Por ALBERT CAMUS RESEÑAS

Camus: vivir con la enfermedad

Libros que nos salvan. Libros que se sobreponen constantemente a nuestras preferencias. Libros que nos enseñan a vivir. Libros que dan asco. Libros venenosos que tranquilizan, cuando  deberían desesperar. Libros que hablan de otros libros que jamás leeremos. Libros no escritos. Libros por escribir. Variaciones sobre El mito de Sísifo, de Albert Camus.



I
Hace mucho tiempo había en Alemania un escritor secreto que decía que las pasiones son la cosa más extraña del mundo, porque los que nunca las han sentido dentro de sus venas no las entienden, y los que las experimentan  a diario no pueden explicarlas con la suficiente claridad como para hacerlas razonables.
Es mi caso: completamente imposible traspasar una pasión o hacérsela clara y palpable a alguien que no sabe lo que es un sueño, ni lo que implica seguirlo hasta la muerte.
Por eso, quien experimenta un entusiasmo extraviado está condenado a la soledad y el desprecio de la gente invidente.
Pero hasta en la soledad es posible encontrar ocultos algunos oasis de compañía, y uno termina por darse cuenta de que aquellos que ven cosas que otros no ven (aunque lo que vean sea algo que no vale la pena, una mentira o una imagen extinta), esas personas no necesitan más que una fe ciega en lo que están haciendo, y una linterna para alumbrar los caminos que trazaron las cicatrices de los hombres que vivieron antes que ellos.

II
¿El absurdo? Es el sustituto de la fe divina (o de lo que sea que esté más allá de lo que nos acostumbramos a pensar o a imaginar como Dios).
Lo que queda es una gota de sangre en medio de un universo vacío, en donde no existe ninguna ley ni garantías de justicia para ninguna persona.
La libertad no existe.
Lo único que podemos hacer a lo largo de la vida es construir nuestra propia cárcel, y hacerla lo más amplia posible.

III
¿Qué es, en todo caso, la madurez frente a la posibilidad del suicidio?

IV
El hombre es un ser enfermo. Escena 1. Sale de su casa con la esperanza de encontrar una mujer porque teme morir solo. Escena 2. Camina por las calles de su ciudad y se inclina sobre los pensamientos que pasan por su cabeza: tiene miedo de desaparecer, y por eso se lanza sobre el mundo y vive mejor y más profundamente que los seres de carne que lo rodean. Sin embargo, el hombre siempre está solo y él lo sabe, aunque encuentre una mujer buena. Escena 3. Ama a las personas que lo acompañan como podría amar a cualquier otro ser vivo que está condenado, por igual, a la destrucción. Escena 4. Vuelve a casa.

V
La fatalidad del hombre consiste en saberse enfermo, y anhelar la vida es el único impulso que le sostiene.

VI
El hombre es un moribundo, y sabe que lo mejor que puede hacer es divertirse y sonreír, pero el gusano de la tristeza le obliga a buscar el amor de los otros por medio del arte y la mentira. Todo para él es absurdo en un mundo llano y sin sentido, pero existe el placer de la dádiva y la entrega, como también existen los gestos honestos y las motocicletas y los viajes. El hombre es un ser que se contenta con poco, y vive del mejor modo posible antes de que se desvanezca su oportunidad de tirar los dados.
No.
El hombre quiere ganar el juego, pero está destinado a perderlo por más que le sonría la suerte, por más que se mantenga en vela, por más que repita los mismos rituales que lo mantienen con vida.

VII
El hombre seguirá siendo un golfo que quiere pasarla bien antes de que la oscuridad lo rodee; por eso busca el juego y el peligro, tanto como el descanso y el alimento. Está parado en medio de una eternidad que lo conmueve, pero a la vez lo excluye y lo aparta de su milagro. La naturaleza del hombre consiste en tratar de volver al vientre del cual se desprendió cuando no tenía consciencia de sí mismo, y con frecuencia lo hace por medio del placer. Pero el hombre también es capaz de de procurarle placer a las personas que ama, y allí se encuentra su redención. Puede malgastar una herencia familiar en una semana. Puede convertirse en un traidor y en un forajido. Puede decepcionar constantemente a la gente que lo vio crecer. Puede desaparecer y tomar un avión con destino a África y hacerse un vagabundo y un extraño en un pueblo desierto en donde solo hayan esqueletos y fantasmas, pero siempre podrá sonreír.

