toxicidad general, inhabitabilidad y futura aniquilación total de la vida en La Tierra?


¿Cómo se puede pensar, escribir y actuar sobre cuestiones científicas, medioambientales, como hace usted y Fernando Vallejo (Las bolas de Cavendish) sin caer en la pseudociencia y no ser tomado como un colado en la fiesta?


¿Consideraría a la teoría y práctica del anarcoprimitivismo (Una suerte de neoludisimo actualizado)  como una solución válida, entre muchas, para salvar el planeta de nosotros mismos?


¿Cómo conservar la cantidad y calidad del agua y los recursos de la biodiversidad de la voracidad del sistema capitalista y de las necesidades foráneas del primer mundo en un país del tercer mundo como Colombia?


En su libro Parar en seco usted sugiere que las religiones y ciertas corrientes filosóficas y lecturas literarias pueden servir para que las personas den un vuelco hacia contrarrestar un final de mundo causado por un abuso de la naturaleza. ¿No le parece que la encíclica Alabado seas (Laudato si') del líder Francisco de la iglesia católica es un tanto hipócrita y oportunista si se piensa que él regenta una organización religiosa que ha causo mucho daño ecológico a través de la historia. Por ejemplo, propagando el no uso de métodos anticonceptivos y la profilaxis sexual (SIDA, venéreas, niños huérfanos, hambre, etc. como consecuencias) colaborando con esto a la superpoblación: una de las causas del deterioro del planeta?

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Por Jose Hoyos

Paralelo y equivalente


Puesto a contar un episodio así de extraño, podría empezar diciendo los antiguos decían, pero no sé qué decían, además tampoco importa, porque los antiguos ya pasaron, y si repito lo que dijeron no diré nada nuevo. La verdad es que sí sé algo: dijeron que desde un punto exterior a una recta, en una superficie, es posible trazar varias paralelas sin la obligación de estar borracho (Pitágoras; Metaponto, 495 a. C; Cuadernos preliminares, escritos los viernes de 2 a 4 am). Si mediante una ecuación pudiera demostrarse el origen del universo o la existencia de Dios, no sería un descubrimiento sino una equivalencia. Fascinantes equivalencias. Y lo paralelo y lo equivalente vinieron a demostrarme su fuerza. También hay que recordar que un discípulo de Epicuro reconocido por sus fuertes críticas teológicas causó polémica en la Roma del siglo III al afirmar que “antes de que se eligiera el domingo como día de descanso teníamos siete días de descanso por semana”. Así mismo aparece documentada la creencia de griegos y romanos de que los aparecidos son muertos que no recibieron el ritual funerario tradicional que los confina a vivir bajo la tierra, de modo que las almas carentes de tumba y ceremonia vagaban como fantasmas causando desgracias a los vivos, se quedaban sobre la tierra, sobre la superficie, origen de la etimología superstitio, o superstición. Bueno, aunque lo contrario a la razón no siempre se opone a la realidad. Pero mejor vamos a lo práctico, hablo de prioridades como rebuscarse la comida y trabajar, cosa que estaba haciendo juicioso cuando sucedió lo de mi fractura de brazo. Estar en cama tantos días me ha dejado tiempo para repasar las viejas notas, también para pensar qué otro sector de la montaña explorar y taladrar. Ahora veo que tomar notas en clases y conferencias cumple una función equivalente a la de las tetillas de los hombres. Estudiar filosofía fue el camino más corto que pude tomar hacia el desempleo. Pasar toda mi vida en el campo sin ninguna oportunidad de estudio me hizo aprender directamente lo que enseña la naturaleza.

Se puede querer eslabonar una idea sobre la existencia de Dios y terminar pensando en el presupuesto para mercar, pensamientos que son puro devaneo, esquivos a las redes del raciocinio organizado porque suele pasar que para abordar el tema de la elíptica de los planetas se termine debatiendo la calidad del algodón asiático, es como estar bajo una cascada en medio de un paisaje paradisiaco y resultar de pronto acompañando un cortejo fúnebre al sur de Sonora. Es que pensar equivale a tensar una cauchera y soltar una piedra que quién sabe adónde irá a caer, lo más seguro es que supere los perímetros demarcados inicialmente. Se debe a que los sentidos son una excavadora que recoge a toneladas y nunca para de desbordar el pobre recipiente del pensamiento y aplasta casi por completo la pequeña cucharita del lenguaje.

