Por CAMILA BORDAMALO CUENTOS RESEÑAS WILLIAM SAROYAN

Me llamo Aram, por Camila Bordamalo

Por Camila Bordamalo García

Saroyan

En la pasada feria del libro de Bogotá tuve un hallazgo feliz: Me llamo Aram (My name is Aram) 1940, del escritor y dramaturgo armenio-estadounidense William Saroyan. Años antes había leído El joven audaz sobre el trapecio volante y había quedado fascinada, seducida por la sinceridad de sus relatos, por la curiosidad inocente e infantil del narrador. Los libros de Saroyan tienen el encanto de venir de un mundo donde no existía la tecnología (al menos no en un estado avanzado como el de ahora), un mundo lento donde todavía había tiempo para pensar y para observar, donde lo que pasaba en otros lugares del planeta era misterioso para todos. Las historias de Saroyan fueron muy populares durante los años de la Gran Depresión; él era hijo de inmigrantes armenios pobres provenientes de Turquía que llegaron al oeste de los Estados Unidos. La mayoría de los cuentos de Saroyan retratan el universo provinciano del oeste y giran en torno a sus primeros años de vida.

William Saroyan nació en Fresno, California, su padre, que tenía un viñedo y había sido educado como ministro presbiteriano, murió en 1911 a causa de una peritonitis cuando Saroyan tenía apenas tres años. William y sus hermanos fueron llevados a un orfanato. Seis años después se reunieron con la madre en Fresno. En 1921 Saroyan asiste a la escuela técnica para aprender mecanografía, pero tiene que abandonar los estudios a los 15 años, es entonces cuando su madre le muestra algunos escritos de su padre y William decide hacerse escritor. Con ingresos obtenidos penosamente en trabajos ocasionales y en su empleo más estable en la compañía de Telégrafos de San Francisco, donde trabaja como administrador, logra continuar sus estudios.

Publica artículos en The Overland Monthly y escribe sus primeros cuentos bajo el seudónimo de Sirak Goryan. A principios de 1934 vende el relato “El atrevido joven del trapecio volante” a la revista Story y ahí empieza su apoteósica carrera literaria. Se convierte “de la noche a la mañana” en uno de los escritores más populares de Estados Unidos. En 1939 decide probar suerte en el teatro y gana el premio Pulitzer en 1940 con su obra de teatro el momento de tu vida, pero rechaza los 1000 dólares por oponerse al patrocinio y la condescendencia de los ricos hacia el arte.

Su primera novela La comedia humana fue adaptada al cine y galardonada con un Oscar en 1949, lo que le reportó 70 mil dólares de la época, que repartió generosamente entre amigos y familiares.

Muchas de sus historias hablan del desarraigo del inmigrante y en general del desarraigo de la condición humana. Los críticos dicen que Saroyan introdujo el impresionismo en la literatura y que sus cuentos y sus obras de teatro violaban las reglas establecidas porque carecían de intriga y eran la expresión de un estado de ánimo. Saroyan unió la misteriosa penumbra de su origen armenio y el sentido práctico y directo de la forma de ser de los norteamericanos. El centro de todo su interés residió en su pericia interior o en la minuciosa vida cotidiana de los personajes. Por estas y otras razones es considerado un poeta de la novela.  Aunque su producción literaria disminuyó en los últimos años, a la edad de 71 años, dos años antes de morir de cáncer, publicó su obra Obituaries sobre figuras que había conocido.

De Me llamo Aram dicen que lo consagra como un gran maestro de la narrativa norteamericana contemporánea y un escritor con una sensibilidad poco común para revelar la sustancia íntima de que está formada la vida corriente de todo ser humano. A mí la lectura de este libro me alegró bastante, recuerdo especialmente Los Granados, cuento que narra los intentos del tío soñador y excéntrico de Aram de construir un jardín en medio del desierto, Sabios consejos para el viajero norteamericano. La Carrera de cincuenta metros y El viaje a Hanford que habla del tío de Aram que no quería trabajar sino tocar cítara todo el día.


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