Por Jerónimo García Riaño

Tres anuncios por un crimen o una oda a la tragicomedia


Solo en dos ocasiones mis pobres pronósticos han sido certeros. El primero fue en el 2006 cuando les dije a mis amigos que Portugal quedaría entre los cuatro mejores equipos del mundial de Alemania, y quedó de tercero. El segundo fue el año pasado, cuando gracias al error de Faye Dunaway y  Warren Beatty, mi película preferida y nominada al Oscar venció a la adornada La La Land. Por lo demás todos mis pronósticos se los ha llevado el viento, así como los que dan las condiciones del clima en este país.

Y espero sumar una tercera victoria diciendo que tal vez la película Tres anuncios para un crimen, sea la que se lleve la estatuilla del Oscar a su casa.

Esta película tiene una combinación acertada de humor y tragedia. No exagera en las escenas cómicas y las combina muy bien con aquellos momentos en que las condiciones de una situación obliga a la gente a actuar de maneras a veces insospechadas.

Algunos dicen que la película es una comedia oscura, sin embargo creo que es todo lo contrario, es la muestra continua de situaciones difíciles que pueden caber en lo cotidiano, que de entrada la alejan de la comedia, pero que pone en evidencia que la vida, en una suerte de cosquilla fina, nos hace reír ante estas situaciones, o bien porque nos pone personajes que con sus actos nos alegran la vida o porque nos deja en momentos en que no queda más que reírnos sin entender bien porqué si lo vivido no lo amerita. Esa es la magia, creo yo, de esta película. La cercanía con la vida: llanto y risa todo el tiempo.

Por otro lado, las actuaciones de sus protagonistas son perfectas. Rescato la de Frances McDormand, que en películas como Fargo y Quémese después de leerse (ella es de las preferidas de los hermanos Cohen) ya demostró su nivel actoral, y que aquí protagoniza a una mujer adolorida por la muerte de su hija y busca la manera de llamar la atención para que el crimen quede resuelto y se encuentre al culpable de esa muerte. Es una mujer fría y valiente que enfrenta inclusive a la iglesia en unos cuantos minutos de la película para defender su causa con los anuncios que ha puesto. ¡Esta mujer se va a ganar el Oscar a mejor actriz! Otro pronóstico.

Y también resalto la de Sam Rockwell que hace de un agente de policía fracasado y racista que vive una transformación no moral, pero sí ética,  a partir de una situación que le ocurrió, demostrando que es un policía astuto y de los buenos. Es el personaje cómico de la película porque hace reír al público que la está viendo. Pero realmente es un hombre que vive angustias y miedos y rabias enmascarados en la holgazanería y el abuso. Las actuaciones de Rockwell  en cintas como Siete psicópatas y Milagros inesperados, también son referencia de la calidad del trabajo de este actor. 

Tres anuncios por un crimen (o por su nombre original: Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Missouri) es una película que demuestra, una vez más, como en la literatura, que las historias no pertenecen a un género en particular (suspenso, comedia, drama, etc.) sino que se desenvuelven de acuerdo a las circunstancias, dando puntos de giro inesperados, como en la vida misma.

Por ello, además por su argumento y por las actuaciones de Woody Harrelson y de Peter Dinklage, entre otras, esta película merece ganarse el Oscar. Debe llevarse el galardón el próximo 4 de marzo. Creo que de lejos supera a la película querida este año, La forma del agua.

Ahí estaré ese domingo, acostado en mi cama, con la esperanza de acertar en el pronóstico e ir sumando puntos proféticos en mi lista, al mejor estilo Nostradamus.  

¡Muy muy recomendada!                  

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Por CINE premios oscar

Y los nominados son...








Juan Merchán


El pasado 23 de Enero se anunciaron todos los nominados a los premios Oscar 2018 entregados por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. 

En medio de un confuso ambiente marcado por la imparable fuerza financiera y de propuestas narrativas de las series de televisión, y con un álgido debate mundial encabezado por el movimiento me too que ha denunciado el acoso sexual de varios personajes tras el burladero del cine de Hollywood, llega la edición número 90 de los premios Oscar que se realizará en la ciudad insigne para el cine estadounidense, Los Ángeles, el próximo domingo 6 de marzo. Esta edición asignará premios a las películas que fueron filmadas o producidas en el 2017.

La baraja de nominados de esta edición de los Oscar incluye propuestas arriesgadas en lo técnico, algunas tradicionales en lo narrativo, y otras cuyas miradas confrontan la excesivamente púdica (y mojigata)  tradición sexual  norteamericana en la gran pantalla. Está claro cómo la imagen impacta la sociedad, pero no deja de sorprender la forma como la sociedad influye en la producción de imágenes, y no pocos han visto cadenas que unen varios de los nominados con temas de evidente actualidad en el mundo occidental.

A continuación, exploramos 5 de los 9 filmes nominados a la categoría “Mejor Película del año”.






Call me by your name (Llámame por tu nombre)
Luca Guadagnino
Italia – USA- Brasil – Francia


Quizá el filme más atractivo del grupo de nominados, Llámame por tu nombre adapta la historia del libro homónimo del novelista egipcio André Aciman. Esta historia aborda el tema del primer amor y sus vaivenes. Oliver (Armie Hammer) es un estudiante de doctorado que viaja de su natal al norte de la Italia de comienzos de los 80. Allí es asignado para trabajar con un reconocido profesor en Cultura Gregoromana. Habitando su casona antigua, Oliver conoce a Elio, el hijo del profesor, quien disfruta de un bagaje intelectual y cultural amplio, pero que carece de esas novedades del cortejo a las cuales hasta ahora despierta. Oliver, Elio y la campiña italiana inician una relación de alta carga sensual que supone el arribo de la sexualidad, el amor y el desconsuelo.



Darkest hour (Las horas más oscuras)
Joe Wright
Reino Unido

Vuelve la apabullante calidad actoral de Gary Oldman representando a un personaje insignia para las islas británicas. Winston Churchill toma el mando de un barco cuyo previo capitán, Neville Chamberlain, intentó mantener en aguas mansas a través de una política de apaciguamiento. El bulldog británico abre y entra sin objeción en el 10 de Downing Street en Londres para analizar cómo enfrentar a una Alemania nazi que en el día de su posesión estaba invadiendo Holanda y Bélgica. Este filme histórico, además haber logrado la aceptación de historiadores acerca del manejo del personaje y los eventos que rodeaban los tensos días de 1941, tiene en Oldman a un espléndido actor cuya interpretación permite comprender las vacilaciones y flaquezas de un personaje que siempre se nos has mostrado como incólume. 




