martes, 22 de diciembre de 2020

Lecturas 2020

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Revista Corónica ha solicitado a los colaboradores y allegados la tradicional lista de recomendaciones. Esta vez quisimos destacar algunas de las lecturas que nos hicieron compañía en el año de las señales del cielo. 


Mosaico de portadas, Revista Corónica

Paula Andrea Marín Colorado 

Pura pasión, de Annie Ernaux (Tusquets, 2019) 

Estamos en el centro mismo de los sentimientos de un personaje femenino que no se distancia de ellos, que no busca consuelo, que les otorga un sentido absoluto en su vida. “Sin que él lo sospeche, me ha ligado más al mundo”, dice la narradora, en una de sus reflexiones sobre lo que le ha pasado. Se trata del deseo, la atracción, el arrebato, el delirio, el frenesí, el rapto, el paroxismo, en el que nos vemos envueltos por/con alguien. Tengan un(a) amante –parece decirnos Ernaux–, apasiónense por alguien, sean el/la amante, sepan que su pareja tiene o ha tenido un(a) amante; luego, sobrevivan. 



Las malas, de Camila Sosa Villada (Tusquets, 2019) 

Hay cuerpos que nacen bajo amenaza. Cuerpos con tetas grandes pero yermas, con las que simulan amamantar nenes, cuerpos que soportan el dolor en los pezones sólo para que el nene o alguien más se llene de anhelo. Soy lector desde hace quince años y sólo por esta novela supe que todo este tiempo he leído historias de dos tipos de cuerpos, que me he perdido el placer de ser testigo de los cuerpos que están en la línea que divide o une ambos, funambulistas. Hemos perdido tantas posibilidades de entender. Todas estamos solas, la soledad, lo sabemos, es el destino, pero no todas estamos igualmente solas, la relación que tenemos con nuestros cuerpos puede prolongar la sombra de nuestras soledades. Todas llevamos por dentro algún tipo de animal, uno que impera cada tanto, quizá por eso es en los extremos de nuestro carácter, al rabiar o al gemir, que se dejan ver, como tras un velo de novia, los colmillos o el pelaje de nuestras bestias. Esta es una historia sobre la soledad de una manada, y sobre el único amor que vale la pena llamarse amor: el que sucede entre animales extraños, aves raras, células de un mismo cuerpo enorme, inabarcable, místico, animales eclécticos que relumbran belleza en la penumbra. Que corren hacia el placer, como mariposa a la flama. 



Los apostátas, de Gonzalo Celorio (Alfaguara, 2020) 

Creo que es la mejor novela editada en el año. Es probablemente una evocación de la novela total y cierra la trilogía de la familia del autor. 

Las agujas dementes, de Jorge Volpi (Almadía, 2020) 

Volver a escribir una obra de teatro para desafiarnos a todos los lectores. Ese entuerto sentimental que terminó en muerte entre Plath y Hughes, con Assia y David Wevill. A mí, cuando Volpi se vuelve “psicológico”, me encanta. 

Demasiado odio, de Sara Sefchovich (Océano, 2020) 

Es un poco la continuación de aquella novela, Demasiado amor, donde por supuesto no había demasiado amor y, en ésta, tampoco hay tanto odio. Un panorama del México actual a través de una mujer torturada y espléndida al mismo tiempo. 