VIII
El hombre que no se ríe de sí mismo es un pobre desgraciado. El hombre sabe que cualquier cosa puede resultar una buena excusa para quedarse quieto y descansar, pero su destino lo conjura, y los amigos y las veladas con buena comida y el póker.  A esta situación el hombre le llama la Vida, y cada quien la vive a su manera. Esa es la única dignidad del hombre: la libertad de elegir su propia vida sin atender las consecuencias, o estando dispuesto a todo, aun y con las peores consecuencias.


IX
El hombre inteligente sabe que debe temer, y que todo lo que decidimos hacer debe estar precedido por las mismas consideraciones que tenemos ante  una lucha sobre la arena, sin escudo ni esperanza. Esa es la ilustración final de  Camus: vivir con la muerte en el alma, aunque el presentimiento del amor nos confunda y enloquezca y nos haga creer que estamos a punto de alcanzar una nueva verdad.
Así vive el único hombre que merece vivir.


X
La enseñanza de Camus, si es que su libro puede dejar alguna lección clara, es que el único derecho que me puede proporcionar el país villano en donde estoy parado es que nadie me mate antes de que se acabe el 2012, que es cuando al fin y al cabo todos nos vamos a morir. Hasta entonces, yo tengo derecho a vivir para volver a ver el mar en donde nací hace 49 años, en una soleada tarde de solsticio, pero sobre todo tengo derecho a ser lo que siempre he debido ser, aunque para hacerlo haya que trazar demasiadas vueltas sobre  una sola región cartográfica de la vida, y a los ojos del mundo parezca como si hubiera desaparecido la última posibilidad de encontrar el camino definitivo hacia mi madurez.

XI
Explicación: cuando terminaba la década de los noventa yo me había hecho vendedor de libros y era un hombre sin esperanza. ¿De qué le sirve la esperanza a alguien que no tiene corazón al fin y al cabo? Entonces creía que podía vivir como la gente que anhela cosas que solo podrán conseguir después de muchos años de miseria, y para eso entré a trabajar bajo las órdenes de un jefe de mercadeo. Los tipos con los que me topaba eran unos pobres pelmas; muchos éramos jóvenes, pero algunos ya llevaban bastante tiempo sonriéndole a un futuro en el que la vida continuaba siendo igual de patética que el presente. En fin, yo también le endilgué mi corazón a las autoridades del sistema abominable en el que habito, pero no hablo de estas cosas para airear mis culpas ni para dejar constancia de las personas que he conocido a lo largo de mi carrera de estupidez e incapacidad. Hablo porque fue en esa época en donde conocí los primeros vértigos de algo que me ha acompañado a lo largo del tiempo: un parásito molesto que se cuela en el cerebro y ya no te deja jamás. ¿Un sentimiento, una náusea, una pasión?
Entonces encontré el libro de Camus.
¿Quién en nuestros días necesita leer El Mito de Sísifo, de Camus?
Un libro así está escrito para funámbulos, díscolos, adolescentes pobres con problemas existenciales que jamás han tenido un coito con una bailarina de piernas torneadas.
Dicen, en todo caso, que la desesperación  llama a la buena lectura, así como el dolor de una vida desenfrenada y triste llama a las puertas de la lucidez.
Hay cosas que cualquier tipo puede deducir, y es que Camus, además de poeta, dramaturgo, novelista, filósofo del absurdo, era un moralista y un pedagogo. Su estrategia era esta: no lidiar con la necedad, sino mantenerse en guardia contra la muerte, ya que no hay nada que hagamos tan en serio como aquellas cosas que nos empeñamos en llevar a cabo para salvar nuestro pellejo: cualquier ponzoña o recuerdo mortal.


XII
Tal vez sea así, en todo caso. ¿No, mon cherie?

 
Albert Camus | Biografía | francais -... por pedsarod

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