The Shape of Water (La Forma del Agua)
Guillermo del Toro
Estados Unidos
Siendo el filme con más nominaciones (13, en total), La Forma del Agua parece llevarse el favoritismo de la crítica. Vuelve Guillermo del Toro, después de su anterior película (La Cumbre escarlata) y lo hace recurriendo a su conocido manejo de elementos mágicos, de seres supernaturales que intervienen en la vida cotidiana del protagonista. Esta vez, al inicio de los años 60, Elisa (Sally Hawkins), una joven solitaria que trabaja en limpieza, vive en un mundo aislado debido a su mudez. Irrumpe entonces en su realidad una criatura anfibia, capturada en Sur América  por militares que hacen parte de un proyecto secreto del gobierno de Estados Unidos durante la guerra Fría. Inicia entonces una relación entre estos dos excluidos, y una aventura contra los deseos del maquiavélico coronel Frank Hoyt (Michael Shannon) quien con una espléndida actuación quiere quebrar este idilio de amor tan poco visto en la filmografía de Del Toro. 



Dunkirk (Dunkerque)
Christopher Nolan
Reino Unido – Estados Unidos – Francia – Holanda

Uno de los directores de Hollywood más celebrados y criticados en igual medida es Christopher Nolan. Después de su muy aclamada Interstelar, el director británico asume la dirección de una historia épica de la guerra de guerras. Es la Segunda Guerra Mundial y mientras vimos a Churchill en Darkest Hour enfrentado a sí mismo, debatiendo qué hacer con un Hitler irrefrenable, hay un contingente del ejercito aliado atrapado en Dunkerque, costa norte de Francia, límite con Bélgica. Encerrados en una bolsa, los soldados han caído ante una táctica común del ejército nazi que viene a terminar de reclamar la Europa continental. Hay que sacar de allí a más de 300.000 hombres. El Héroe de la interpretación fílmica de esta épica militar toma cuerpo en varios hombres presentes la tarde de la evacuación: Tommy (Fionn Whitehead), un soldado raso que sobrevive una incursión y logra alcanzar la costa, el Señor Dawson y su hijo, civiles que acuden al rescate de los soldados que puedan subir a su barco pesquero, y del piloto Farrier, a quien su intrepidez le permite acabar con varios aviones de la Luftwaffe y lo entrega todo para retrasar la llegada de las tropas nazis. Es Dunkerque una sentida descripción audiovisual de esta importante épica para el pueblo británico.



The Post (The post: Los oscuros secretos del Pentágono)
Steven Spielberg
Estados Unidos
En un año donde el señor Trump amenaza a Corea del Norte con una guerra y ratifica una guerra interna a los medios que le critican, se exhibe The Post, un relato intrigante que se basa en la verídica  participación del periódico estadounidense The Washington Post al inicio de los años 70, cuando sus periodistas develaron varias versiones inexactas emitidas por el gobierno sobre la guerra de Vietnam. Con la participación de dos actores insignias de la industria como Tom Hanks y Meryl Streep, Spielberg rinde un cauto homenaje a los  periodistas encargados de esa crucial labor informativa, así como a Atharine Graham, histórica figura de la industria periodística y primera editora de periódicos en ese país. Con una manifiesta investigación y trabajo archivístico, Spielberg entrega una historia verosímil, históricamente verídica pero también entretenida. No son pocos los que han establecido vínculos claros entre varios de los diálogos y momentos de la película y los cruciales momentos actuales de la política estadounidense bajo el mando del señor Trump.


También nominados a esta categoría están los siguientes filmes:
Phantom Thread (El hilo fantasma) – Paul Thomas Anderson – Estados Unidos https://www.youtube.com/watch?v=qZhf_QWdHDM
Get out (Huye) – Jordan Peele – Estados Unidos - https://www.youtube.com/watch?v=HOtVOxS7SjA
Lady Bird  -  Greta Gerwig  https://www.youtube.com/watch?v=NBarS8525 - 
Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres anuncios por un crimen) - Martin McDonagh – Estados Unidos - https://www.youtube.com/watch?v=zGf-3olaNwY 

Aunque referente útil sobre la actualidad del cine comercial de Norteamérica y de Europa, para la mayoría de realizadores independientes y amantes del cine alternativo, los Oscar reciben una importancia exacerbada en menoscabo de otras ceremonias y festivales, a costa del cine de otras miradas, de hechura distinta y de distinto modo de entender el arte. Sin embargo, la influencia de las películas nominadas en la cultura popular, en los avances técnicos del cine y especialmente en las nuevas miradas del mundo occidental de élite hacia temas coyunturales es digno de análisis. Finalmente, hace parte de ese juego de estar en oposición a algo: siempre mirar qué sucede al otro lado de la calle.


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Por Larry Mejía

Pecado: un placer fugaz

"Yo no le tengo mucha confianza ni a las FARC, ni a Santos, pero me alegra que estén por lo menos planteando la posibilidad" L.R.