La base de la obra de Álvaro Mutis fue hasta su jubilación una obra poética. Sin embargo, la publicación de sus novelas y la cosecha de premios, el Médicis, el Cervantes, el Príncipe de Asturias, en su edad provecta lo situaron como un referente en el ámbito internacional. Editorial RM ha reeditado siete novelas de Álvaro Mutis en un solo volúmen de 651 pg., lo que de por sí sería una de las pocas buenas noticias literarias de este 2020. Ya la extinta Editorial Norma había publicado en títulos sueltos las primeras ediciones de la narrativa de Mutis, y Seix Barral las había reunido la Summa de Maqroll el gaviero en un solo volumen, de modo que se trata realmente de una feliz recuperación y continuidad de la que tal vez sea una de las obras centrales de la literatura colombiana. Todas las novelas de esta saga tienen como protagonista a Maqroll, un aventurero y navegante que funda empresas para perderlo todo y reemprender de nuevo la fuga. Funcionan como partes de una biografía dispersa y a modo de cajas chinas cada una recupera, con digresiones, el tiempo y las pruebas pasadas por Maqroll en cada nuevo rumbo de su destino errante. Desde la minería en el valle del Cocora hasta la conradiana aventura de los astilleros en los Llanos, pasando por el tráfico de explosivos en un punto medio entre el río Cauca y el Magdalena, un burdel para ejecutivos en Panamá y los recuerdos del estupor en los hospitales de Ultramar, las mujeres amadas e irremediablemente perdidas y la amistad con otros solitarios lobos de mar, la vida de Maqroll es la pulsión de la errancia y el fervor por los clásicos y la historia de los imperios que se desmoronan como se desmoronan las vidas. Borges dijo que el cuento La muerte del estratega era la mejor historia de amor que había leído en su vida. García Márquez le pidió prestado el argumento de un cuento El último rostro para extenderlo y convertirlo en El general en su laberinto. La primera vez que quiso instalarse en México se presentó en Veracruz como nieto de Benito Juárez y no le creyeron y lo metieron preso; años después, para no ser deportado a enfrentar un juicio en Colombia, tuvo que darle un puño a un policía para ocupar una litera en la cárcel de Lecumberri donde se convertiría como Siqueiros o José Revueltas en huésped ilustre de la penitenciaría. Tal vez la saga de Maqroll oculte una narrativa secreta cuyo enigma es una elipsis que el lector debe conquistar. Para mi este año de la pandemia se caracterizó por algo que los letraheridos llaman: Sed de Mutis. El libro contiene: La nieve del almirante, Ilona llega con la lluvia, Un bel morir, La última escala del Tramp Steamer, Amirbar, Abdul Bashur, soñador de navíos y Tríptico de mar y tierra, de las cuales me quedan aún dos por leer antes de hacer un comentario general en toda regla. La sed continúa. El pandemonium también. Recemos pues la oración del gaviero




La penúltima vez que fui hombre bala, de Etgar Keret (Sexto Piso, 2020) 

Un libro de cuentos maravilloso con una narrativa enmarcada dentro de un humor que puede catalogarse como humor negro. Es el descubrimiento para mi de un "nuevo escritor" como los Keret y que ahora tenemos el gusto de leerlo en este país. En este libro hay una suerte de elementos cómicos y absurdos de lo banal, que al final, son los que caracterizan todas las historias. Muy, muy recomendado.

La conjura de los necios, de John Kennedy Toole (Anagrama) 

Un clásico al que necesitaba llegar, sobre todo en este 2020 que ha sido tan diferente para todos. Un humor fino, representado en el gran Ignatus, personaje fastidioso pero idealista, que necesita ser el protagonista de los cambios sociales y solo logra burlas y enojos. Al personaje se le puede odiar, pero a la novela solo se le puede amar.

Los inconsolables, de Kazuo Ishiguro (Anagrama, 2006) 

Es la historia de un pianista famoso que llega a un pueblo a realizar una presentación; pero la gente del pueblo tan particular pone la historia en un escenario lejos de la música y lo acerca más a la cotidianidad de la vida loca que viven allí. Gran novela de Isiguro. Recomendada. 



Podcast
Mi novela favorita es una serie de adaptaciones para la radio de 77 obras de la literatura clásica seleccionadas por el nobel peruano Mario Vargas Llosa. "…trabajamos mucho en esas adaptaciones. Hicimos distintas versiones tratando de que fueran fieles a las obras originales. Me alegra muchísimo saber que se siguen difundiendo esas novelas favoritas a través de la radio", expresó el escritor en una entrevista para RPP, la cadena radial que produjo la serie. Cada uno de los episodios contiene una introducción sobre los autores y su época, desde Homero hasta Jack London, H.G Wells, Carlos Fuentes, Jonathan Swift, etc. La serie se puede escuchar en cualquier plataforma de podcast y es una bella manera de acercarse a la esencia de la literatura universal. 

