domingo, 17 de mayo de 2020

Afirmar la vida hasta en la muerte

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Una nota sobre El uso de la foto, de Annie Ernaux/Marc Marie 


Por Paula Andrea Marín C. 


En mi diario: “Esta mañana, orgasmo en la cocina”. La primera aparición del sexo del otro, el desvelamiento de lo que hasta entonces era desconocido, es algo insólito. Con eso vamos a vivir, vamos a construir nuestra historia. O no.
Annie Ernaux/Marc Marie. El uso de la foto

El uso de la foto, de Annie Ernaux/Marc Marie (publicado por primera vez por Gallimard, 2005) describe una relación afectiva y de deseo entre un hombre y una mujer: ella anda por los 60 y él por los 40. M.[arc] admira a A.[nnie] por la forma en la que escribe, por los libros que ha escrito. El lector es testigo del principio y del fin del deseo, de una relación sin un futuro (tradicional) a largo plazo. A y M. nos entregan sus testimonios de lo que sucedió. Todo parece limpio, honesto, directo. A. y M. se encuentran un día de enero en París. Ese primer día, después de haber intercambiado correos por algunos meses sobre la obra de A., ella le cuenta a M. que le han diagnosticado cáncer en un seno; M. le propone a A.: “Venga a pasar la noche conmigo a mi habitación, en el hotel”. A. usa peluca por la quimioterapia; M. quiere que le muestre su cráneo al estilo Annie Lennox (a finales de los 90), ama su cráneo al estilo Annie Lennox. Allí comienza una relación que va a durar cuatro estaciones.

Antes de El uso de la foto: ocho novelas leídas de la francesa Annie Ernaux (Una mujer, Pura pasión, El acontecimiento, El lugar, La vergüenza, La otra hija, Memoria de chica, La mujer helada); nueve obras en las que ella se expone a sí misma como si fuera otra. Los libros de Ernaux constituyen etnografías, biografías sociales, “sociología de lo privado” a partir de su experiencia; El uso de la foto no es la excepción: lo que antes hizo solo con ella misma, aquí lo hace con el deseo compartido y con su propia enfermedad.

A. y M. hacen fotos de los restos de sus veladas: las ropas regadas en el piso de la casa de A. en el salón, en la cocina, en la habitación, en el estudio. A. y M. escriben, por separado, textos sobre algunas de esas fotos, sobre el deseo que los precede y el encuentro sexual que los sucede. A. y M. desconocen el contenido de lo que escribió el otro, hasta el momento en el que ambos terminan la escritura de todos los textos acordados. A medida que el lector avanza en el descubrimiento de ambos testimonios, acude también al desgaste del deseo. A. y M. quieren fijar aquello que será inevitable olvidar luego: “La expresión de su rostro en el momento de correrse…, su manera de chupármela y el movimiento de su cuerpo cuando está encima de mí”. Pienso: ¿De cuántos de mis amantes recuerdo su rostro al momento de correrse, su manera de chupármela, el movimiento de su cuerpo cuando han estado encima-debajo-al lado de mí? ¿Cuántos de ellos recordarán mi rostro al momento de correrme, mi manera de chupárselas, el movimiento de mi cuerpo cuando he estado encima-debajo-al lado de ellos? ¿Cuánto de este lenguaje sexual es mío y cuánto de él está atravesado por el lenguaje que he aprendido de los hombres para hablar del sexo, del deseo, de mi cuerpo?

A. afirma en su deseo por M. su negativa a tener una relación de pareja tradicional: “Pertenezco sin duda a la primera generación de mujeres que conocen más la sorpresa renovada de las camas aleatorias que la costumbre del lecho conyugal”; M. afirma en su deseo por A. su necesidad de apartarse de su modelo tradicional de ser hombre: “Tener que adoptar la vestimenta del Macho, camisa de cuadros para parecer leñador, gorra de béisbol para parecer americano, barba de tres días para parecer viril, baggy para parecer moderno, vaquero ajustado para marcar paquete a falta de poder marcarme el culo que no tengo”. Aunque ambos rehúyen el modelo de pareja tradicional, reiteran, indefectiblemente, el “drama” de toda relación afectiva: los celos, los reproches, aquellos momentos en los que uno deja de entender al otro, las palabras que hieren y el sexo como último recurso de comunicación (o las caricias o los besos que, por estos días de cuarentena y contagios, se tornan peligrosos). El drama afectivo, aún en medio de la enfermedad y de la posible muerte; el drama que aflora a la par de nuestras inseguridades avivadas o apaciguadas por un gesto o por una palabra del otro.

El otro será siempre –si estamos dispuestos a verlo– una revelación de algo de nosotros mismos; lo que tenemos durante el sexo no es comparable con ningún otro momento de la vida, con ningún otro papel que interpretemos, nos dice Annie Ernaux en este libro: "Todos los hombres con los que he tenido una historia me parecen haber sido el medio de una revelación, diferente cada vez. La dificultad que tengo de no estar con un hombre me viene menos de una necesidad puramente sexual que de un deseo de saber". Todos los encuentros con el otro tienen mucho de improbable, nos dice Marc Marie en este libro; deberíamos recordar siempre eso –y aún más en estos días de confinamiento–: el encuentro con el otro (largo, instantáneo) como un milagro.

En medio de su enfermedad, Ernaux afirma la vida de su cuerpo, a través del erotismo, del deseo por un hombre, del deseo que despierta en un hombre: “En Francia, el 11% de las mujeres han tenido cáncer de pecho. Más de tres millones de mujeres. Tres millones de pechos recosidos, escaneados..., ocultados bajo blusas y camisetas, invisibles. Efectivamente, un día habrá que atreverse a enseñarlos. [Escribir sobre el mío participa en ese desvelamiento]”. Pero ese desvelamiento no es solo de su cuerpo, sino también de la alteridad que conlleva toda relación afectiva –incluso si parece ser solo de piel–: siempre habrá la pregunta por qué siente el otro, por cómo vive el otro lo que estamos sintiendo. Con el libro de Ernaux/Marie conocemos las dos partes de la respuesta a esa pregunta. Es hermoso –y excepcional– ver cómo ambos se intrincan en lo que viven y sienten, y cómo el final es presentido por ambos en los mismos signos, sin que medie ninguna excusa, ningún engaño.

El uso de la foto, Annie Ernaux/Marc Marie. Madrid: Cabaret Voltaire, 2018.
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PUBLICADO POR Paula Andrea Marín C.
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