México. Una entrevista a Laura Restrepo, por Larry Mejía 


Llegó puntual a la cita y se presentó con esa amabilidad que tenían los bogotanos de muchos años antes de que yo naciera, esos de los que me habla mi papá o sobre los que he leído en novelas que intentan atrapar una historia que dejamos ir sin saber cómo ni hacia dónde.
Atravesamos la recepción de Random House Mondadori, y nos topamos con la sala García Márquez, la cual le hizo decir a Laura “¿y ahí qué?, ¿atiende su fantasma?”. Frente a la estancia, como una premeditada y terca designación de los muertos, pasamos a instalarnos en un lugar ambientado con libros y una foto de Ernest Hemingway, quien estaba sentado frente a su máquina de escribir, sí, sentado, no de pie como escribía Víctor Hugo.
Saberla ganadora de tantos premios y trotamundos de tantos mundos dentro de este mismo, me mantuvo nervioso, amén del desconcierto que produce escuchar a tres mil kilómetros de casa, el mismo acento con el que crecí.
Los saludos de parte y parte, parecieron los de un par de viajeros que toman un breve descanso antes de continuar con su viaje. Laura ha de seguir hacia Europa, donde actualmente vive junto a Carlos Payán, el fundador del diario La Jornada de México, y junto a su hijo, un joven dedicado a la novela gráfica.
Para romper el hielo –a falta de güisqui–, le recordé la frase de Capote “no hagas una entrevista, ten una conversación”, y así, con el tiempo en contra, empezó esta breve plática que me regresó por mucho la fe en un arte tan degradado como la literatura, cuyos más importantes personajes, consideran pagar por la fama un precio de abstracción que los hace parecer frente a los mortales, figuras de imposible acceso.
Las primeras preguntas –que no tenían mucho que ver con las redactadas para esta nota–, tuvieron que ver con la cacería de libros en Bogotá y en la recién inaugurada Ciudad de México; en tanto un nombre nos llevaba a otro; Laura me comentaba de Libia Cacho y de Leila Guerriero, pues está interesada en lo que escribió esta última sobre el suicidio, yo le conté de mi pesquisa sobre las Cartas de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska, que Laura conocía y por ese libro continuamos hablando de Mutis, y de otros autores a quienes yo he leído y con quien ella comparte un lugar en las letras de todos los países que ha tocado su existencia. Luego de la plática y de romper sin güisquis el hielo, le aventuré la primera pregunta a quien es hoy por hoy –y ojalá que por mucho– la escritora más importante nacida en Colombia.
LM: De niño vi una caricatura de Mafalda, la escritora de Quino; ella salía de su cuarto con una pancarta que decía algo así como “voy a arreglar al mundo”, su mamá le ripostaba “¿Ya tendiste tu cama?”, ¿Laura Restrepo, tiene su cama?
LR: Bonita pregunta. La verdad sí, casi que como en un ritual, pues es la única manera de arreglar algo. Hoy en día, por el tipo de vida que estamos llevando, arreglamos la huerta, tendemos la cama, vivimos en una tendencia de comunión con el contexto en que me encuentro. (Hizo una pausa y agregó), extraño viniendo de un trotskismo tan principista como el mío. Pero llega un momento en que uno entiende que si uno no hace eso, se va sin hacer nada.
LM: “Los colombianos siempre quieren la paz” dijo Laura en otra entrevista, ¿cree usted que Colombia está preparada para algo que no conoce? Digo, somos un país donde los violentos somos todos, ¿qué opina de la mentada paz de Colombia?
LR: Yo creo que el solo deseo ya moviliza, pero lograr paz en Colombia, sin que cambien las cosas además en el resto del mundo es una cosa que no se va a lograr. Pasa un poco como la Constitución de 1991, a lo mejor no se cumple, pero nada más tenerla ya te ofrece una ruta.
Yo no le tengo mucha confianza ni a las FARC, ni a Santos, pero me alegra que estén por lo menos planteando la posibilidad, eso te da una meta, una orientación, que sin duda es mejor que otra, también puedes decir “guerra”, eso sí que lo conocemos. Lo que pasa es que tu pregunta también lleva a algo muy jodido, tendríamos que pensar en eso que se dice siempre “por qué el colombiano siempre tan ligado a la violencia”, yo te diría ¿por qué siempre tan ligado a la muerte?, como en una especie de vocación sacrificial, donde parece que no sabemos vivir, pero sabemos morirnos, es nuestra ofrenda. No hablemos pues de buenos o malos, o de quiénes matan bien o quienes matan mal, en general todos queremos matar y todos queremos morirnos y lo sentimos como un gesto grandioso, como un único aporte. ¿Qué pasó, en qué momento se invirtieron los valores de la vida y la muerte para nosotros? Eso para mí es una gran intriga.
Intentando buscar respuestas, en medio de su silencio y el mío, pasamos a otros temas posibles, le hablé a Laura de mis novelas caóticas y ella me comentó sus proyectos serios, ordenados, seguros. Me hizo una peligrosa confidencia, pues me sugirió un tema sobre el cual yo podría escribir y de esa manera abordamos de forma muy sencilla el tema de la escritura; despojándolo un poco de esa carácter mágico, pero sin perder la emoción por la palabra y por el poder de las obras de arte en los procesos que revindican al hombre.
De la violencia de la colonia pasamos a la poesía y Laura, con precisión recordó a Gonzalo Arango y su Elegía a desquite, que es en pocas palabras una crónica del alma violenta de Colombia: “Sí, nada más que una rosa, pero de sangre. Y bien roja como a él le gustaba: roja, liberal y asesina. Porque él era un malhechor, un poeta de la muerte. Hacía del crimen una de las más bellas artes. Mataba, se desquitaba, lo mataron. Se llamaba “Desquite”. De tanto huir había olvidado su verdadero nombre. O de tanto matar había terminado por odiarlo.”
Para resarcir la violenta radiografía de esa leyenda del crimen en nuestro país, Laura decidió recordar unos versos de Aurelio Arturo que evidenciaron en ella una nostalgia que los inmigrantes llevamos a flor de piel. El tiempo presupuestado para la entrevista se pasó recordando poemas colombiano en una suerte de contrapunteo en el cual Laura llevó siempre la batuta.
Luego hablamos de las novelas colombianas y Laura insistió en que el lenguaje era una coraza en la narrativa del país, “adentro de nosotros somos herméticos”, aseveró. Como ejemplo de una trasgresión en esta costumbre habló del libro Lo que no tiene nombre de su colega Piedad Bonnet, y aclaró “yo creo que Piedad con ese libro derribó un muro gigantesco, mucho más grande de lo que se ha calculado. Yo pienso que Piedad hizo lo que había que hacer. Es que en otros países sí saben abrir las entrañas y mostrarla y nosotros no sabemos, pero ella lo hizo de manera magistral con un tema tan difícil”.

LM: Y siguiendo con las mujeres colombianas, ¿qué opina Laura de Ingrid Betancur?...

(Frente a su silencio pasé a otra pregunta.)

LM: Hace un par de semanas le pregunté a Elena Poniatowska por Fidel Castro, y en esta oportunidad trataré de precisar, ¿qué opina usted sobre la persecución de Castro con respecto al caso Padilla y a Reinaldo Arenas?

LR: La revolución se ahogó en ese tipo de atrocidades y de estupideces. Yo creo que Cuba sigue siendo nuestro mejor sueño. No ha habido en América Latina un mejor sueño.

LM: ¿Es más sencillo el camino de la literatura para las mujeres o para los hombres?

LR: Sí y no.

Mientras la puerta de la sala se abría y cerraba cada minuto, recordándonos los compromisos de Laura con los diferentes medios, recordé una pregunta que mi amiga Isabel Portilla me había sugerido hacerle:

LM: ¿Qué leía usted a los 20 años?

LR: A esa edad yo leía al boom latinoamericano, esas novelas que nos entregaban al continente en libros uno tras otro.

Hablando de un par de libros de esa época y dejando pactado una nueva cita durante su estancia en México, se nos pasó la mañana y cometí el Pecado que fue no hablar de su nuevo libro Pecado, en el cual debió concentrarse nuestra reunión.
Agotado el tiempo en este Placer Fugaz de recordar poemas para recordar la patria, le pregunté a quemarropa y a manera de despedida algo que tenía que cuestionarle a alguien que dictó clases en la Universidad Nacional de Colombia. Me respondió con tres palabras que dejaron en claro su ingenio frente a la realidad del país donde nacimos.

LM: Laura, un exalcalde de nuestra ciudad dijo “tenemos que pensar si queremos hacer de la Universidad Nacional la mejor universidad del país o la universidad de los pobres”. ¿Usted qué piensa?

LR: Las dos cosas.

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Por Sara Giraldo Posada

Carrera Oro y Paz



Llegué a Salento con el propósito de estar presente en la llegada de la penúltima etapa de la carrera Oro y Paz, una válida categoría 2.1 de la Unión Ciclística Internacional, algo que Colombia, un país en el que parece que su deporte nacional fuera el ciclismo y no el “tejo”, es una novedad. Nunca, el país cafetero, hogar de los escarabajos, había tenido una carrera avalada por la máxima autoridad del ciclismo internacional.