“Las grandes obras de la literatura clásica con los comentarios del Premio Nobel Mario Vargas Llosa. De mayo a noviembre de 2020, cada día 9 del mes, publicamos nueva temporada con 9 adaptaciones sonoras que mantienen la esencia de las grandes historias que han acompañado a generaciones de todo el mundo. Una producción de RPP para todos los oyentes de habla hispana.” 
-Audio Player Perú 




Andanzas por Alemania e Italia (1842-1843), de Mary W. Shelley (Minerva, 2019) 

¿Hay algún registro de los viajes que hacemos? ¿Escribimos sobre las impresiones que tenemos de los lugares por los que pasamos? ¿Nuestro diario de viaje es un listado de lugares, platos y gente o por el contrario, un cúmulo de reflexiones sobre los lugares, los platos y la gente? Durante un año, Shelley fue la chaperona de su hijo y sus amigos universitarios por Europa. Escribió un cúmulo de cartas, que son como un diario de su paso por Italia. Relata los sucesos cotidianos que, como dice su autora, pueden ser como una guía pionera de estos territorios o acaso un acompañante de viaje para aquellos que quisieran recorrer esta ruta. Este libro es resultado de una selección cuidadosa que hizo el traductor, Alejandro González Ormerod, de tres tomos de cartas que no habían sido traducidas al español y que condensa “todas las pasiones e ideas de la autora”. Las cartas, los diarios, como toda escritura, son un constante presente: nos regresan a la memoria, a la historia. En Shelley, estás Andanzas son un manifiesto íntimo y político de su tiempo, de las implicaciones de una mujer viajando por Europa, de sus recuerdos, de los vericuetos cotidianos, de su andante viajero, de sus reflexiones y su pensamiento filosófico. Este libro, que hace parte de la colección Ínsula de Minerva Editorial, es pequeño y portable; es como un mapa hacía un viaje personal de otros tiempos por el trasegar de un autora que es mucho más que la creadora de Frankenstein. 



Nunca ha sido fácil recomendar libros. Esto se debe a que las lecturas corresponden a momentos específicos de nuestra existencia. Las revelaciones que nos asaltan después de terminar una novela, un ensayo, una crónica o un cuento, es una experiencia que quizás, no logra ser tan accesible para otros lectores. Sobre todo, en tiempos como los que hemos estado viviendo, pues han sido muchas las emociones que han salido a flote durante estos meses de encierro total, de encierro preventivo, de encierro voluntario, de no encierro. Los tiempos que se avecinan son confusos. Nos seguirán exigiendo reflexiones sobre la condición humana, sobre nuestra relación con los otros, la memoria y el pasado. Por esta razón, creo que estos cuatro libros que me acompañaron este año brindan herramientas precisas para afrontar lo que se viene desde diferentes ópticas. 

Los informantes, de Juan Gabriel Vásquez (Alfaguaa, 2005) 

Breve historia de un amor sin fin, de Miguel Torres (Tusquets, 2020) 

La tarde de un escritor, de Peter Handke (Alfaguara, 2019)

Los días de la fiebre, de Andrés Felipe Solano (Planeta, 2020) 



Indigno de ser humano, de Osamu Dazai (Sajalín, 2019) 

El tapiz amarillo, de Charlotte Perkins Gilman 

Ambos títulos exploran la mente, que nos acompaña y nos acecha con los pensamientos más grises en los peores momentos. No hay luz al final del túnel, como es costumbre. 



