Elecciones en México y pesimismo generacional




"Gracias Enrique, nos enseñaste el valor de la unidad; recordamos que unidas las masas anónimas pueden hacer frente hasta a un dinosaurio o una institución. Gracias por las infinitas risas y ser el personaje estelar de un millar de chistes."


Peña Nieto no separa

15 de mayo. Enrique Peña Nieto visita la ciudad de Córdoba y el fervor juvenil ya se extiende por todo el territorio veracruzano. Después del incidente de la Ibero todos sabíamos ya que el ídolo de barro no era intocable, mucho menos inmune. Vimos, junto con millares de internautas, como un ser que nos han vendido como un lecho de virtudes no simplemente no lo es tanto, sino que además es humano. Su rictus desesperado, su huida hacia los baños de Radio Ibero. No es una máquina imparable. Nada podía ir mal, dijeron los estudiantes de la región. Pero sí, se pudo. Aún no es presidente, pero ya estaba ejerciendo el fino arte de la represión de "la oposición". Aquellos antipeñistas –grupo heterogéneo conformado por panistas, izquierdas y gente que simplemente está harta de verlo hasta en el cine– fueron vapuleados por policías vestidos de civil y simpatizantes del PRI, coordinados, según evidencia en vídeo, por Juan de Dios Sánchez Abreu.
Escalofriante –y sumamente risible- es leer algunas justificaciones por parte de partidarios del tricolor, quienes llegaron a alegar que los manifestantes se lo merecían por intolerantes. Intolerar al intolerante se vuelve santo remedio y la justificación para la supresión de facto de un movimiento minúsculo e insignificante si se le compara con la masa de seguidores y acarreados que ya llenaban gran parte del centro de la ciudad. El mensaje nos llegó alto y claro: el PRI no permitirá, bajo ninguna circunstancia, la contradicción, aún si esta se da en condiciones de desigualdad. Cualquier duda debe ser erradicaba y la fe, sólo la fe ciega en el partido nos llevará adelante.


Contra la duda, todo

El poder del PRI en el pasado se sustentó en ser un sistema omnipresente en donde los límites de la verdad eran definidos por una máquina burocrática que ejercía su hegemonía sobre las prácticas y los discursos. Aceptar la duda es aceptar que hay algo más allá del sistema de valores priístas, que hay algo que no pueden controlar. La duda es la muerte del PRI-sistema y no deben permitir su existencia.
Gracias Enrique, nos enseñaste el valor de la unidad; recordamos que unidas las masas anónimas pueden hacer frente hasta a un dinosaurio o una institución. Gracias por las infinitas risas y ser el personaje estelar de un millar de chistes. Gracias, porque la represión de tu partido devolvió a la gente a la realidad, les despertó del sueño dogmático que dicta que la buena intención, y un retweet, es suficiente para cambiar el mundo. Gracias, porque lograste que ITAM, Ibero, UNAM, UVM e IPN marcharan juntos por una causa común. Los estudiantes están en la calle de nuevo, en donde deben estar siempre. Gracias por hacer crecer nuestra indignación. Gracias porque has cumplido con tu promesa de no separar al país, lo uniste en tu contra en un movimiento sin precedentes en donde las barreras de clase, al menos momentáneamente, se han disipado para unirse diversas manifestaciones de desprecio. Gracias, porque cada opositor golpeado caldea más los ánimos y suma más gente a las marchas y gente en tu contra en las elecciones.


Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn

La situación entre los jóvenes mexicanos ya estaba tensa para ésos días, y sólo hacia falta que alguien hiciera una estupidez. «Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn». Coldwell y su partido desataron a un monstruo más grande que ellos. Y a la vez que mi generación, y agregados, encontró su voz, recuperé la fe. No todo está perdido. Gran parte de la población abandonó la seguridad y comodidad de sus sillones – ¡Amén! ¡Aleluya!– para tomar la calle. Hasta el día de hoy la experiencia ha sido casi irreal. La indignación ha logrado que miles de jóvenes dejen sus computadoras –así como lo lee, DEJARON SUS COMPUTADORAS– para salir a marchar. Ya se ha definido qué es lo que no queremos: no queremos a Peña Nieto ni el regreso del PRI; no queremos que la televisión siga imponiendo una hegemonía sobre la opinión pública, es decir, que informe con responsabilidad; tampoco queremos que se quede en el olvido la matanza del 68, el Halconazo, Atenco ni la guerra sucia, todas responsabilidad del PRI. Ahora queda la parte difícil y cansada del trabajo: crear una afirmación, llegar al "sí". ¿Qué país queremos y bajo qué condiciones; hasta qué punto somos capaces de actuar y soportar?

No sabemos quién vaya a gobernar. Desde que no podemos confiar en las encuestas, en ninguna, y he perdido mi bola de cristal, no podría arriesgarme a decir que las marchas han dado más peso a uno u otro candidato y que en las urnas encontrará un victoria definitiva e inesperada. No, no puedo ser tan irresponsable. Pero hay algo que sí sé: la percepción general en contra del candidato ha cambiado mucho, nunca se había visto tanta movilización en contra de un personaje político siendo apenas candidato ni se había logrado desbalancear tanto una campaña a golpe de marcha y protesta. No sabemos quién será el que llegue a la silla presidencial, pero algo sí les puedo asegurar: tendrá que entregar cuentas a masas indignadas que han aprendido el poder que tiene la participación directa en una democracia.

Foto: cartel agitprop con Enrique Peña Nieto, collage tomado de Colectivo Pericú

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