Salento, un municipio del departamento del Quindío, se ha convertido en un final de etapa común en las carreras nacionales. Su topografía y estilo colonial se prestan para remates espectaculares y vistosos. La Vuelta a Colombia y el Clásico RCN, han hecho de esta pequeña población un lugar habitual para los pedalistas profesionales que corren en la circunscripción doméstica.

Pues bien, la aventura comenzó con la expectativa del día siguiente. Tuve que llegar al pueblo con anticipación pues la etapa iba a impedir el acceso en un horario bastante extendido, así que era necesario pernoctar allí para poder presenciar el evento. La emoción y la ansiedad me impidieron mantener un sueño decente. A las 7:00 am me levanté de la cama, para hallar la sorpresa de que el calentador de agua se había averiado. Resulté iniciando el día con un baño “terapéutico”, porque el agua de Salento es gélida, baja directamente del páramo.

Una vez vestida y desbordada de ilusión, emprendí el camino rumbo a la plaza principal. Eran escasas las 8:00 am cuando ya se acumulaba la gente a los lados de la meta y de la subida final. Faltaban más de cinco horas y los aficionados ya estaban acomodados en sus sitios, que no estaban dispuestos a abandonar por ninguna razón.


Yo aún no decidía dónde ubicarme para esperar el paso del evento. Tenía claro que debía ser estratégico, algún sitio en el que tuviera amplia visibilidad para poder reconocer quiénes iban pasando, sin importar el paso que llevaran, de lo contrario, mi experiencia se resumiría en borrones de manchas de colores pasando frente a mis ojos a toda velocidad. Tras pensar un rato y recorrer varias cuadras del pueblo, se me ocurrió que lo mejor era esperarlos durante la trepada al puerto de montaña, así aseguraría que fueran a un paso menos exigente y, por ende, me resultara más sencillo reconocerlos y animarlos.

La marca del último kilómetro fue mi elección, tenía una vista privilegiada pues se podían ver dos curvas hacia abajo y frente a mi había una sección recta de cerca de cuarenta metros. A mí lado se encontraba una familia que había madrugado a las 6:00 am para poder llegar a Salento antes de los cierres. Ellos, llevaron banderas de Colombia e iban con las camisetas de la selección. Uno de ellos, vestía una remera vintage del Deportes Quindío (equipo profesional de fútbol de la región).

Una vez instalada la tricolor empezaron a diseñar los clásicos avisos que se pintan en las vías para las carreras de ciclismo. Esos en los que constan los nombres de los favoritos, se declaran amores, se recuerda ídolos y se plasma la pasión en el asfalto. Pues yo no pensaba quedarme atrás, y también con el propósito de emparejar un poco el asunto, ya que el 90% de los avisos, pancartas y grafiti tenían como protagonista a Nairo Quintana, comencé a escribir los nombres de los demás: Gaviria, Rigo, Henao, Pantano, ‘puma’… mientras lo hacía pasó una señora y me dijo: “Escriba Nacho, Nacho Montoya, no Vidal” Me sonreí por el chiste y le pregunté que quién era Nacho, ella me dijo que era su hijo y que estaba corriendo la válida. Con todo el cariño hice lo propio.


Subían personas caminando, que no habían podido llegar a Salento en transporte público o privado. Llevaban a cuestas unos seis kilómetros, y casi un premio de montaña, para ver a sus ídolos en carrera. Así mismo, pasaban ciclistas aficionados, otros lo hacían trotando. La fiesta deportiva era total, absolutamente todos querían tomar partido. De pronto, uno de los ciclistas frenó frente a mi y se dirigió al chico de la camiseta del Quindío y exclamó: “-¡Ahhh!, es usted, Andrés, yo sí decía que debía ser alguien conocido porque estamos en vía de extinción-“ seguro se refería al ocaso prolongado en el que se ha visto envuelto el equipo y por consiguiente en el detrimento de hinchas.  

Ya la mesa estaba servida, la carretera pintada, y la emoción al límite. Cuando menos lo esperé, pasó un amigo de años atrás, con quien compartimos la pasión desmedida por el deporte pedal. Inmediatamente le compartí el hallazgo glorioso de mi ubicación y se acomodó conmigo.

Los radios de los vecinos informaban que el pelotón venía cerca, que había tensiones y que la acción estaba asegurada. El helicóptero se hizo visible en el cielo y mi emoción se desbordó. En cuestión de tiempo los vería pasar en las curvas previas que podía ver abajo.
Los vehículos de la organización se hacían más frecuentes, la gente se notaba inquieta, los ciclistas aparecieron en el panorama, estaban terminando el descenso. A lo lejos se veían pasar en la montaña del frente. Nos separaban pocos metros de ver a los mejores ciclistas colombianos.

¡Por fin! El pelotón de los favoritos se asomó por la curva, Bernal venía tirando, pero cuando vi a Rigo y a Nairo mi corazón se detuvo. Me subió un frío por la espalda, mis ojos se aguaron, la piel se puso de gallina. Definitivamente no lo podía creer. Luego pasó Pantano, Atapuma, Anacona…después, naturalmente, apareció Gaviria, ya no podía contenerme, mi amigo y yo coreamos su apellido a todo pulmón y el momento, por fugaz que fue, quedará para siempre conmigo. (No se imaginan cómo me puse cuando vi a Alberto Contador en la tarima)

La etapa se la llevó Rigo, la general la obtuvo Nairo, pero la victoria real fue para el ciclismo. Hoy, se creó audiencia, se moldeó público, se tocaron corazones, se movió la pasión y los colombianos se volcaron a las calles para corresponder a sus ciclistas por lo que representan en el mundo para el país.

Dicho todo esto, acá el resumen de la etapa, hecho por mi amigo Sebastián Cruz, que vivió esta experiencia tan intensamente como yo:

La pancarta señala que desde allí restará tan solo un kilómetro a meta. La gente se amontona ya, incluso desde más abajo; aficionados al ciclismo (residentes del departamento del Quindío, de todas partes de Colombia y de diversos lugares del mundo) esperan con ansiedad a lado y lado de la angosta y ajada vía que de Boquía conduce a Salento. La meta, mil metros adelante, está orgullosamente dispuesta entre la iglesia y el parque del pueblo, el gentío alrededor es impresionante.

El pelotón, que partiera horas antes de la ciudad de Pereira, impulsado por el Quick Step Floors y el Sky ya ha engullido a once de los doce aventureros de la jornada, y Rodrigo Contreras, el último de los valientes, es cazado a falta de cuatro kilómetros.

El ascenso es encarado con rapidez; el Sky tensa y sostiene un ritmo duro desde pie de puerto para poner contra las cuerdas al líder Julian Alaphilippe (Quick Step Floors), que para este terreno apenas cuenta con el apoyo del ecuatoriano Narváez. Metro a metro el grupo se fragmenta, los que no pueden sostener el ritmo se hacen a un lado y pedalean como pueden.