El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle (Navona, 2014) 

La presa, de Kenzaburo Oé (Anagrana, 1957)

Siete casas vacías, de Samanta Schweblin (Páginas de espuma, 2015)



Canción de tumba, de Julian Herbert (Mondadori, 2012)

La educación sentimental es la más puta de todas las madres. Capaz de sumergir la infancia en un zafarí de prostíbulos mexicanos y de crear atmosferas acapulqueñas idénticas al París decadente del siglo XIX: «Con el exquisito abandono y el spleen de una puta desvelada, me compraba un chocomilk licuado en hielo y dos cuadernos para colorear». En esta novela Julian Herbert enciende su lap top para escribir a oscuras, dentro de una habitación de hospital ubicada en la Postdamerplatz de Berlin y mostrarle a su madre el contenido de los años en los que juntos recorrieron los recuerdos de un nuevo ciclo cuando una ciudad o un congal ya no daban más. Es arriesgado decirlo pero hoy, cuando el mundo nos recomienda no asesinar a nuestros padres con visitas familiares, la lectura de este libro, la prosa minuciosa y ardiente como una pipa de crack hecha con una lata y fumada en un sótano del seguro social, nos recuerda que es mejor padecer en vida a nuestros padres que relatar su agonía. 

Poeta chileno, de Alejandro Zambra (Anagrama 2020) 

Poeta chileno es una antinovela de poetas en Chile. Las casualidades son afinidades elegidas. Alejandro Zambra vive en México y tiene una habitación llamada Chile a donde va a escribir cada que la paternidad se lo permite. Yo soy mexicano y migré a Chile para estar con mi hijo, que nació en este país. Sólo me falta escribir en una habitación llamada México pero en mi caso únicamente soy lector. En todo caso esta novela es también una reflexión sobre hombres que nos cansamos de ser hombres y cuenta la historia de Pru, una joven y bella norteamericana que necesita buscar y clasificar a los poetas de Chile para escribir un artículo en una prestigiada revista neoyorkina (¿Bolaño Dixit?). En poeta chileno La paternidad está desvalorizada. Fueron nuestros padres quienes la subyugaron al papel de algo sin importancia. Una presencia pálida. Todos somos huérfanos hasta que decidimos convertirnos en padres y dejar en la orfandad a nuestros vástagos. Sólo queda la poesía y la ingrata sensación de ser padrastros de nuestros libros y de nuestros hijos. 

Vernon Subutex, de Virgine Despentes (Random House, 2016)

El rave y la ciencia ficción fueron géneros B por lustros. Nadie se imaginó (con excepción de los que practicaban estas narrativas, obvio) que el año 2020 podría ser en una novela escrita por Balard, Satanislaw Lem o China Melville. Muchos menos Virgine Despentes, quien escribió Vernon Subutex, una novela de ciencia ficción que es también toda la literatura decimonónica francesa: Balzac, Stendhal, Flaubert, Zola, Maupassant. Despentes es mejor que Houllebecq pero es mujer y nadie se lo reconoce. A ella no le importa, está obsesionada con recordarle al proletariado francés, al proletariado europeo, que no eran ricos y tampoco jóvenes. Vernon se funde con la quiebra de su negocio (vende vinilos ¡Sí! ¡Vinilos!) Y termina viviendo en las calles. Se convierte en squat de toda su agenda social y poco a poco en un vagabundo; en el santo Dj que ambienta las mejores fiestas del París underground y el final de una época: Europa, la modernidad, la razón, el Estado de bienestar. La premisa es no estar solo durante la fiesta, aunque la soledad es el soliloquio, el beat que cimbra el cerebro y da cuenta de que el individuo como lo conocíamos ya no existe: «Las entidades —animales, extraterrestres, divinas, post mortem, ultrafrecuenciales— conocen ese pasaje. Llamamos a ese cruce Lost Paradise. Se trata de viajar a una tierra anterior a las grandes catástrofes de principios del siglo XXI. Allí podemos comunicarnos con animales vivos, la luz es natural, el aire es respirable, algunos incluso se bañan en las aguas sin protección». Otra manera de leer nuestro presente claustrofóbico.


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