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"Sociedad Subterránea" de Guillermo Álvarez, por Juan Soto





Vea Sociedad Subterránea: viaje de viernes bajo Estocolmo de Guillermo Álvarez en Cine Corónica


-Usted me gusta porque es original…- le dice una señora a un cantante ronco de tanto vodka en el metro de Estocolmo mientras se acerca y deja una moneda en el forro de la guitarra.
La señora prosigue:
–Hoy en día todo es importado. Yo soy una vieja estocolmina, por eso me gustan mis originales-.
Cuando la señora dice “hoy en día”, se refiere al año 1979.
“Sociedad Subterránea: viaje de viernes bajo Estocolmo” es una película rodada en 16mm cuya copia ha llegado a nosotros gracias a un transfer casero hecho por Guillermo Álvarez, director y productor de la película, y copiada luego a un DVD que a su vez hemos transcodificado a un archivo MP4 para ser subido a VIMEO. Esta sucesión de formatos, que a simple vista puede parecer trivial, refleja circunstancias que el film arrastra desde su concepción.
La película sucede en el metro de Estocolmo, Suecia. Los personajes están en constante movimiento: son pasajeros, amas de casa, pensionados, indigentes, jovencitos que escuchan rocanrol y fuman hachís, músicos subterráneos, policías, una voz que habla a través de un parlante. Los personajes son, en suma, los y las estocolminas, como dice un título al principio de la película.
Atendiendo al subtítulo “viaje de viernes bajo Estocolmo”,  nos damos cuenta que la película transcurre a lo largo de un viernes. ¿Y por qué viernes? me pregunto en voz alta y la misma voz ronca de vodka me contesta como respondiendo a una pregunta que yo no he hecho:
-Cristo fue un socialista. A los pobres los mata el capitalismo. A Cristo lo mató el capitalismo.
Sin ser cristiano, ni socialista, esta aseveración, sumada al hecho de que la película transcurra en un viernes, último día de la semana laboral, me queda retumbando en la cabeza.
La asociación no me deja una idea o una tesis, más bien una sensación y esa sensación viaja conmigo de principio a fin de la película cuando un limpiador riega con una manguera la plataforma del metro por la que hemos visto desfilar a todos esos estocolminos y estocolminas y aparecen los créditos sobre una pantalla azul.
Este viaje está construido como una sucesión de hechos aparentemente aislados que suceden en ese lugar y que nos van dibujando una sociedad vista desde adentro, o mejor, desde abajo, desde el subsuelo. La película, así como los personajes, nos recuerdan que allí abajo está la gente de verdad, pero a la vez ese mundo subterráneo, infiere lo que hay arriba: un hombre recuerda haber vivido con Geraldine Chaplin, en una pared está exhibido el afiche de Play Time de Tati, en otra pared hay una publicidad en la que se lee “VIVA COMO SUECO, MANEJE COMO ITALIANO”, en el titular del periódico del día se lee “SUECIA, EL PAÍS MÁS EXÓTICO DEL MUNDO”, un policía le pide al equipo de rodaje un permiso que no tienen.

Un zoom nos acerca los edificios que están allá afuera y con ese zoom el director parece subrayar que esta película es sobre este lado de Estocolmo, sobre la gente común y corriente. De todas formas, lo “común y corriente” existe solo en comparación a lo otro: la gente del cine, los que tienen un carro italiano, el estado, la voz del parlante, los que escriben las noticias.
Esta es una película común y corriente, sobre gente común y corriendo, vista a través del lente común y corriente de una cámara de 16mm, hecha por un colombiano común y corriente que se fue un día a estudiar cine a Suecia, sabrá dios o Marx por qué, e hizo una película para intentar entender a  esa ciudad, y a esa sociedad, que no era la suya.
Pero las películas comunes y corrientes, al parecer, no tienen espacio en la lista de prioridades de las instituciones encargadas del patrimonio audiovisual colombiano y los haluros de plata que vieron la luz en 1979 para convertirse en imágenes perdurables de un mundo que aún tenía las esperanzas de que todo podía ser más justo, se están desvaneciendo en infinitas transferencias de formato a formato: de la película a la cinta magnética, de ahí a los DVDs y ahora a estos ceros y unos que se supone conforman el archivo MP4 que subimos a VIMEO y que usted está a punto de ver o que ya vio.