La afición se levanta, el aire es eléctrico; a poco más de dos kilómetros para finalizar, Daniel Felipe Martínez (EF Education First Drapac p/b Cannondale) lanza un ataque con el que logra abrir hueco, pero Egan Bernal (Sky) se para sobre los pedales y lo trae de vuelta; es un juego de estrategia entre las segundas basas de los World Tour aprovechando su peligrosa cercanía en la general. El ritmo de Bernal es fortísimo y continúa seleccionando el grupo.

El asfalto está decorado a cada paso, y más densamente a medida que se avanza, con los nombres de los héroes que pedalean. A falta de dos mil metros, Nairo Quintana (Movistar) demarra con violencia y de nuevo el joven Bernal se encarga de secar el ataque, en apoyo a su líder Sergio Henao (Sky), con una facilidad que asombra. La movida es contundente y el grupo se reduce a tan sólo seis unidades. Bajo la pancarta del último kilómetro, con los gritos de aliento y la emoción de la gente, pasan enfilados Egan Bernal, Daniel Felipe Martínez, Nairo Quintana, Rigoberto Urán (EF Education First Drapac p/b Cannondale), Sergio Henao y Julian Alaphilippe, que se defiende con uñas y dientes, pero que cierra el grupo y se le nota en aprietos.

El kilómetro final del puerto, que culmina en la Estación de Bomberos de Salento, y con un porcentaje de inclinación promedio del 7,8%, resulta demasiado para Alaphilippe. Ataca Henao y su rueda es marcada de inmediato por Urán, sale ahora Bernal, en un juego estratégico perfecto del conjunto británico, pero Urán se muestra intratable y responde nuevamente, entonces Rigo se pone al frente y Quintana conecta con Henao a su rueda; un duelo World Tour en toda regla.

La línea que denota el paso por el puerto es conquistada por el cuarteto encabezado por Egan, que se lleva los máximos puntos de la clasificación de la montaña. Curva a la izquierda, giro a la derecha y por fin la recta final. El bullicio de la gente es tremendo, la emoción se desborda, los cuatro ciclistas empiezan a acelerar, se ven muy igualados, están subiendo la última rampa (una cuadra al 20% para llegar al parque de Salento) Nario sale a toda velocidad pero Urán responde y, sobre el límite, le saca casi media bicicleta de distancia al boyacense. ¡Rigo, Rigo, Rigo, Rigo!

Rigoberto Urán gana en el embalaje, segundo Quintana, tercero Bernal y cuarto Sergio Henao con el mismo tiempo; Nairo se enfunda la rosa de líder general y Rigo le escolta a tan sólo tres segundos. Mañana nos espera una lucha tremenda con llegada en el alto de Chipre, Manizales.

Pero, entretanto, en medio del camino, bajo la pancarta del último kilómetro, la gente sigue alentando con alegría a los corredores que, desgranados y esforzados, continúan pedaleando para cruzar la meta dentro del límite de tiempo; la fiesta no se acaba hasta que el carro escoba pase escoltando al último de la etapa.





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Por CAMILA GARCIA TEPOZTLÁN UNDER THE VOLCANO

El hombre reemplazable*



Yo tenía una relación estúpida con Camilo Pérez y un día, viendo lo estúpida que era, decidí cortarla de raíz y sacar a Camilo Pérez de mi vida y de Facebook. Me puse un poco triste, pero la tristeza no duró nada porque ese mismo día otro Camilo Pérez me envío solicitud de amistad y lo vi como una señal clarísima que Camilo Pérez era completamente reemplazable. Ese otro Camilo vivía en Ciudad de México y quiso la casualidad que al poco tiempo de habernos conocido virtualmente, yo viajara a México, pero no al DF sino a Tepoztlán, donde él tenía algunos amigos.


Es una usanza que no quiero cuestionar aquí el conocer amigos de amigos cuando estamos en su ciudad, así es que, siguiendo la usanza -con la salvedad de que esta vez no se trataba de un amigo, sino de un amigo virtual-, me puse en contacto con uno de sus amigos que me invitó a una reunión con más amigos. Así nos vimos juntos y dispares en un restaurante donde terminamos descubriendo que no todos conocíamos al mismo Camilo Pérez, algunos eran amigos de otro Camilo Pérez que también era colombiano y también era escritor y unos pocos de un tercer Camilo Pérez de profesión desconocida. 

Al final no me quedó claro quién era amigo de quién ni me sentí con ánimos de averiguarlo, me fui del restaurante pensando si en verdad quiero conocer otro Camilo Pérez.

*Este relato fue escrito durante la residencia extendida Under The Volcano en Tepoztlán.

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Por México Zappa Punk

Zappa Punk, pionera del punk en México





"Querer ser 'gritante' o 'cantante' es la necesidad de gritarle las falsedades al sistema, de que la mujer gane un espacio para externar todas las inquietudes y qué mejor que con música ruidosa", Zappa Punk.

Eduardo Suárez


Patricia Moreno, "Zappa Punk", tenía apenas 12 años en el barrio de San Felipe de Jesús y ya sabía que quería ser "gritante". Se inició musicalmente en el blues y el rock heavy, pero marcaron su estilo aguardentoso de cantar punk Patti Smith Janis Joplin, Joan Jett, Sham 69 y Charged GBH.

Fue fundadora del Tianguis Cultural del Chopo, participó en los colectivos como C.H.A.P.S.  Colectivo A, Mujer Estrella de Libertad, Mujeres y Hombres Rebeldes en Búsqueda de un Cambio en la Humanidad. Además de las bandas urbanas Suzis peleoneras punk, y la bandas musicales: Ruidosas, SS20, Secta Suicida y Virginidad Sacudida, actualmente Convulsiones.

En entrevista, Zappa Punk nos contó porqué decidió permearse de la ideología punk y "gritarle las falsedades al sistema", intentar ser diferente en esta "sociedad de impunidades e injusticias" y buscar la "libertad".

-Dicen que el punk ha muerto ...

Zappa: Muchos afirman que el punk está muerto. Es gente que lo tomó como moda y no como forma de vida. El punk es libertad, paz, anti armas nucleares, anti racistas, anti crueldad animal...se compara con la anarquía, porque no se rige bajo normas y estamos en la búsqueda de la libertad y un mundo diferente a lo establecido.
Un punk se diferencia de esta sociedad, no por su vestimenta -que es importante-, pero lo es más la actitud de ser diferentes, de demostrar el carácter de puedes llegar a ser un individuo  evolucionando y con ideales firmes ante toda la decepcionante sociedad.
A nivel mundial los punks luchamos por nuestra cultura, demostrándola por medio de la música, diversas disciplinas artísticas e igual destacando en varios niveles dentro del arte.

-En un país machista, ¿cuál fue la lucha de la mujer dentro de la contracultura punk?

