lunes, 5 de julio de 2021

La salsa en la primera línea

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Foto tomada de twitter de Univalle Unida. 13 de junio de 2021

Juan Guillermo Caicedo Quintero 

“Maestra vida, de justicias e injusticias 
de bondades y malicias 
aún no alcanzo a comprenderte
maestra vida que seguro no perdona 
voy buscando entre tus horas el espejo de 
los tiempos para ver tus sentimientos 
y así comprender tus cosas 

Y vi espinas y vi rosas 
vi morir seres queridos 
vi bellezas, fui testigo de maldades y de guerras 
vi lo bueno de la tierra 
y vi el hambre y la miseria 
entre el drama y la comedia 
avance entre agua y fuego 
y en Dios me acuerdo primero 
solo en trance de morirme 
o a veces cuando estoy triste, 
mas nunca si estoy contento 

No dura agradecimiento 
pa' aquel que nos da la mano 
tan pronto nos sale el clavo 
se ha olvidado el sufrimiento…” 
(“Maestra vida” canta Rubén Blades) 

En Santiago de Cali se presenta el principal foco de resistencia del estallido social que inició en Colombia, en abril del 2021. La inequidad ha provocado que miles de caleños y caleñas salgan a las calles a reclamar sus derechos y que en medio de este fenómeno social se hagan bloqueos para presionar un diálogo que les brinde alguna alternativa de futuro medianamente vivible. ¿Este hecho es solo una reacción espontánea derivada de tantas injusticias que se presentan en esa región?, ¿qué puede estar en la educación sentimental de estos aguerridos protestantes que los impulsa a actuar de manera radical? Una de las respuestas es la salsa, el ritmo musical que les hace estremecer su cuerpo –el mismo que exponen contra la fuerza pública por ser lo único que poseen–. 

En las marchas de Puerto Rico, en el año 2019, a punta de reguetón tumbaron del cargo al gobernador Ricardo Rosselló. Esto nos invita a pensar en la fuerza del arte como un movilizador social y, específicamente, la música como banda sonora del despertar caleño. Cabe aclarar que la salsa no es el único ritmo musical que se vive en la ciudad; el crisol racial de esta permite grandes y hermosas manifestaciones culturales, con sus respectivos sonidos ancestrales o urbanos. Sin embargo, “La sucursal del cielo” es conocida a nivel internacional como “La capital mundial de la salsa”, y los sones y letras de ella están en el ADN de los vallecaucanos. 

Ahora bien, es importante recordar que la salsa en sus orígenes –desde que tiene este nombre comercial, ya que esta se fundamenta en la música cubana– era música creada en barrios marginales, por personas excluidas que hallaban en esos sones el punto de encuentro y de expresión que les permitía crear una identidad latinoamericana. La salsa es una manifestación barrial. Nació como reacción cultural por la discriminación hacia los latinos en la Nueva York de los años 60. En el libro El imperio de La Salsa (2018), de César Pagano, hay un esclarecedor e interesante ensayo, que cubre las primeras 94 páginas del texto, y nos ilumina de todo el proceso que ha vivido el ritmo. Con especial énfasis en la influencia de esta en la cultura colombiana. 

La esquina del movimiento 

“Caballero, qué caliente 
La esquina del movimiento”. 

En Santiago de Cali y el Valle del Cauca se reúnen varios factores del fenómeno social que se presenta: desigualdad e inequidad en su sociedad y un sentimiento enarbolado de lo local, del barrio, de la gallada, del mompa y, como dice La Sonora Matancera, de “La esquina del movimiento”. La resistencia y los bloqueos se dan en las esquinas por ser puntos de intercepción vitales para la movilidad e, igualmente, porque esto mismo permite tomar varias rutas de escape en caso de ser necesario. Por tanto, todo se va gestando en los barrios populares, los mismos en los que se creció escuchando y bailando aquella salsa que era un grito de identidad y de contracultura ante una sociedad injusta. César Pagano lo expresa muy bien: “Además, hay que recalcar que caleñas y caleños, desde niños, con su familia y en el barrio, se acostumbraron a bailar para hacer una cabal vida social, lo cual se convierte en una necesidad imperiosa y en un disfrute de la vida” (pág: 76).

“La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes, cómo no…” 

“¡Jum!, ni p`allá vo` a miral 
La calle es una selva de cemento 
Y de fieras salvajes, cómo no 
Ya no hay quien salga loco de contento 
Donde quiera te espera lo peor 
Donde quiera te espera lo peor”. 
(Canción “Juanito Alimaña”) 

Es de entender que cuando protestan en la calle estos sectores no solo salen a relucir la indignación, la humillación y el desprecio producto de las políticas del Estado y el maltrato de las clases altas. La pobreza trae consigo el malevaje y un actuar violento y oportunista ante diferentes contextos. Es por esto por lo que muchas manifestaciones se convierten en batallas campales y en ellas, algunas personas se aprovechan para saquear. Estas personas tal vez no entienden la problemática social, lo cual es difícil de medir, pero dichos comportamientos en alguna medida son la consecuencia de la corrupción y su lastre de quitar oportunidades y no brindar lo básico a los menos afortunados. 