Cuando le pregunté a Guillermo quién era ese Ola Olsson a quién está dedicada “Sociedad subterránea: viaje de viernes bajo Estocolmo”, me respondió:

“Lo de la dedicatoria de la película a Ola no tiene mucha importancia en sí, era una cuestión de simpatía y en cuanto a lo que aprendí de él también lo puedo decir de muchas personas vivas y muertas y es más, hace tiempo pienso que uno aprende de todo el mundo: basta poner la lupa. El mundo, la vida, es la mejor y más directa escuela porque es la que cada quien lleva consigo y es igual y diferente a la de todos los demás; (…) Quiero agregar que nunca he pensado en quién pueda haber ejercido influencia en lo que yo hago y menos en el momento de hacerlo, además, la influencia no es solo la de las buenas películas sino quizás también de las malas o de las que nos quieren hacer pasar por buenas. Encima de todo, las influencias, buenas y malas, no son solo del cine -serían muy limitadas- sino de todas las artes y de lo que uno pueda asimilar, consciente e inconscientemente, de la pequeñísima parte de la cultura universal a que cada quien pueda tener acceso. Pero lo fundamental es la vida de cada quien y su relación con la vida del resto; de ahí salen las cosas que creo valen la pena.”


Juan Soto
Londres, Mayo 4 de 2015.
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Cosas de campo, por Camila Bordamalo


Durante los últimos tiempos se había apoderado de mí la abrumadora sensación de que la degradación del mundo iba muy rápido, por eso creí conveniente darme un aire y salir de la ciudad. Nos metimos por  caminos polvorientos y estrechos, subimos montañas y peñascos de tierra roja bajo un cielo impoluto. La alta luminosidad del lugar, comparable sólo a la del Sahara fue estableciéndose a medida que avanzábamos. Cuando divisamos la casa de nuestro amigo campesino allá en lo alto, ya hacía calor, pese a que era temprano. 


Como el camino fue encogiéndose ante la inmensidad de la montaña, dejamos el carro bajo la sombra de un árbol semidesértico, sacamos las bolsas con las viandas para el desayuno y empezamos a caminar.

Llegamos acaloradas, abotargadas. Corrí a la sombra del zaguán, la frescura de la tapia pisada era una bendición. Los perros siguieron batiendo la cola y olisqueando nuestras bolsas, eran café amarilloso como las piedras dispuestas en fila sobre el piso de tierra, de pelo corto, con la cola larga y arqueada hacia arriba. Tulio salió a recibirnos, en medio de la baraúnda del saludo se asomaron dos hombres con sombrero.

_Vienen por el ternero, -nos dijo Tulio-, les vendí un ternero ayer.
_¡Vamos a verlo! ¿Puedo dejar esto aquí o los perros lo cogen?
Tulio me recibió las bolsas, las entró y salió en seguida.
_¡Sigan! Les gritó.
Los hombres entraron, aseguraron la puerta enganchando la argolla de alambre al  palo y caminaron hacia la casa.
_¡Buenas!
_Buenas, cómo están.
_Unas amigas de la ciudad, -nos presentó Tulio-
_Mucho gusto.

Después del apretón de manos y las palabras amables nos fuimos con ellos por el ternero, terminada la diligencia haríamos el desayuno y nos lo comeríamos frente a aquella vista maravillosa. La casa de Tulio queda en una muela de la montaña, su parcela llega hasta donde empieza el abismo, si uno se asoma bien al borde y se inclina un poco puede ver la carretera destapada abajo. Al frente se ven la cordillera, el río y algunos pueblos pequeños. Los perros nos siguieron alegres.

El ternero se había salido del corral, estaba tranquilo, parecía contemplar el paisaje. Le colgaba una cuerda delgadita del cuello, una cuerda amarilla pálida como los ojos de los perros. Uno de los hombres de sombrero se acercó para cogerla, pero todo pasó en cuestión de segundos. Pasó un chulo, volaba veloz y bajito, Silvia y yo hasta nos agachamos un poco porque el animalaco volaba muy bajo, el ternero se asustó y echó a correr apenas lo sintió pasar encima suyo, la sombra del ave duró más en la tierra que el ternero que se lanzó al abismo hacia una muerte segura, mientras el chulo planeaba sobre el vacío, impasible.

Camila Bordamalo García
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Hebe Uhart en #Filbo2015

La escritora argentina Hebe Uhart estuvo en la Feria Internacional del libro de Bogotá 2015 para presentar sus relatos reunidos por la Editorial Alfaguara. La entrevista a cargo del periodista Juan David Correa. 


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Alejandro Torres Ocampo, Librero



Libros Viejos, Leídos, Usados, Raros. Literatura Clásica, Novela Policiaca, Fantástica, Terrorífica y Contemporánea. También Filosofía, Esoterismo, Arte y música. Más de 3000 títulos (no son muchos) a disposición. Alejandro Torres es el librero de El árbol de tinta, Bogotá. 
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Andres Espinosa, Robot-Ilustrador



Andrés Espinosa es ilustrador de Revista Corónica. Pueden apreciar su trabajo en Facebook, en Google Plus o en su blog Robot Ilustrador.
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