Zappa: Ha sido una batalla dura, aunque los tiempos se ha aligerado el sentimiento machista de la banda. Ya es más aceptado, más que antes al menos. Pero en el inicio si me tocó enfrentarme a toda una guerra de aceptación.
He tenido la oportunidad en la vida de sólo dedicarme al punk, a componer y dedicarme a esperar la tocada. Pero también he hecho de todo, hasta de danzar slam en helipuerto. 

Aparte de ser cantante y compositora de música punk, ha trabajado en panteones, embajadas clínicas, hospitales, vendiendo cháchara en los tianguis, pero lo suyo es la publicidad y el diseño, pero no lo trabaja más que sólo con el grupo Convulsiones.

Zappa: "Me inicié en el mundo del diseño de la ropa, por apoyo por una de las supervivientes de las 'Suzis peleoneras punk', una legendaria banda de chavitas de allá por la década de los 80: Silvia "Suzy" Pok. Trabajando el corsé y diseños especiales que la banda nos pide. Intentamos no tener patrón y ser trabajadoras independientes.

Actualmente está en proceso la marca ZAPPA PUNK La leyenda. Porque ella no sólo es pionera del punk , sino también ayudó a fundar el Tianguis Cultural del Chopo

Zappa: "Logramos un espacio llamado Tianguis Cultural del Chopo, espacio de reunión que ha sobrevivido a más de tres deudas económicas, funcionando hasta la fecha con tachaduras y enmendaduras y en donde corre el varo y en donde los únicos que no caben ahí son los del comité.

"Como iniciadora de ese espacio, del cual en la actualidad formó parte mínimamente, me llega la información de que son los del Comité son los que están fallando, y que lástima que es gente que ya terminó con puntos esenciales del tianguis y su cultura del trueque; sólo los manipula el varo", finalizó.

A esta cantante, ícono de la contracultura en México, actualmente le graban un largometraje las Mujeres y cultura subterránea, que pese a que aún no tiene nombre tras tres años de rodarlo, pueden consultar los avances en el perfil de Facebook de Zappa.

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Por El otro lado de la esperanza Kaurismaki

El otro lado de la esperanza: parar, contemplar y amortiguar el dolor





Juan Merchán


De las cientos de  imágenes que hacen parte de lo que llamara Heiddeger avidez de lo nuevo o avidez de novedades, en el 2017 las imágenes la crisis migratoria en Europa parecen mantener una tímida fuerza. Sin embargo, debido a que la imagen del cuerpo de un niño de 3 años sirio que murió en las playas del Mediterráneo ha logrado, con su inherente crudeza, mover arriba la línea de tolerancia ante el horror, estas imágenes del año que terminamos sobre la tragedia siria y los intentos aún más arriesgados de los refugiados para entrar en Europa[1], caen ya con facilidad en lo que queda atrás o lo no curioso, más definiciones tomadas del filósofo del Ser que no obstante parece que no esperaba que su dasein cayera tan de bruces en lo resbaladizo de lo cotidiano, en ese desapego (que se pretende mentalmente saludable) de la tragedia del otro.

Esas imágenes de policías histriónicamente rompiendo las cabezas de gentes arrodilladas que cruzan fronteras alambradas, esos videos de pueblerinos nacionalistas que como bienvenida les imponen reverendos puños y militares patadas para hacerlos sentir cálidos en casa, escenas constantes a lo largo del año, perdieron su tensión significativa, cayendo en esa etérea área de lo ya visto, ya vivido, área construida a partir de la hipervisualidad. Quizá si la sangre hubiese corrido rauda sobre la arena blanca de las playas de Costa Azul, o si otro chico sirio hubiese caído muerto esta vez en Bulgaria, esas imágenes hubiesen agitado nuestra curiosidad lo suficiente para 3 o quizá 4 días de debate en redes sociales. Entonces es el cómo, y no el qué. Es entonces el estilo, como lo señaló ya Lyotard, el que ahora da valor a la imagen, y  ya no el contenido.

En un año donde de manera estrafalaria el debate político, económico y hasta ecológico ha estado ligado a aquel personaje tan ridículamente siniestro que habla de murallas y vetos, la guerra que sigue ardiendo sangre en Siria parece diluirse en el olvido. Ese olvido, dada la mencionada nula o leve reacción a imágenes estilísticamente saturadas, corre el palpable riesgo de convertirse en negación. Lo ya visto carece del impacto de la novedad, y, debido a nuestra avidez por lo sorpresivo, la sugerente mente humana establece un filtro de prioridad. En una aldea de información infinita, es imposible ceder sensibilidad a cada evidencia de horror humano. Entonces inicia el descarte.

 ¿Esta imagen hiere mi susceptibilidad? ¿Aquél video contiene agresión a animales? ¿hay ancianos víctimas? ¿Hay niños víctimas? ¿En qué parte del mundo sucedió la tragedia? ¿Conozco esa parte del mundo? ¿Son más de 50 las víctimas? ¿Cuántos de mis amigos están compartiendo información sobre la tragedia? ¿Personas afines a mi pensamiento sociopolítico están hablando de la tragedia? Y es allí donde el imbatible microprocesador humano realiza un ágil descarte que determina si se presiona o no el botón en la pantalla, o si se esa noche de la tragedia el sujeto hablará en público de su empatía con las víctimas. Pasarán miles de imágenes, imágenes en movimiento y textos frente a nosotros ese mismo día de la tragedia. Sin embargo, la mente negará entonces las que no resultaron del filtro de cercanía (pretendida o sincera). “Nunca la vi” (ergo) “nunca existió”

Pero y bueno, entonces ¿dónde entra el arte (si es que entra) en ese tinglado de elusión? Nadie sabe. O nadie quiere saber. Pero entonces está Kaurismaki con su más reciente filme, “El otro lado de la esperanza”, un valiente manifiesto humanista que nunca abandona las raíces de su autor. De entre todas las artes, como afirmaba Tarkovski, solo en el cine se puede realizar lo que en otras no, se alcanzan límites irrealizables desde otras orillas del arte. Por más pretencioso que eso sea, (y Kaurismaki no escatima en pretensión), es cierto que el cine de directores como el finlandés aún mantiene esa mirada originalmente certera de la realidad. En este último filme, Kaurismaki mantiene con certeza la característica más diferenciadora de su obra, el humor negro, adaptándolo esta vez a una historia que detiene el olvido de la imagen y se centra en uno de los refugiados sirios que pudiesen ser miles, de esos que ponen, un pie si, y el otro también más allá de los Balcanes.

El director finlandés ha logrado forjar una filmografía robusta (17 largometrajes, 3 documentales) a partir de situaciones cotidianas que se ven enfrentadas a las tragedias sociales de cada tiempo. Pero es sin duda su astuto uso del humor en situaciones de desesperanza lo que ha hecho de él un director identificable, cohesivo en su propuesta y muy sagaz en ese manejo narrativo.