Un aguacero de apocalipsis ha impedido que trabaje durante dos días. Trabajar, esa palabra siempre tan incómoda. Esta semana apenas pude recoger las monedas para el maquillaje. Si hubiera alguna posibilidad de ser de verdad, no lo dudaría. No sé nada sobre el oficio, pero tengo la voluntad, la fuerza y las herramientas, y tengo el espacio público de la ciudad. No puede ser peor mi suerte, media hora y ya empezó a llover de nuevo, una gota gruesa ha caído sobre la punta de mi nariz y fue como si una fuerza extraña me sacudiera por la espalda y me empujara a algún lugar lejano y desconocido. Fue como cuando cambia la intensidad en la llama de mi casco en pleno socavón. Todos los aguaceros son desiguales, el agua elige mil formas diferentes de precipitarse, los vientos varían, el color del aire, la forma del nubarrón, todo es tan diferente como el pantano bajo mis pies y la forma de las piedras y el matiz de este lugar. Variaciones cuyo revés va a caer a otro lugar. La rutina es una costra que crece, lo veo en los comercios urbanos que abren, proceden y cierran como si los días fueran copias al carbón, los gritos de ¡afloje la polea!, el ruido de las cajas registradoras, la presión de las mangueras en el corte, el olor a tierra y roca húmeda, las luces pequeñas al fondo del trayecto. Tres de la tarde, un metro avanzado, dos cargas de piedra molida, y ni rastro. Seis de la tarde, una semana completa y no hemos sacado más que lodo y picadillo de roca inservible. He invertido cuanto tenía en herramientas, he entregado mi fuerza y mi tiempo a las vísceras de esta montaña, meses de trochas y pantano y despeñaderos, y todo para qué, para lo mismo que se hace cualquier cosa en la vida: para sacar fuerzas y volver al día siguiente. Nadie me dijo cómo hacer cuando la gente está ahí en mis narices celebrando mi inmovilidad y me dan ganas de rascarme, ni cómo soportar el ruido y el calor y el estrés del centro de una ciudad, ahí, aguantando quietico por horas y horas. Estoy cansado de agotar las mismas poses y salir con las manos vacías. Quisiera que esta no fuera mi vida real sino una representación. Entonces ahora estaría quitándome el disfraz y tomaría un bus urbano que me llevaría a mi casa, y sería, sería yo, trabajando en el mutismo de una mantis, moviéndome tan despacio que ni se percibe, afianzándome contra el piso para soportar el peso de mi cuerpo aquí parado siete horas continuas. Erguido, porque ayer asumí una posición más inclinada hacia adelante, y cuando terminé la jornada casi no consigo enderezarme. Lo bueno fue que esa pose atrajo la mirada de muchos y el recaudo se incrementó. No puedo negar que fue un buen día, así en la noche haya tenido que hacerme paños de agua en la espalda. Por primera vez desde que me dedico a esto no estoy registrando pérdidas. Incluso ya tengo algunos que podría llamar clientes fijos, como la señora del mercado, siempre pasa a la misma hora con una bolsa de víveres y me deja las monedas de la devuelta. ¿Acción?, cómo no va a tener acción mi trabajo, soy testigo de primera mano de cuanto sucede en esta calle, de cuánto en sobornos se tragan los guardas de tránsito, de la laboriosidad de los carteristas, hasta he llegado a predecir a quién van a soplarle el bolso, y los riesgos de que el tramo de montaña que estoy picando se me venga encima aumentan cada minuto, adentro de una mina la vida se desliza densa y peligrosa como gota de mercurio. Pero también está la esperanza de que la piedra empiece mostrar pintas doradas y dar con una buena veta, bueno, cuando de trabajos manuales se trata, porque son mis manos lo que más muevo cada que recibo una moneda, entonces tomo la pica y la llevo atrás y adelante unas cinco veces y sigo quieto hasta que caiga otra moneda, cosa que no me agote demasiado y reserve energía para aguantar hasta las seis de la tarde o a veces hasta las siete, cuando el suministro de agua de las mangueras es cortado y nos toca salir del socavón en una caminata cada vez más extensa, porque el corazón de una montaña no es que esté allí nomás, pero no importa la hora siempre que vengamos con un buen recaudo de piedra bien veteada, algo para moler al día siguiente y la ilusión de que esta semana sí habrá plata, no importa si debo más de lo que estoy ganando, porque me descuadra el presupuesto eso de tener que pagar a diario dos buses urbanos para llegar al centro, el almuerzo no importa, eso es lo de menos, me atiborro los bolsillos de pan barato y hago una pausa al mediodía, me siento en el andén y la gente que pasa puede verme comer un pan con rastros de maquillaje negro, así parezca improbable, esos mendrugos proveen la energía suficiente para aguantar tantas horas de sol ahí plantado tragando ruido y humo de exosto, hasta que se llega el sábado y reunimos todo el producto de la moliendas, quince, veinte gramos de oro que dividimos entre mis compañeros y yo y nos da justo para el mercado con que reuniremos fuerzas para volver a trabajar y buscar la comida que nos dará fuerzas para volver a trabajar, sin la garantía de un sueldo fijo —ayer reuní doce mil pesos y antier, tres mil—, que es una de las incertidumbres económicas de hoy, no me pasa solo a mí, los vendedores y rebuscadores de todo tipo que vienen a diario a estas calles sufren los estragos de un día bien y un día mal, y ahí está pues para tomarle el pulso a los vaivenes monetarios citadinos, en cambio un empleado al menos tiene la certeza de que algo fijo habrá por día, o por semana, pero algo, siempre que don Jeremías no nos aumente la suma que tenemos que pagarle por explotar una montaña de la que él solo posee la cáscara, aunque también debo reconocer que nos provee el agua suficiente para la excavación, y algunas veces sus árboles frutales me han facilitado el almuerzo, es que no siempre hay para traer, o llevar, como le pasó a los vendedores de cacharros de todo este sector, que se les llevaron las mercancías en una barrida de la policía y la Secretaría de Movilidad dizque para impedir que ocuparan el espacio público, de golpe se dirigen a mí, me ordenan moverme y no obstaculizar el paso de peatones, me niego y con disimulo me aferro a un poste, me vuelven a ordenar y de nuevo rehúso, al no encontrar mercancía que decomisar quieren decomisarme a mí, hay un forcejeo y de repente aparece un bolillazo y ¡zas!, fractura expuesta en mi brazo derecho, pero logro subir a un taxi con destino al hospital, es un tramo pequeño, no importa que la luz del casco se me haya fundido en pleno socavón, creo que podré sortearlo a oscuras, de tanto ir y venir pude memorizar el recorrido, son dos curvas a la izquierda, línea recta unos veinte metros y dos más a la izquierda, y en esa última curva fue donde una tabla de las que sostienen el túnel se pudrió y se vino abajo dejando que una enorme y filuda piedra se desprendiera justo a mi paso y ¡zas!, fractura expuesta en mi brazo izquierdo.

Era muy fácil, solo tenía que ponerme esa ropa y pararme muchas horas en alguna esquina del centro. Debía pintarme la piel y cada que alguien me diera dinero tomar la actitud de ese a quien represento. Lo primero que conseguimos fue el permiso de don Jeremías; las picas, taladros, carretas y palas vinieron después. El resto del tiempo solo tenía que permanecer de pie y tan inmóvil que la gente creyera que era una figura de cera. Hacen falta muy pocos dotes histriónicos, aplicar una gran capacidad de concentración y resistencia (la pobreza ha afianzado mi resistencia), y hacerle caso a la intuición para elegir por dónde ir mordiendo la montaña hasta que el oro brille. Qué curioso, el oro está hecho de partículas de oro, pero una sola, sin las demás, ya es el oro, igual pasa con el hombre. El primer día fue más pesado de lo que creía. Un perro estuvo a punto de soltársele al dueño y atacarme, el sol no me permitía la quietud, sentí que me faltaba el aire cuando me vi cincuenta metros adentro de la tierra, y me sentí peor saliendo con las manos vacías después de horas y horas de picar piedra, mis movimientos no convencían a nadie, y gasté en pintura negra y artículos de utilería casi el doble de lo recaudado, eso sin contar con el bloque macizo de piedra que me tocó picar, y para completar el casco que conseguí me quedaba grande y en los tramos más profundos del corte casi no me daban las fuerzas para empujar cuesta arriba la carreta llena de material triturado. Cuatro miserables monedas y una nueva abertura que no condujo a nada me obligaron, para la segunda semana, a corregir mi desempeño. Pude ubicar un sitio con sombra, y alargué los lapsos de inmovilidad absoluta. El resultado económico no fue mucho mejor, nunca lo es. Pero de a poco adquirí dominio sobre el oficio. ¿Por qué no habría de despertar simpatía un minero en medio de una ciudad? Las estatuas humanas hacemos de personajes de cuya verosimilitud depende que nos vaya bien o no, bueno, desde que me alivié me ha empezado a ir bien, además me gusta la exploración de tantos pensamientos al pasar mucho tiempo inmóvil. No puedo negar que me está gustando el oficio, he empezado a apreciar la hondura de esta montaña, imaginar qué estará pensando cada transeúnte que pasa apurado, el paisaje de rocas por dentro y de verde por fuera, ver cómo el centro de una ciudad desenrolla su día, la expectativa del oro en cada golpe de la pica, el tiempo que camina sincronizado con quién sabe qué otro y dónde. Cúmplase el leopardo entre los robles. Una descabellada superstición dice que mientras se está viviendo en un tiempo y un espacio determinado, algo como un facsímil de uno hace lo propio en un lugar y tiempo indeterminado. Imagino que es como si yo hubiera querido ser algo que solo consiguió mi calco. Y ese calco, en algún lugar paralelo a mi realidad, desea ser esto que aquí soy yo. Mi calco ­—imagino—, vive una existencia condicionada por la mía. Yo hago lo propio con la suya. Una idea que me perturba es pensar que la inmovilidad se traduce, en las antípodas del universo, en movilidad. La quietud equivale a un reloj de marcha continua, es el movimiento constante allá en el reverso de la tierra. Pensé mucho en eso todo el tiempo que una férula recubrió la superficie de mi brazo derecho o izquierdo fracturado, porque a pesar de las prioridades prácticas y de la incredulidad, el mundo cumple a cabalidad la regla de ir por ahí desgajándose en episodios paralelos y equivalentes.