Los choques no solo se dan entre “vándalos” y fuerza pública. Existe un término que se llama “Guapería”, que es la acción que realizan los guapos, los buenos para las trompadas y pendencieros. Comúnmente nacidos y criados en barrios marginales en los que aprendieron a no dejarse atropellar; estos son los que en la mayoría de las refriegas se enfrentan a la policía y el ejercito. 


Rebelión 

“Un matrimonio africano 
Esclavos de un español 
Él les daba muy mal trato 
Y a su negra le pegó 

Y fue allí, se rebeló el negro guapo 
Tomó venganza por su amor 
Y aún se escucha en la verja 
No le pegue a mi negra” 

¡Oye, man!, no le pegue a la negra” 
(Interpretada por Joe Arroyo) 

Una sociedad basada en el mérito es una de las causas principales de las rebeliones y el descontento de los pueblos. No es ir en contra de las personas que por sus capacidades alcanzan los objetivos presupuestados, sino el desmontar la creencia o el imaginario de que solo existen ganadores y perdedores. El filosofo político Michael J. Sandel escribió el libro La tiranía del merito, ¿qué ha sido del bien común? (2021), en el que manifiesta que una sociedad que hable de ganadores y perdedores crea un ambiente de polarización y deshumanización de los conflictos. Aquellas personas a las que se consideran perdedoras en una sociedad desarrollan un resentimiento generado por la frustración de no alcanzar sus ideales, más el sentimiento de culpa de pensar que no son capaces y que esto se debe a sus actitudes frente la vida. 

Nada más lejos de la realidad que la reflexión anterior. Michael J. Sandel argumenta que los “ganadores” en el mundo tienen una gran cuota de suerte. Desde nacer en familias adineradas, estar en el lugar indicado, talentos naturales descubiertos a tiempo, amigos influyentes; lógico también, una buena actitud y una voluntad férrea de enfrentar los retos de la vida y muchos otros factores que no dependen solo de desear e intentar alguna empresa vivencial. Deja claro en su libro, que los “perdedores” no solo son personas que no quieren o no ponen empeño a las causas, sino que son personas a quienes los contextos no les permiten ascender porque hay fronteras sociales infranqueables debido al clasismo y al desprecio.

Además, y para el colmo de los males, ni siquiera tienen lo básico como es una alimentación balanceada, estudio y oportunidades laborales, esto arrebatado por la corrupción. En conclusión, lo que plantea es que no solo se enseñe a que existen ganadores y perdedores, sino que aquellos favorecidos por la fortuna ayuden a crear una plataforma para que los menos favorecidos tengan un soporte para impulsar sus sueños. El bien común se basa en que las personas que más tienen capacidad económica y el Estado aporten para que las clases menos pudientes también puedan tener una vida medianamente digna. Algunos seres mezquinos le llaman asistencialismo, sin embargo, ¿qué tiene de malo socorrer a otros humanos que no han tenido suerte o que quizás tampoco tengan capacidades excepcionales para salir de su situación? 

Todo lo anterior, se ha vivido en Santiago de Cali (Valle del Cauca) y ha llevado a que algunos “ganadores”, que piensan que las personas son pobres porque quieren, se sientan incomodados. No vamos a poner en entredicho la legítima defensa frente a una amenaza que atente contra la vida, en estas situaciones extremas se sobreentiende casi cualquier actuar. Lo que se específica es que muchas de las reacciones armadas, de parte de civiles, contra los manifestantes, fue un asunto muy parecido al de capataces y mayorales en épocas de la esclavitud (para ser laxos con el tiempo y el espacio). Para estos, las clases populares y marginadas no deben alzar la voz, deben soportar cualquier tipo de vejámenes porque el “destino” lo quiso así, por ser perdedores. Morir como el Indio Camilo en la canción “Plantación adentro” de Rubén Blades: 

“Camilo Manrique falleció 
Plantación adentro camará 
Se murió el indio Camilo 
Por palos que daba el mayoral 

Camilo Manrique falleció 
Plantación adentro camará 
Y el medico de turno dijo así 
Muerte por causa natural”. 

A pesar de tanto soportar injusticias, llega un momento donde la dignidad se sitúa por encima de los roles históricos y cada cual tiene “una negra” (razón de vida, motivo o circunstancia que es el límite de lo soportable) que no va a permitir que ningún “man” le pegue o la ultraje. 