Desde su adaptación de Crimen y Castigo, o en historias de campesinos que viajan a la ciudad o a Estados Unidos debido a la quiebra de la industria minera y el campo (Ariel, Los Chicos de Leningrado viajan a Nueva York), Kaurismaki desde el guion señala momentos de absurdidad en situaciones que pueden hacer reír o llorar, o quizá las dos cosas. En lugar de ensalzar el contenido dramático de un hombre que lo ha perdido todo en un robo, incluso su memoria (El hombre sin pasado) y horadar la tristeza que esto puede producir, Kaurismaki opta por hacerlo caer en el error risible, en el absurdo que supone su nueva condición y la actitud de los que lo conocerán. Kaurismaki no corta una escena por exceso de drama, la mantiene aunque amortiguada con acciones, frases y miradas que suavizan el impacto, pero que recuerdan que lo mismo le puede pasar al espectador. Es un simple reflejo de la imposibilidad de una felicidad o tristeza completas, de los matices propios de la realidad.

En El otro lado de la esperanza, Khaled, un joven sirio que escapa a las fauces de la muerte, al parecer no logra del todo deshacerse de sus zarpazos. Durante ese trasegar de más de 3500 kilómetros, su hermana se pierde en una de las trampas humanas impuestas por la canalla Europa. La motivación del personaje, compulsiva a lo largo de la historia, le fuerza a vivir la vida del inmigrante sirio en suelo hostil. Indiferencia y discriminación cotidiana, represión estatal, amenazas de deportación, ataques de pandilleros neonazis, hambre. Pero el espectador tiene entonces la sensación de que, por muy verosímiles que se presenten cada una de las situaciones, la labor actoral (Sherwan Haji) y la escritura y dirección de Kaurismaki entregan a la narrativa un constante flujo de esperanza, de nuevo haciendo uso del recurso de los comportamientos absurdos y de una fuerte presencia del concepto de amistad.

De manera paralela camina Wikström (Sakari Kuosmanen) un tipo de personaje recurrente en los filmes de Kaurismaki y el cual da cara a esa generación Finlandesa que se alimentó de la bonanza nórdica antes de 1990 y que luego entró en crisis una vez caída la Unión Soviética. Jugador de póker y comerciante, Wikstrom carga a cuestas su propio drama personal, y resuelve apostarlo todo a un restaurante anticuado, con empleados ridículos pero leales. Es un bosquejo más de la sociedad de Helsinki que tanto conoce Kaurismaki.

Con una narrativa ágil, con vaivenes entre la desazón y la espera, El otro lado de la esperanza se ubica como una sentencia atrevida y tremendamente actual, que no solo grafica el exilio sirio en Europa, sino que confronta sin parquedad esos arraigados odios del europeo hacia lo diferente, lo alienígena. Ante tan irrefrenable arribo de hipervisualidad, Kaurismaki parece querer volver a la máxima del ingenio artístico parar, pensar, proceder.  Quizá el 2018 permita que otras miradas logren ralentizar tanto movimiento de información que provoca toda esta masiva confusión (e indiferencia).



[1] Un periodista del portal de noticias político.eu realizó un crudo seguimiento a un grupo de refugiados sirios que ingresaron a Europa y sus inimaginables estrategias para pasar al otro lado de esa cortina impuesta por la unión europea. Su crónica se puede encontrar en https://www.politico.eu/article/bulgaria-threat-to-refugees-migrants-human-rights-dangerous/

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Por Ana Ugarte Mariana Serrano Zalamea

Acerca de las cosas perdidas





Ana Ugarte, Acerca de las cosas perdidas, Santiago de Chile, Cuarto Propio, 2017.

Mariana Serrano Zalamea

Acerca de las cosas perdidas de Ana Ugarte es una novela ubicada mayormente en los años 70 chilenos. Desde un registro íntimo, Catalina, la protagonista, narra su adolescencia e ingreso a la adultez en medio del nudo ciego del “apagón cultural” que oscurece la vida del país austral durante los años posteriores al golpe de Augusto Pinochet. Esta escritora ya había sorprendido a los lectores con su primera novela Casa Colorada (2014) y, sobre todo, con otra voz femenina: la de Alicia, una mujer mayor, quien en dicha novela relata el reparto agrario desde la perspectiva de los propietarios del campo chileno que son expropiados. Es una escritura que, con delicadeza, indaga en la vida cotidiana de mujeres vulneradas por diversas razones.

Es un misterio asombroso cuando la escritura revela un contexto histórico sutilmente entreverado con la psicología de los personajes. La siempre inquietante pregunta sobre cómo vivimos el horizonte histórico que nos toca en suerte, se resuelve, al menos en parte, desde esta narrativa lúcida y sensible. La grande porción de jóvenes que pasaron por la adolescencia en medio del gobierno autoritario chileno después de marchitarse la esperanza socialista de la Unidad Popular, es uno de los tópicos de fondo que aborda esta novelista. Una juventud obnubilada e inocente frente a las prácticas políticas represivas del nuevo régimen, y que trasiega por la existencia desde el jardín de sus cómodas casas de barrios arborizados y avenidas generosas.

Ugarte despliega una narración descriptiva en la que abundan los ambientes detallados y los espacios e interiores que nos permiten imbuirnos en el Santiago de hace 40 años. Catalina pierde a su padre a los 13 años, un médico sensible a su entorno social y quien ejerce la profesión con una vocación de servicio; por añadidura, le inculca a su única hija mujer el amor por la lectura. Antes de morir, predice que ella será escritora. La orfandad cambia la vida de Cata y de sus tres hermanos hombres. Rápidamente, la viuda vuelve a casarse con Eduardo, antagonista por completo de la figura paterna: un hombre pragmático, machista, simpatizante de la dictadura y, sobre todo, abusivo. Como una muestra de su mala índole decide, arbitrariamente, eliminar el recuerdo de su antecesor vendiendo la biblioteca que es el patrimonio más preciado de Catalina.

Ella, sumergida en los abismos de una soledad sin piedad, pues siente que su madre no la comprende ni apoya, se aísla leyendo Moby Dick, el único libro que sobrevive a la purga del padrastro. Desde entonces, Catalina emprende la búsqueda obsesiva del diario perdido de su padre por todas las librerías de viejo santiaguinas. Es el primer guiño al título de la novela: Acerca de las cosas perdidas. El desajuste y la sensación de estar fuera de lugar que experimenta día a día en el ámbito familiar, la lleva al autodestructivo acto de lacerarse las uñas al punto de requerir primeros auxilios para suturar las heridas que se propina. El ensimismamiento de nuestra protagonista sólo se ve mitigado por la relación con Amelia, su mejor amiga, y luego por el efímero noviazgo con Hugo.