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Por ALEJANDRO CARPIO

Resumen fastidiado del “plebiscito” puertorriqueño



Por Alejandro Carpio 

Los hermanos hispanos que suelen curiosear la política internacional puede que hayan tenido la mala suerte de toparse con la noticia del “plebiscito” que ocurrió en Puerto Rico el pasado 11 de junio. Aquí va un intento de explicación o un intento de disculpa.
     Lo primero que deben saber es que el “plebiscito” no importaba para nada. Esto, porque se trató de una consulta no vinculante al Congreso de Estados Unidos. El destino de la isla está en manos de Washington y estos nunca prometieron considerar los resultados de lo que sucedió el domingo 11. Resulta embarazoso tratar de deslindar este “plebiscito” de los márgenes de una encuesta.
     Puerto Rico es parte de Estados Unidos y los residentes de la isla son ciudadanos estadounidenses hace exactamente cien años. Al no ser un estado de la nación, sino un territorio, hay una serie de beneficios que se pierden; el más apremiante es que no votamos por los miembros del Congreso ni por el presidente. El principio democrático de “no taxation without representation” se desperdicia con nosotros. El alegato de la inmensa masa de anexionistas, por lo tanto, equivale a un humilde y sensato interés por participar en la cosa democrática. Cada tantos años, cuando el partido anexionista está en poder, produce uno de estos “plebiscitos” (usaré las comillas siempre que utilice este vocablo) para adelantar la causa.
     Aunque parece que los independentistas boricuas son una minoría, el grueso de la población está dividida entre la idea de la anexión y la de permanecer siendo un territorio semicolonial (ya completamente colonial a partir de 2016 por razones en las que no entraré). Estas dos maneras de digerir el futuro de la isla marcan las líneas ideológicas de los dos partidos principales, el PNP (anexionista) y el PPD (semicolonialista), aunque hay otras diferencias administrativas importantes. El llamado “debate político” de la isla gira en torno a estas dos visiones de autodeterminación: anexión (o estadidad) y semicolonia (en distintas versiones). Como este año tenemos una administración PNP, nos hemos topado con este esfuerzo publicitario de adelantar la causa anexionista.
     He aquí los resultados de los más recientes “plebiscitos”:

1993: estatus semicolonial, con 49% de los votos
1998: “Ninguna de las anteriores”, con 50% de los votos
2012: anexión, con 60% de los votos

     Imposible entrar a discutir la medida en la que esos porcentajes revelan poco del electorado puertorriqueño. Resulta que la oposición al esfuerzo anexionista se viste de muchas maneras, la más curiosa de las cuales la vemos en 1998. A manera de chiste, yo solía presentar la victoria de “Ninguna de las anteriores”, de 1998, como una metáfora de la indecisión política puertorriqueña y de la extravagancia que entraña intentar jugar a la política en mi isla.
     Sí debo dejar claro que se ha acusado al partido anexionista de manipular los “plebiscitos” a la trágala y jugar con los números. Por ejemplo, el “plebiscito” de este domingo originalmente se propuso como una consulta entre estadidad e independencia, treta simplona que recibió un rechazo paternal de Washington. El movimiento independentista es minoritario y el gran enemigo de la anexión se revela como el estatus semicolonial; así, eso de solo poner dos opciones resultó una artimaña transparente e infantil que no logró engañar al imperio más poderoso de la humanidad. Esto es papelón tras papelón.
     Pero en aras de sacar algo de todo este reguero, consideremos lo siguiente: Puerto Rico tiene una tasa de participación electoral considerablemente alta: de 60% a 70%. Estas tasas se aprecian principalmente en las elecciones administrativas, pero también (aunque de menor forma) en los “plebiscitos”. Pues este domingo solo votó un 23% de los posibles electores. El voto se vertió poderosamente al estatus anexionista (97%), pero esto no revela demasiado. De un lado, parecería que ganó un llamado al boicot “plebiscitario” de parte de la oposición. De otro lado, ni siquiera los anexionistas se expresaron entusiastamente ante las urnas. En las elecciones por la gobernación del año pasado, el candidato anexionista recibió 655,000 votos aproximadamente; el este domingo 11 de junio, sin embargo, la anexión ganó solo 500,000 votos. O sea, que ni los mismos anexionistas mostraron demasiado entusiasmo. La oposición ha celebrado el supuesto éxito del boicot, pero yo añadiría que la desgana, ante un Congreso sordo y una Casa Blanca controlada por you know who, ha sido la gran vencedora.
     El papelón del 23% es evidente en los titulares de la prensa internacional y muy, muy difícilmente será pasado por alto en Washington. Sí le servirá al partido en poder para llevar a cabo una campaña de relaciones públicas en la isla y agenciar una posible victoria electoral en 2020. Nuestro gobernador ya está planteando lo siguiente:

“En la ratificación de Wisconsin como estado en el 1848, participaron 23,183 electores de una población de más de 130,000 personas, lo que representa un 17% de su población. En 1911, Arizona hizo lo propio con 15,489 electores de 217,000 de población, un 7% de su población. En el 1940, Hawái solicitó iniciar proceso hacia la estadidad con 35% de participación de sus electores. En el 1946, Alaska comenzó su proceso de admisión con el voto de 16,375 electores con una población de 75,000, lo que representaba 21% de su población. Hoy los resultados igualan o sobrepasan esos porcentajes”. 

     Esto, por supuesto, equivale a decir nada ya que en Washington no existe la necesidad de tratar el estatus de Puerto Rico. De otra parte, si miramos con detenimiento los casos de Arizona, Hawái y Alaska nos será revelado el enorme despropósito de nuestro gobernador. El único tema boricua que se asoma en Washington al momento es el de una deuda de 72 mil millones de dólares, improbable aliciente de nuestra anexión como estado.
     Así que eso. Les quiero pedir disculpas en nombre de mis compatriotas por tener que enterarse de estos papelones. Por eso y por “Despacito”.

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Por Sara Giraldo Posada

Declive, el Estado moderno



El estado es un mecanismo históricamente temporal,
 una forma transitoria de sociedad.

Mijaíl Bakunin

El Estado como institución, como figura de organización social y como parte de la construcción del orden internacional ha sufrido modificaciones en su concepción, modelos y finalidades a través de los siglos, hasta convertirse en lo que conocemos actualmente bajo este término.