Despiértala no la sientas… 


“Te critican si no tienes 
Y si tienes que de dónde vienes, 
Solo miran lo que les conviene 
Eso es lo que sienten los que no te quieren” 
(Canción La Tusa, Integración Casanova) 

 A principios del siglo XXI llegó del Pacífico a Cali un baile en el que los cuerpos se chocaban, y que se transformaría en la salsa choke. Su fulgor y ritmo en ocasiones ocultan las letras que reivindican la idea de lo popular. Las canciones de salsa con temática social quedaron, en su mayoría, en la década de los 60 y 70. Desde los años ochenta, sus letras y melodías se transformaron en canciones de corte romántico que hacían más alusión a las relaciones de amor. Los puristas de la salsa le pusieron diferentes apelativos a este cambio generacional en el ritmo: salsa de alcoba, salsa romántica y algunos más radicales la llamaron “Porno salsa”. 

La salsa choke –algunos expertos no la valoran como tal– se introdujo rápidamente en los sectores populares de la ciudad. Se empezaron a producir desde ahí grupos musicales que, con sus letras y pasos de baile diferentes, reivindicaban el sentir de su entorno. Se baila de forma desmesurada y libre, pero muchos de sus mensajes cargan la idiosincrasia del pueblo oprimido. Esto tiene un valor agregado, no solo se habla acerca de los problemas sociales, sino también, de las emociones tristes más clásicas del barrio. 

De la idea anterior se puede tomar como ejemplo la canción “La Tusa”, de Integración Casanova. En esta se canta a la envidia o tristeza que sienten las personas del barrio cuando un vecino consigue algo material o simplemente es feliz. El porqué de estas reacciones en la sociedad las podemos encontrar en el brillante libro titulado El país de las emociones tristes, una explicación de los pesares de Colombia desde las emociones, las furias y los odios (2020), de Mauricio García Villegas

La canción tiene otros elementos que la hacen una fuerte crítica social. Por ejemplo, el asunto de los ´Gota a Gota`, la compra de objetos de segunda mano que salen defectuosos, los intereses apremiantes sobre las casas y negocios conseguidos con prestamos, la vida de los vecinos que se van al exterior y sus vicisitudes, entre otros muchos asuntos típicos de las clases trabajadoras y rebuscadoras. Un ritmo que se fue arraigando en el barrio y que le canta a las injusticias y al lado oscuro de los sentimientos humanos con tanto sabor que nadie sospecha que puede acunar una rebelión. 

“Si Dios fuera negro, mi compay, todo cambiaría…” 

 Junior Jein, ´El Caballo`, fue uno de los grandes representantes de la salsa choke, de sonidos urbanos y del Pacifico, en el Valle del Cauca. Las adaptaciones que hacía a algunos clásicos de la salsa, en los que las nuevas letras y ritmos que ponía a las canciones reflejaban el amor por sus raíces y los inconvenientes sociales de las clases marginales con las que se sentía identificado. Una de estas adaptaciones Si Dios fuera negro––compuesto por Roberto Angleró–– le dio renombre al artista por retomar este tipo de letras con temáticas sociales fuertes y ponerlas de nuevo a sonar de manera masiva en el suroccidente del país. Comprometido con causas humanitarias trasladó a su música el sentir de los habitantes del Pacífico y retomó uno de los proyectos iniciales de la salsa, ser medio de comunicación de los oprimidos y olvidados para mostrar su cultura e identidad. 

“Nada, la vida de los negros no importa nada 
Lo primero que dicen es: "andaban en cosas raras" 
Como Jean Paul, Jair, Léyder, Álvaro y Fernando 
Somos víctimas del sistema y el abandono del estado 
Pero el pueblo no se rinde carajo”. 
(Parte que interpreta Junior Jein de la cancón Quién los mató) 

Asesinado el 14 de junio de 2021, Junior Jein representó a esa nueva fuerza de la salsa con ritmos de hip hop. La alegría desbordante de su música caló en todos los sectores sociales y llevó un mensaje de paz y unidad. 

“Oiga vea, mire vea Con un Cali así ganamos la pelea…” 

(“Del puente para allá” Grupo Niche) 

 “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!, 
valiente pescador, al anzuelo que tiraste 
en vez de una sardina, un tiburón enganchaste”. 
 (Canción Pedro Navaja) 

En un párrafo anterior mencionaba que el cuerpo es lo único que exponen los manifestantes, lo que les es propio para expresarse y la única manera de arrebatárselos es quitándoles la vida. Los salseros lo han entendido desde siempre y es por eso que en Cali se baila salsa a mil por hora, para sacudir la existencia y exorcizar tanto mal; para tener la identidad propia del expropiado social, para marcar diferencia y poner fronteras rítmicas a todos aquellos que no lo puedan sentir y vivir igual. La salsa va en el inconsciente, en la sangre, en la esquina, en el hermano, el mompa, el pana, la sardina, el caneco, la verbena y en el apocalipsis de un estallido social. Si a todos los factores que provocan una revuelta y un sentir colectivo de reivindicación histórica, le sumamos que la banda sonora y la educación sentimental se basó grandemente en este ritmo caribeño y sus letras, podemos entender por qué a estos “gozones” no los han podido controlar.  


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Publicado por Revista Corónica
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores. Revista Corónica es una publicación digital. ISSN 2256-4101.

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