A la luz de los ojos y de la piel de una adolescente y, más que nada, recuperando con un oído aguzadísimo un rico lenguaje, rebosante de chilenismos y sociolectos que emergen en unos diálogos muy bien trazados, esta novelista nos abre la mirilla de las emociones y pensamientos de una joven ajena a la implacabilidad del momento histórico que vive. A través de ella, conocemos dosificadamente a los otros personajes y se nos anuncia un secreto a voces: la historia de Amelia, su confidente, quien se practica un aborto después sufrir de una violación.
Pero basta de infidencias. Nosotros, sus lectores, atrapados por una prosa envolvente y matizada, y con una progresión narrativa muy bien diseñada, no queremos interrumpir nuestra lectura interesada en una trama compleja e inteligente. El libro está estructurado en capítulos que a su vez están compuestos de fragmentos y escenas bien configurados. Aun así, valga decir que Ana Ugarte es más acertada al crear sus personajes femeninos: Catalina, su madre y Amelia. Hugo, su “pololo”, ese particular vocablo chileno para designar al novio con el que se inicia en las inciertas lides del amor, es un estudiante de filosofía comprometido quien la cuestiona por su mirada cándida del gobierno de Augusto Pinochet y le abre parcialmente los ojos sobre el silenciamiento social y político y la represión de esos años. Sólo lo conocemos a través de la visión que Catalina tiene de él. Eduardo, el siniestro padrastro, recae por momentos en el estereotipo del hombre perverso, morboso y vertical. Martín, su hermano mayor, es cómplice de Catalina e intenta acompañarla en sus pequeñas batallas frente al cruel padrastro, en sortear la debilidad materna y el contexto cotidiano incierto, aunque manteniéndose al margen de las cosas que suceden en el Santiago de los 70.

Así, es una novela que se suma a las nuevas escrituras de autoras latinoamericanas que, desde mi punto de vista, no podemos pasar por alto. Ana Ugarte se sitúa al lado de otras grandes narradoras chilenas contemporáneas como Alejandra Costamagna, Lina Meruane y Fátima Sime, quienes desde diversas y potentes poéticas pueblan de miradas y expresiones renovadoras y refrescantes nuestra vibrante literatura latinoamericana. Todas ellas tienen una gran capacidad para entrelazar en el texto un contexto insinuado que revela heridas latentes, fisuras profundas y verdades no dichas sobre la condición de ser mujeres en las geografías de esta región del mundo.


Gracias al azar y a la buena suerte conocí a esta escritora y también la primera versión de la novela. Pero de no ser por este encuentro fortuito tal vez no la habría podido leer debido a la limitada distribución de autores “no consagrados” por fuera de las fronteras nacionales. Hago, por tanto, un guiño para que los lectores colombianos indaguen en la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá en los títulos de la Editorial Cuarto Propio y retengan el nombre de Ana Ugarte para que no pierdan la oportunidad de leerla. 

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Por daniel rivera manuela espinal solano

Los reyes llegan con oro, incienso, mirra y libros...




Ojalá este año los reyes magos traigan en su equipaje muchos libros. Acá seguimos recomendando algunos, no necesariamente publicados hace poco.








Daniel Rivera Marín


Me ha escrito el editor de no ficción de esta revista digital, me preguntó cuáles son esos libros colombianos de los últimos años que yo quisiera ver entre los más leídos para la festividad de Reyes. El editor se llama Ángel Castaño y tenemos una relación de alegre complicidad literaria, así que no tuve otra opción más que escribir esta pequeña columna. En el primer libro que pensé fue en Cuaderno de París, de Pablo Montoya. Exaltar los libros de Montoya se ha vuelto un cliché, como si alguien dijera “Aquí está un gran autor que ahora todos celebran pero que, zas, yo había leído antes”. No es mi caso y hablo de este libro porque lo leí con espíritu voyeur. ¿De qué trata? Sucede que a través de cortas postales Montoya cuenta sus días en París, donde estudió un doctorado y vivió por casi diez años. Hay una añoranza permanente de Colombia y una lejanía escrupulosa: el escritor ve los horrores de su patria en discotecas parisinas, en las historias macabras del África más profunda. En segundo lugar está Nadie mató a Colmenares, del periodista José Monsalve, libro condenado desde el principio: fue retirado de las librerías, tachado de mentiroso por el papá del joven Colmenares, pisoteado por periodistas radiales. Fue todo un escándalo que alguien pudiera contradecir a la Fiscalía y a los medios de comunicación. Algo de este libro me hizo recordar a Janet Malcolm, la prestigiosa escritora tan frecuente en las páginas de la revista New Yorker. Lo que me hizo recordarla es que Monsalve se atrevió a poner el dedo en la llega de las noticias: ¿qué pasa cuando no hay culpable en un hecho de sangre pese a que los medios y la sociedad —fruto de esos medios— pide uno a todo grito? Finalmente, un poema: “Donde dejé mi brazo / dónde mi cabeza / qué disparo voló mi dedo / qué plomo se llevó mi ojo / qué perro se cargó mi hueso”. Firma Horacio Benavides en el poemario Un huésped en el jardín dormido, publicado por la pequeñísima editorial Frailejón, que nadie conoce, que nadie lee, sería bueno que un día vendieran mucho ese poemario temible y maravilloso.

***



Manuela Espinal Solano

Todos los días nos vemos en otras personas. Vemos en otras caras ciertos rasgos, en otros cuerpos ciertos movimientos que nos recuerdan a nosotros mismos. Nos encontramos constantemente con nuestra propia imagen sin andar buscándola. Esto pasa, sobre todo, con la familia. Las personas más cercanas son las que más se nos parecen, las que andan pidiendo prestados nuestros ademanes, nuestra manera de andar, de vivir. Eduardo Peláez Vallejo sabe bien de esto y, como forma de cobrar lo mucho que él mismo se repite en su descendencia, pide prestada la historia familiar, la biografía, los recuerdos, lo tan íntimo, y escribe sobre esto en Aves de Paso.

El libro es completamente emotivo, nostálgico y, para mayor descaro, contiene fotografías familiares que, se supone, ayudan al lector a ver realmente los rostros, los paisajes. Pero Peláez tiene la facilidad de describir con tanta precisión que las fotografías se vuelven, mas que la revelación de un rostro desconocido, el elemento final que afloja las lágrimas.

Aves de paso es la cuarta novela de Peláez. Se publicó este año por Alfaguara. Y, como es costumbre del autor, tiene como tema central a la familia. La variante de esta vez es el encuentro de una sobrina que nunca antes había conocido, de la que ni siquiera sabía que existía y en la que encuentra –con una nitidez que proviene de la nostalgia, de las ansias por ver una vez más a una mujer que amó— el retrato de su hermana y madrina Marta Luz. Los viajes, los paisajes, las sensaciones, los sentimientos: París, Colombia, la dicha, la tristeza, el sentir que se llegó tarde, la frase que intenta aliviar: al menos se llegó; el cansancio, la ansiedad. Todo es tan claro en las palabras de Peláez. Todo es, por fin, tan real. 

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