Sin embargo, la idea de Estado, o mejor, el cumplimiento de las finalidades del mismo, ha entrado en crisis. No quiero decir con esto que la crisis sea exclusiva de los Estados contemporáneos, por el contrario, el concepto como tal, desde sus orígenes ha fallado. La diferencia hoy es que, ante mayor población mundial, más se ahondan y visibilizan estas falencias.

El Estado debe responder a un esquema de organización social que vela por los intereses de sus asociados. Esto se desarrolla desde perspectivas variadas como la económica, política, social y cultural. A su vez, desde cada una de estas se desprenden variantes que interactúan con las variantes de las otras para constituir un cúmulo de modelos de Estado.

Ahora bien, en el caso colombiano tenemos un Estado Social y Democrático de Derecho, desde la perspectiva política y social; y liberal capitalista, desde la perspectiva económica. Estos dos modelos, que son los más comunes en el mundo occidental, presentan en sus planteamientos una serie de fuertes contradicciones. Es imposible que estas dos formas coexistan, son de hecho, absolutamente excluyentes.

En este orden de ideas, se presentarán en este escrito tres instancias de estudio: primero se explicarán las razones bajo las cuales se sustenta la imposibilidad de que los modelos enunciados en el párrafo anterior puedan funcionar simultáneamente de manera exitosa; luego, se expondrán algunos aspectos de los que debe preocuparse el Estado moderno y; por último, se presentarán las conclusiones.

Siguiendo el orden sugerido de manera precedente, se debe abordar entonces la dicotomía que existe entre la implementación de un Estado Social de Derecho como modelo político de Estado y que dentro del mismo opere el sistema económico capitalista. Esta contradicción se planteará desde la óptica de las teorías de la justicia.

El Estado Social de Derecho se fundamenta en el concepto de la justicia igualitaria. Es decir, la que se preocupa por propiciar condiciones de igualdad. Bien sea igualdad para los iguales, o igualdad en términos genéricos. Finalmente, el propósito es limitar la distancia entre los extremos de la sociedad.

Por otro lado, el sistema capitalista atiende a un modelo de justicia libertaria -o liberal-, que se fundamenta en la protección de la propiedad privada con fin último del Estado. De ahí que, cada quien desarrolla sus derechos en la medida en que le es posible y así, el Estado se limita a proteger lo que el individuo posee.

Vemos entonces, cómo en el primer caso, hablamos de obligaciones positivas que debe adquirir el Estado con sus asociados, mientras que, en el segundo nos referimos a obligaciones negativas. Es por ello que los dos sistemas no pueden coexistir, puesto que mientras uno amplía el espectro de acción del establecimiento, el otro lo restringe. Al presentarse este choque de alcances y de visiones, las funciones estatales colapsan.

Ahora bien, para desarrollar la siguiente línea propuesta, abordaré entonces la enunciación de algunos problemas profundos de los que debe preocuparse el Estado. Estos serán discriminados por áreas, así: económicos, políticos, sociales y culturales.

Dentro del grupo de los problemas económicos resalta principalmente el asunto de la pobreza extrema, que no podrá ser superada jamás atendiendo a las políticas liberales a las que condiciona el Banco Mundial, ya que, por su naturaleza, lo que hacen es permitir la continuidad del círculo vicioso en el que los países nunca dejarán de acudir a la banca internacional para solucionar sus problemas financieros. Realidad esta que los jefes de Estado prefieren ignorar.

Por otro lado, es imperiosa la necesidad de aprovechar la tierra, que, supeditada a los latifundios, jamás podrá cumplir la función social que tiene la propiedad en el Estado Social de Derecho -otra contradicción entre los modelos que se señalaba arriba-. En razón a esto, pocas personas se benefician de amplias cantidades de tierra productiva, acrecentando por consecuencia la brecha económica social.

Se abordarán ahora los problemas políticos, dentro de estos resaltan dos, el primero es el sistema democrático y el segundo, atiende más al desarrollo y planteamiento de las políticas públicas.

De esta manera, el sistema democrático, que es el que más se ha extendido en el mundo occidental, es de alguna manera la causa de muchos de los problemas a los que debe hacerle frente el Estado moderno. La democracia y su modelo de partidos, ha provocado que se avale cualquier doctrina política, cualquier forma de participación en política y cualquier forma de gobierno. Legitimar decisiones, administraciones y propuestas en virtud de la dictadura de las mayorías es sin duda una de las razones por las que las instituciones no funcionan como deberían.

Este modo de legitimar las formas, los procedimientos y los resultados, elimina del foco de atención lo que realmente es importante, es decir, el contenido, los alcances y repercusiones de las propuestas, así como la manera de implementarlas. Los votantes, a su vez, son quienes sostienen el sistema corrupto, bien sea por acción o por omisión. Por acción, cuando son conscientes de que no toman una decisión con el propósito del bien común y; por omisión, cuando son incapaces de razonar en torno a su decisión de voto. Esto último sucede, por ejemplo, cuando el sujeto no tiene formación educativa de ningún nivel; cuando grupos religiosos conforman partidos políticos y los creyentes votan por orden divina; finalmente, cuando opera el fanatismo político, en otras palabras, en los casos en que los líderes políticos se convierten en poseedores de la verdad incuestionable -bastante similar a lo que pasa con los partidos políticos de los grupos religiosos- y sus seguidores votan como un acto de fe.

Para hablar de las políticas públicas, hay dos aspectos que quisiera mencionar, inicialmente, lo que tiene que ver con la discriminación positiva que se hace a las minorías. Implementar una política de discriminación para incluir es en sí una contradicción, incluso, aunque se crea que es positiva. Se cae por el propio peso del término. Discriminar es discriminar, sea bajo cualquier parámetro o filosofía. Al utilizar esa palabra ya se está remarcando la diferencia, de ahí que sea imposible cumplir con el cometido. Esto seguramente parecerá baladí, pero no lo es. Evidenciar la diferencia, aunque sea positiva, impide pensar en algún criterio de igualdad. De esta manera, al no ser posible “igualar” a las minorías, las políticas que pretenden incluirlas fallan.

El otro aspecto, responde al mal enfoque sobre el que se desarrollan las políticas. Es grave diseñar políticas públicas para hacer política. Me explico, crear sistemas y empresas para sostener soluciones temporales, a modo de plan de choque, porque realmente no solucionan el problema, convierte a los ciudadanos “clientes” satisfechos, no en sujetos de derechos. De ahí que vender humo con la entrega de subsidios, ampliar la posibilidad de acceso a créditos bancarios, en lugar de crear empleo y fortalecer lo público, repercute en que se debilite la idea de Estado, ya que este no está al servicio del asociado, sino que se vuelve un proveedor o facilitador de servicios.

Llegado a este punto, nos convocan los aspectos sociales. Dentro de los que podemos ubicar la problemática situación de la sobrepoblación.  Es una cuestión matemática sencilla, a más personas, menos recursos. Atender cada vez a más asociados, en un Estado débil, es un asunto no menor, que se vuelve financieramente insostenible, si los servicios como están son insuficientes y los ingresos no ascienden, pero la población crece exponencialmente, no hay que ser un experto para comprender que no existe viabilidad para sostener el aparto funcionando y satisfacer necesidades básicas en la población.

También es imperativo vincular a los grupos periféricos, no solo a las minorías étnicas, sino a los nuevos grupos sociales emergentes, como los ecologistas, los animalistas, la comunidad LGTBI y cualquier otro grupo que pueda hacer una resistencia social, incluso a los estudiantes, con el propósito de analizar sus puntos de vista, sus aportes y construir algo con mayor sentido social. De esta manera, con decisiones concertadas, seguramente existirá mayor respeto por las normas, así como sentido de pertenencia frente a los espacios, autoridades e instituciones públicas.

Como último punto de estudio, se sugirió lo referente a los aspectos culturales que debería considerar intervenir el Estado moderno. Parece que todo se resume en unas propuestas más bien románticas, como promocionar y alentar la tolerancia, el respeto por el otro, luchar contra el desinterés por lo público y la indiferencia frente al medio ambiente. Todo esto solo puede lograrse desde el campo de la educación, la formación y la cultura cívica. Es un aspecto que aunque parece menos profundo que los anteriores, es realmente trascendental y puede ser la piedra angular para impulsar las demás reformas que se requieren.

En síntesis, parece que es necesario sentarse a repensar el Estado, replantear sus fundamentos. Reconstruirlo, no solo como modelo, sino como idea, como concepto.  Pareciera necesario incluso, pensar en otra forma, acabar el Estado y proponer una nueva figura que se cree a partir de las necesidades, en otras palabras, construir de abajo hacia arriba.  Se requiere comenzar a planear, a proyectar e intervenir desde las bases de la sociedad, para que el cambio que se pretenda pueda darse y tenga probabilidades de ser exitoso. 

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Por John Better

E.boy (Un poema de J.Better)

Entre tú y yo: Esquinas/  Billares/Peluquerías/Leves tráficos.

Es una distancia vulgar para hombres como nosotros.

La alegría de encontrarnos en medio de estas calles es una costumbre, una incesante casualidad.

Verte aparecer impecable, tomar tu mano y en ese "hola" ver tu sonrisa colgando como un dije
Luego nada, un "hasta luego" que dura un siglo.
Y te alejas, asi de simple es la nada.
Y yo me quedo en esta esquina de miseria
Viendo tus bellos años.
Tu reflejo en los vidrios de las casas.
Tu caminar lento.
Como sí el tiempo.
Como sí el mundo.
Como si yo...

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Por JUAN PABLO PLATA

Discurso, conferencia de Bob Dylan por ocasión del Premio Nobel de Literatura 2016


Por  Bob Dylan. (Robert Allen Zimmerman)

Conferencia del Nobel. Entregado por Dylan a la academia sueca el 5 de junio de 2017.
(Inédito en Español)

(Traducción por Juan Pablo Plata) @jppescribe

Cuando recién obtuve el Premio Nobel de Literatura,  me pregunté cómo era que mis canciones se relacionaban con la literatura exactamente. Quería reflexionar sobre esto y ver dónde estaba la conexión. Voy a probar a articular esto para ustedes. Y lo más probable es que lo haga con algunos rodeos, pero espero que lo que diga valga la pena y que esté lleno de propósito.

Si tuviera que volver al amanecer de todo el asunto, imagino que tendría que empezar con Buddy Holly. Buddy murió cuando yo tenía dieciocho años y él tenía veintidós años. Desde el momento en que lo escuché a él por primera vez, me sentí afín. Me sentía emparentado, como si él fuera un hermano mayor. Incluso cavilé que me parecía a él. Buddy tocaba la música que yo amaba: la música en la que me crié: la música country del oeste, rock 'n' roll, el ritmo y el blues. Tres hebras separadas de música que él entretejió e infundió en un solo género. Como una marca. Y Buddy escribió canciones - canciones con versos imaginativos y bellas melodías. Y cantaba muy bien - cantó en más de unas pocas voces. Él era un arquetipo. Todo lo que yo no era, pero quería ser. Sólo una vez lo vi. Fue unos días antes de que muriera. Tuve que viajar cien millas para verlo tocar y no me decepcionó.

Era poderoso y electrizante y tenía una presencia imperiosa. Estaba yo a sólo seis pies de distancia. Él fue hipnotizador. Miré su cara, sus manos; la forma en que golpeaba su pie, sus grandes lentes negros; los ojos detrás de las gafas, la forma en que agarraba su guitarra, la forma  de pararse, su traje refinado. Todo sobre él. Tenía la apariencia de alguien mayor de veintidós años. Algo sobre él parecía permanente y esto me llenó de convicción. Entonces, de la nada, sucedió lo más extraño posible. Me miró concisamente a los ojos y me transmitió algo. Algo que  no supe identificar. Y  ese algo me dio escalofríos.

Pienso que fue un día o dos después de eso que su avión cayó. Y alguien - alguien a quien nunca antes había  visto - me dio un disco de Leadbelly con la canción Cottonfields (Campos de algodón). Y ese disco cambió mi vida ahí mismo y en ese lugar. Me trasladó a un mundo que nunca antes había conocido. Fue como una explosión detonada. Como si caminara en la oscuridad y de repente la oscuridad se iluminara. Fue como si alguien me pusiera las manos encima. Debo haber tocado ese disco unas cien veces.

Estaba en una disquera de la que nunca había oído hablar, con un cuadernillo dentro, con los anuncios de otros artistas del sello disquero: Sonny Terry y Brownie McGhee,  The New Lost City Ramblers, Jean Ritchie, bandas de cuerda. Nunca había oído hablar de ninguno. Pero medité que si estaban en esta disquera junto a Leadbelly tenían que ser buenos. Así que necesitaba escucharlos. Quería saberlo todo sobre ellos y tocar ese estilo de música. Todavía tenía un sentimiento por la música con la que había crecido, pero por ahora, lo olvidé. Ni siquiera pensaba en esto. Por el tiempo presente, ya se había ido.

Todavía no me había ido de mi casa, pero no podía esperar a hacerlo. Quería aprender sobre esta música y frecuentar a la gente que la tocaba. Eventualmente me fui y aprendí a tocar esas canciones. Eran canciones diferentes a las de la radio que había estado escuchando todo el rato. Eran más vibrantes y ciertas sobre la vida. Con las canciones de la radio un intérprete podía obtener un éxito al lanzar los dados o con la caída de las cartas, pero eso no importaba en el mundo del folclore (Música popular: Folk). Todo era exitoso. Todo lo que debías hacer era ser bien versado y ser capaz de tocar una melodía. Algunas de estas canciones eran fáciles, otras no.  Yo tenía un palpito natural para las baladas y las canciones country blues, pero todo lo demás lo tuve que aprender de cero. Tocaba para pequeñas multitudes. A veces no eran más de cuatro o cinco personas en un salón o en la esquina de una calle. Debías tener un repertorio amplio y tenías que saber cuándo y qué tocar. Algunas canciones eran introspectivas, algunas tenías que gritarlas para que fueran escuchadas.

Al escuchar a todos los artistas populares tempranos y cantar las canciones uno mismo, uno recogía lo vernáculo. Lo internalizabas.  Cantabas el blues al estilo ragtime, canciones del trabajo,  canciones de las chozas del mar de Georgia, baladas Apalaches y canciones de vaqueros. Escuchabas todos los puntos más finos y aprendías de los detalles.

Ya sabes de qué se trata. Sacar la pistola y ponerla de vuelta en su vaina. Abriéndote paso entre el tráfico, hablando en lo oscuro. Sabes que Stagger Lee fue un hombre malo y que Frankie fue una buena muchacha. Sabes que Washington es una ciudad aburguesada y has oído la voz profunda de John the Revelator (Juan, El Revelador) y has visto al Titanic hundirse en un pantanoso arroyo. Y eres amigo del salvaje vagabundo irlandés y del salvaje muchacho colono. Oíste los tambores amortiguados y los pífanos tocar humildemente. Has visto al lascivo Lord Donald ponerle un cuchillo a su esposa y muchos de tus camaradas han sido enrollados en lino blanco.

Tenía todo lo vernáculo bajo. Conocía la retórica. Nada de eso pasó por encima de mi testa: los artefactos, las técnicas, los secretos, los misterios. También conocí todos los caminos desiertos en que aquello viajaba. Podía hacer que todo se conectara y se moviera con la corriente del día. Cuando inicié a escribir mis propias canciones, la jerga folk era el único vocabulario que sabía y lo usaba.

Pero también tenía algo más. Tenía nociones y sensibilidades y una visión informada del mundo. Y lo había tenido ya por un tiempo. Aprendí todo ello en la escuela primaria. Don Quijote, Ivanhoe, Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, Cuento de dos ciudades, todo el resto - lecturas típicas de la escuela secundaria que te dieron una manera de ver la vida; una comprensión de la naturaleza humana y un estándar para medir cosas. Todo eso iba conmigo cuando empecé a componer canciones. Y los temas de esos libros se abrieron paso en muchas de mis canciones, ya fuera a sabiendas o de manera inintencionada. Quería escribir canciones distintas a cualquier cosa que alguien hubiera escuchado y estos temas eran fundamentales.

De los libros específicos que se han quedado conmigo desde que los leí en la escuela secundaria - Quiero hablar de tres: Moby Dick, Todo esta en silencio en el frente occidental (All quiet on the Western Front ) y La Odisea.

Moby Dick es un libro fascinante, un libro lleno de escenas de grande drama y diálogo dramático. El libro es exigente contigo. La trama es llana. El misterioso Capitán Ahab – el capitán de un barco llamado el Pequod -  es un egomaníaco con una pierna de clavija que persigue a su némesis: la gran ballena blanca Moby Dick que le arrebató la pierna. Y la persigue por todo lado desde el Atlántico hasta alrededor de la punta de África y en el Océano Índico. Él persigue a la ballena alrededor de ambos lados de la tierra. Es una  meta abstracta. No es nada concreto o definido. Él llama a Moby el emperador, la ve como la encarnación del mal. Ahab tiene una esposa y un hijo en Nantucket a quienes recuerda muy de vez en cuando. Ya puedes anticipar lo que acontecerá.

La tripulación del barco está hecha por hombres de diferentes razas y cualquiera de ellos que aviste a la ballena recibirá la recompensa de una moneda de oro. Un gran lote de símbolos del zodíaco, la alegoría religiosa, los estereotipos. Ahab se topa con otros barcos balleneros, estruja a los capitanes para obtener detalles sobre Moby. ¿La han visto? Hay un profeta loco. Gabriel. Está en una de las barcazas y predice la maldición de Ahab. Dice él (Gabriel) que Moby es la encarnación de un dios andrógino de una secta cristina antigua (Shaker god) y que cualquier trato con él llevará al desastre. Él dice eso al capitán Ahab. Otro capitán del barco, el Capitán Boomer, ha perdido un brazo por Moby. Pero él tolera eso y es feliz de haber sobrevivido. No puede aceptar el deseo de vindicta de Ahab.

El libro cuenta cómo diferentes hombres reaccionan de diferentes maneras a una misma experiencia. Hay mucho del Antiguo Testamento; alegoría bíblica: Gabriel, Raquel, Jeroboam I, Bila, Elías. Nombres paganos también: Tashtego, Frasco, Daggoo, Fleece, Starbuck, Stubb, Martha's Vineyard. Los paganos adoran ídolos. Algunos adoran pequeñas figuras de cera, algunos figuras de madera. Algunos adoran el fuego. El Pequod es el nombre de una tribu de aborígenes nativos americanos.

Moby Dick es un relato de marineros. De uno de los hombres, el narrador dice: "Llámame Ismael". Alguien le pregunta de dónde es y él dice: "No está en ningún mapa, los lugares verdaderos nunca están en ninguna parte". Stubb no da importancia a nada, dice que todo está señalado. Ismael ha estado en barcos veleros toda su vida. Llama a los veleros sus propios Harvard y Yale. Él mantiene la distancia de la gente.

Un tifón apalea al Pequod. El capitán Ahab cree que es un buen augurio. Starbuck piensa que es un mal auspicio. Piensa en matar a Ahab. Tan pronto como la tormenta acaba, un miembro de la tripulación cae del mástil del barco y se ahoga, anticipando lo que está por venir. Un sacerdote cuáquero pacifista, quien en realidad es un hombre de negocios sanguinario, le dice a Flask: "Algunos hombres quienes reciben lesiones son acarreados hacia Dios, otros son trasladados a la amargura."

Todo está mezclado. Todos los mitos: la Biblia judeo-cristiana, los mitos hindúes, las leyendas británicas, San Jorge, Perseo, Hércules- todos ellos son balleneros. La mitología griega, el negocio sangriento de seccionar una ballena. Muchos de los hechos en este libro: el conocimiento geográfico, el aceite de ballena - bueno para la coronación de la realeza - las familias nobles de la industria ballenera. El aceite de ballena se usa para ungir a los reyes. La historia de la ballena, la frenología, la filosofía clásica, las teorías pseudocientíficas, la justificación para la discriminación – todo va arrojado y nada de ello es duramente racional. Los ilustres, los bajos persiguiendo una ilusión, persiguiendo la muerte, la gran ballena blanca; blanca como un oso polar, blanca como un hombre blanco, el emperador, la némesis, la encarnación del mal. El demente capitán quien en realidad perdió su pierna hace años tratando de atacar a Moby con un cuchillo.

Sólo vemos la superficie de las cosas. Podemos interpretar lo que está debajo en la manera en que creamos conveniente. Los tripulantes caminan en cubierta oyendo a las sirenas y a los tiburones y a los buitres que siguen al navío. Cráneos y caras como la tuya leyeron el libro. Aquí hay una cara. Lo pondré frente a ti . Léelo si puedes.

Tashtego dice que él murió y renació. Sus días extra son un don. No fue salvado por Cristo. Con todo, dice que fue salvado por un compañero y un no cristiano. Parodia de la resurrección.

Cuando Starbuck dice a Ahab que debe dejar pasar el pasado, el capitán irritado le responde: "No me hables de blasfemia, hombre, golpearía el sol si me insultara". Ahab también es un poeta con elocuencia. Él dice: "El camino hacia mi propósito fijo está puesto en rieles de hierro sobre los cuales mi alma está labrada para correr". O estas líneas, "Todos los objetos visibles son mascaras de cartón". Frases poéticas  que se pueden citar  y que no pueden ser vencidas.

Al fin y al cabo, Ahab avista a Moby y los arpones son  preparados. Los barcos se bajan. El arpón de Ahab ha sido bautizado con sangre. Moby ataca el barco de Ahab y lo destruye. Al día siguiente, vuelve a ver a Moby. Los barcos bajan otra vez. Moby ataca de nuevo el barco de Ahab. Al tercer día, otro barco entra. Más alegoría religiosa. Él se ha levantado. Moby ataca una vez más, aporreando al Pequod y hundiéndolo. Ahab se embrolla en las líneas de arpón y es lanzado fuera de su barco hacia una tumba acuosa.

Ismael sobrevive. Está en el mar flotando en un ataúd. Y eso es todo. Ese es todo el cuento. Ese tema y todo lo que implica se abrirá camino en más de una de mis canciones.

Todo tranquilo en el frente occidental fue otro libro que hizo lo mismo. Todo tranquilo en el frente occidental es una historia de horror. Es un libro donde pierdes tu infancia, tu fe en un mundo significativo y tu preocupación por los individuos. Estás atrapado en una pesadilla. Sumergido en un misterioso torbellino de muerte y dolor. Te estás defendiendo de ser eliminado. Estás siendo borrado de la faz del mapa. Hubo una vez en que fuiste un inocente joven con grandes sueños de ser pianista de conciertos. Una vez amaste la vida y el mundo y ahora estás disparándolo en pedazos.

Día tras día, las avispas te corroen y los gusanos transitan tu sangre. Eres un animal acorralado. No encajas en ningun lado. La lluvia que cae es monótona. Hay interminables asaltos, gas venenoso, gas nervioso, morfina, ardorosas corrientes de gasolina, escarbado y barrido de alimentos, gripe, tifo, disentería. La vida se está demoliendo a tu alrededor y las conchas silban. Esta es la baja región  del infierno. Barro, alambre de púas, zanjas llenas de ratas; las ratas comiendo intestinos de los hombres muertos, trincheras llenas de inmundicia y excrementos. Alguien grita: "Oye, tú ahí, párate y pelea".

¿Quién sabe cuánto tiempo durará este lío? La guerra no tiene límites. Estás siendo aniquilado y esa pierna tuya está sangrando demasiado. Ayer mataste a un hombre y le hablaste a su cadáver. Le dijiste que después de que esto haya acabado, gastarás el resto de tu vida cuidando a su familia. ¿Quién se beneficia con esto? Los líderes y los generales ganan gloria y ​​muchos otros se benefician financieramente. Pero tú estás haciendo el trabajo sucio. Uno de tus compañeros dice: "Espera un minuto, ¿a dónde vas?" Y tú dices: "Déjenme solo, volveré en un minuto". Entonces caminas hacia fuera, rumbo a los bosques de la muerte cazando un pedazo de salchicha. No puedes ver cómo nadie en su vida civil tiene ningún tipo de propósito. Todas sus preocupaciones, todos sus deseos – no los puedes comprender.

Más ametralladoras sonajeras, más partes de cuerpos tienden de los alambres, más piezas de brazos y piernas y cráneos donde las mariposas reposan en los dientes, más heridas espantosas, pus saliendo de cada poro, heridas en pulmón, heridas demasiado grandes para un cuerpo, cadáveres con gases resoplando y cuerpos muertos haciendo ruidos revulsivos. La muerte está en todos lados. Nada más  es posible. Alguno te matará y usará tu cadáver para tiro al blanco. Las botas también. Ahí están tus preciadas posesiones. Pero pronto estarán en los pies de otro.

Hay Ranas saliendo entre los árboles. Unas cabronas despiadadas. Tus cascarones se están acabando. "No es justo que volvamos hacia nosotros tan pronto", dices. Uno de tus camaradas está echado en la tierra y quieres llevarlo al hospital de campo. Alguno más dice: "Podrías ahorrarte un viaje". "¿Qué quieres decir?" "–Dale la vuelta, verás lo que quiero decir. "

Esperas a oír las noticias. No entiendes por qué la guerra no ha acabado. El ejército está tan ligado a las tropas de substitución que están reclutando a muchachos que tienen poco uso militar, pero ellos los están reclutando de cualquier manera porque se les están acabando los hombres. La enfermedad y la humillación han roto tu corazón. Has sido traicionado por tus padres, tus maestros de escuela, tus ministros e incluso tu propio gobierno.

El general con el cigarro mansamente fumado te traicionó igual- te convirtió en un matón y un asesino. Si pudieras, le pondrías una bala en su faz. Al comandante también se lo harías. Fantaseas que si tuvieras el dinero, pondrías un premio para cualquier hombre que fuera capaz de quitarle la vida por cualquier medio necesario. Y si él perdiera su vida haciendo esto, entonces le dejarías el dinero a sus herederos. El coronel también, con su caviar y su café, es otro así. Pasa todo su tiempo en el prostíbulo de los oficiales. También te gustaría verlo muerto. Más Tommies y Johnnies con su golpe de debí haber ido donde mi padre en vez de salir a gandulear-(whack fo' me daddy-o and their whiskey in the jars)- y las jarras de whiskey. Matarás veinte de ellos y otros veinte surgirán en su lugar. Simplemente apesta en tus fosas nasales.

Has llegado a despreciar a la generación más vieja que te envió a esta locura, a este cuarto de tortura. A tu alrededor, tus compañeros mueren. Muren de heridas abdominales, dobles amputaciones, caderas destrozadas. Y, piensas: "Sólo tengo veinte años, pero soy capaz de matar a cualquiera, incluso a mi padre si se me acercara".

Ayer probaste salvar al perro herido del mensajero y alguien gritó: "No seas estúpido". Un Sapo está borboteando en tus pies. Le clavaste una daga en el estómago, pero el hombre todavía vive. Sabes que debes terminar el trabajo, pero no puedes. Estás en la verdadera cruz de hierro y un soldado romano está poniendo una esponja de vinagre en tus labios.

Los meses pasan. Te vas a casa de licencia. No puedes comunicarte con tu padre. Él te dijo: "Serías un cobarde si no te enlistas". Tu madre, también, al salir de la puerta, dice: "Ten cuidado con las  muchachas francesas". Más locura. Luchas por una semana o un mes y ganas diez yardas. Y entonces en el próximo mes las recuperan.

Toda esa cultura de hace mil años, esa filosofía, esa sabiduría -Platón, Aristóteles, Sócrates- ¿qué le ha pasado? Debió haber evitado esto. Tus pensamientos vuelven a casa. Y una vez más eres un colegial que camina entre los altos álamos. Es una memoria agradable. Más bombas cayendo sobre ti desde dirigibles. Tienes que hacerlo ahora. Ni siquiera puedes mirar a nadie por miedo a que algo con mal cálculo suceda. La tumba comunitaria. No hay allí otras posibilidades.

Entonces notas las flores de cereza y ves que la naturaleza no es afectada por todo esto. Los árboles de álamo, las rojas mariposas, la frágil belleza de las flores, el sol - ves cómo la naturaleza es indiferente a todo. A toda la violencia y el sufrimiento de toda la humanidad. La naturaleza ni siquiera lo nota.

Estás tan solo. Entonces un pedazo de metralla golpea el lado de tu cabeza y estás muerto.
Has sido suprimido, anulado. Has sido exterminado. Dejo este libro y lo cierro. Nunca quise volver a leer otra novela de guerra y nunca lo hice.

Charlie Poole de Carolina del Norte tenía una canción que se conectó con todo esto.

Se llama No me estás hablando (You Ain't Talkin' to Me), y la letra es así:

Vi un cartel en una ventana caminando por la ciudad un día.
Únete al ejército, ve el mundo, es lo que tenía que decir.
Verás lugares conmovedores con una tripulación alegre,
Conocerás gente interesante y aprenderás a matarlos también.
Oh, no estás hablando, no me estás hablando.
Puedo estar loco y todo aquello, pero verás, tengo buen sentido.
No me estás hablando, no me estás hablando.
Matar con una pistola no suena divertido.
No me estás hablando.

La Odisea es un libro grande cuyos temas han entrado en las baladas de muchos compositores: Homeward Bound, Green on Grass Rang, Home on the Range y en mis canciones por su puesto.

La Odisea es una historia extraña y de aventura de un hombre adulto tratando de volver a casa después de luchar una guerra. Él está en ese largo viaje a casa lleno de trampas y engaños. Está maldito para vagabundear. Siempre es traído al mar, siempre teniendo llamados cercanos. Grandes cascajos de rocas hacen oscilar su bote. Él enfurece a gente que no debería. Hay causantes de problemas en su tripulación. Traición. Sus hombres son convertidos en cerdos y después son convertidos en hombres más jóvenes y más guapos. Él siempre está tratando de salvar a alguien. Es un hombre viajero, pero está haciendo muchas frenadas.

Está atrapado en una isla desierta. Encuentra cuevas solitarias y se esconde en ellas. Se tropieza con gigantes que dicen: "Te comeré por última vez". Y escapa de los gigantes. Está tratando de volver a casa, pero es lanzado y virado por los vientos. Vientos inquietos, vientos fríos, vientos contrarios. Él viaja lejos y entonces él es soplado hacia atrás.

Siempre se le advierte de las cosas por venir. Toca cosas que le dijeron no tocar. Hay dos rutas por recorrer y ambas son malas. Ambas son peligrosas. En una se podría ahogar y en la otra se podría morir de hambre. Él entra en los estuarios estrechos con espumosos remolinos que lo tragan. Se encuentra monstruos de seis cabezas con colmillos acerados. Los rayos le caen encima. Prominentes ramas salta para alcanzar a librarse de un río furioso. Dioses y dioses lo resguardan, pero otros quieren matarlo. Cambia identidades. Está macilento. Se duerme y se despierta por el sonido del carcajeo. Él cuenta su historia a extraños. Han pasado veinte años. Lo llevaron a algún lado y  fue dejado allí. Han echado drogas en su vino. Ha sido una ruta dura de viajar.

De muchas maneras, algunas de estas mismas cosas te pasaron. Tú también has tenido drogas echadas en tu vino. Tú también has compartido la cama con la mujer equivocada. Tu también has sido hechizado por voces mágicas; voces dulces con melodías extrañas. Tú también has llegado lejos y ten han soplado de vuelta. Y también has tenido llamados cercanos.  Has enojado a gente a la que no deberías. Y  también has errado por todos los alrededores de este país. Y tu también has sentido el viento maligno, aquel que te sopla nada afortunado. Y eso es todo.

Cuando vuelve a casa, las cosas no han mejorado. Los desfachatados se han mudado y están aprovechando la hospitalidad de su esposa. Son demasiados. Y aunque él es más grande que todos juntos y el mejor en todo - mejor carpintero, mejor cazador, mejor experto en animales, mejor marinero - su valor no lo salvará, pero sus trucos lo harán.

Todos estos retardados tendrán que pagar por deshonrar su palacio. Se disfrazará como un mendigo impúdico y un humilde criado le da patadas cuesta abajo de escalones con arrogancia y estupidez. La arrogancia del siervo le agita, pero él controla su ira. Él es uno contra cien, pero todos caerán, incluso los más fuertes. No era nadie. Y cuando todo está dicho y hecho, cuando él definitivamente está en casa, se sienta con su esposa y le cuenta las historias.

Pero, ¿qué significa todo ésto? Yo mismo y muchos otros compositores hemos sido influenciados por estos mismos temas. Y los temas pueden significar muchas cosas disímiles. Si una canción te mueve, eso es todo lo que importa. No tengo que saber lo que significa una canción. He escrito todo tipo de sucesos en mis canciones. Y no voy a preocuparme por eso- por lo que significa todo. Cuando Melville puso todo su antiguo testamento, relatos bíblicos, teorías científicas, doctrinas protestantes y todo el conocimiento del mar y de las embarcaciones y las ballenas en una sola historia, no creo que él tampoco se hubiera preocupado por lo que significa.

John Donne, el poeta-sacerdote quien vivió en tiempos de Shakespeare, escribió estas palabras: "Los Sestos y Abydos de sus pechos. No de dos amantes, sino de dos amores, los nidos". Tampoco sé qué significan. Pero suenan bien. Y quieres que tus canciones suenen bien.

Cuando Odiseo en La Odisea visita al famoso guerrero Aquiles en el inframundo - Aquiles, quien cambió una vida larga llena de paz y contentamiento por una corta llena de honor y gloria - le dice a Odiseo que todo fue un error. "Acabo de morir, eso es todo." No había honor. Ninguna inmortalidad. Y que si pudiera, elegiría regresar y ser un esclavo humilde de un arrendatario, de un hacendado en lugar de ser lo que es - un rey en la tierra de los muertos - que cualesquiera fueron sus luchas en vida, eran preferibles a estar aquí en este muerto lugar.


Eso es lo que son las canciones también. Nuestras canciones están vivas en la tierra de los vivos. Pero las canciones son diferentes a la literatura. Están predestinadas a ser cantadas, no leídas. Las palabras en las obras de Shakespeare fueron destinadas a ser actuadas en el escenario. Así como las letras de las canciones están destinadas a ser cantadas, no leídas en la página. Y espero que algunos de ustedes tenga la oportunidad de escuchar las letras de la forma en que fueron propuestas para ser escuchadas: en conciertos o discos o de la manera como las personas están escuchando canciones por estos días. Regreso otra vez más a Homero, quien dice: "Canta, oh Musa, y a través de mí cuenta la historia".

(Foto de arriba.  Playa de Tel Aviv en shabat. Por Juan Pablo Plata. Derechos Reservados.)

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