martes, 14 de junio de 2022

Luna llena en Saka Dawa

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Apuntes para la meditación

 

Sé amable con las personas que encuentres, 

todas están librando una gran batalla.

-Filón de Alejandría-

 
Siendo esto siempre así,

¿Por qué preocuparse por lo que es ilimitado?

-Xin Xin Ming-

 

Un hombre o una mujer al natural,

tal como somos, sentados sobre la Tierra

con el cielo por sombrero: 

un espacio inconmensurable que se extiende

en las diez direcciones 

plagado de estrellas, seres, planetas, galaxias, territorios

y esferas sin nombre... elementos que ruedan sobre sí mismos

alrededor de otros que giran a su vez... 

Como los pensamientos, los conceptos, las ideas, bailando y cambiando

en nuestra mente y sus sentidos en acción  constante, simultánea y diversa...

Observar la respiración, fundirse con ella... en cada aliento que llega

todo el Universo en ti, en cada soplo que se va nos diluimos en el Cosmos.

Hálito que nos da la vida a cada respirar con el mundo vegetal que refina

nuestro veneno y nos devuelve oxígeno para que el proceso no se detenga,

nos lleve cómodos y seguros a lo largo de nuestra efímera vida

hasta  el último aliento, diferente, pero no separado,

de aquella primera respiración que abrió nuestros pulmones y nos llenó de vida 
y, según cada cual,  de estupor o maravilla. 
 
Respiración
empapada de vapor; el mismo agua desde
el sin principio en este planeta.

 

Shunryu Suzuki les había indicado

a sus alumnos de Tassajara que

practicaran contar las respiraciones,

un método tradicional de meditación,

durante el período de trabajo de noventa

días. Para muchos resultó un ejercicio muy difícil. 

Por las preguntas que le hicieron, el maestro comprendió 

que lo habían entendido como

una técnica que esperaban perfeccionar
algún día.

En la charla posterior Suzuki dijo: “Cuando cuentan sus respiraciones: uno, dos, tres... significa ‘ahora, ahora, ahora’. 

Significa

que vuelven una y otra vez a la práctica.

No sean tan rígidos como para tratar

de hacerlo en el futuro, háganlo

ahora”.

- “Para hacer brillar un rincón del

mundo”, David Chadwick-

 

U olvidarse de la respiración, funciona por sí misma. Si no tienes algún

tipo de problema pulmonar, nada que añadir, nada que quitar; dejar

ser, ir y venir, no es necesario alentar

al aliento.

Observar entonces los objetos que se presentan, dentro y fuera, 

a través del oído, el olfato, la vista, el gusto, el tacto o la propia mente 

que a todos agrupa y diferencia:

consciente consciencia.

Pueden ser esencias de cualquier tipo, modo,

forma o sin forma, las flexibles y fluidas presencias, los objetos del deseo.

Sólo observa. No es algo nuevo

ese pensamiento, ese dolor, esa inquietud,

esa cosquilla de alegría o desazón... ya la han vivido, sentido,

experimentado miles de seres, millones de veces... Así es que parece que sería interesante tratar de no individualizar la experiencia, que tal vez sería bueno darse cuenta e interesarse por eso que está pasando, parar y mirar, dejar de lado nuestros habituales

rechazos, aferramientos e ignorancia:

quiero no quiero paso, me gusta no me gusta da igual. 

Sólo observar, contemplar, sin esperar nada.

Intentar comprender qué es eso que surge, se queda y se va: creación,

conservación y destrucción, el triple aspecto de la existencia. 

Proceso del cambio sin el que nada podría existir,

se hace y deshace, el vacío de la forma,

la forma del vacío que dibuja el

Sutra del Corazón.

 
 

La Vía del Buda no conduce al paraíso.

Consiste sencillamente en no extraviarse

con quimeras y en no volverse loco.

Practicar la Vía significa simplemente descongestionar la mente.

Se trata de amasar a fondo los conceptos rígidos e ideas persistentes que tenemos en la cabeza.

Sólo cuando no nos aferremos a absolutamente ninguna cosa tendremos 

una “mente suave y dócil”...

Vivir toda tu vida guiado por el Buda

y por el Dharma significa que tu espíritu

es ya Buda.

-Kodo Sawaki-


Un hombre o una mujer desnudos por dentro y por fuera, tal cual,

observando, contemplando; sentados, tumbados, en pie o en movimiento

(4 actividades tan fascinantes

como incomprensibles, Alan Watts dice, cita, rememora) 

en medio de un espacio incalculable…

Sin saber, simplemente siendo,

estando justo ahí, ahora, sin quitar ni poner, boquiabiertos y atentos a todo

y nada. Meditación del no elegir, la práctica suprema dicen, algo que

acontece cuando caen las expectativas, los condicionales, los velos, la ambición...

y se despliegan las velas del viento de la libertad, la aceptación,

la comprensión, el darse cuenta y agradecer. 

 Ser, nada más. Y basta.

Es la absoluta dicha (Salinas escribe, cuenta, muestra).

Un no dar por hecho, por sentado,

una duda fresca y abierta ante lo que acontezca. Meditación sin objetivo;

mirar y ver, oír y escuchar, oler, gustar,

tocar y reconocer; pensar sin pensar y sentir, sin saber qué...  

Ahí, pero dónde, cómo (dibuja Cortázar)...

La naturaleza, la respiración, 

el latido.

 

Una manera de considerar la ignorancia es entenderla como la costumbre

de dar por supuesto, creer o asumir

en vez de mirar realmente.

El mapa que se forma a través del condicionamiento se convierte en la

plantilla de la “realidad” y todo lo que ocurre se edita para ajustarse a

esa plantilla. 

Una vez que el mapa está en su sitio, una vez que ya hemos

desarrollado el concepto de quiénes somos y dónde estamos,

en vez de atender a lo que está ocurriendo

nos parece más fácil dar todo por sentado, aceptarlo como

verdaderamente existente por sí mismo, como un pacto sellado.

De hecho, esa opción nos condena a

un esfuerzo continuo, ya que el trabajo

de atención selectiva y edición no es fácil porque incluye la falsificación

de lo que hay. La deconstrucción de esa ilusión forzosa llega

a través de la práctica de la meditación

y sin embargo, a menudo nos resistimos a hacer esa práctica.

-“Aquí y ahora” James Low-

 

Hacerse transparente, ver, imaginarse

translúcido, sin forma, el cuerpo

un cristal, una lluvia, perdiéndose

en el espacio exterior, invadido por

éste. No dar crédito a las apariencias,

a lo evidente, a lo que refleja el

espejo, ser el espejo... sin contenido.

Dejar el ancla, la certeza, ser diáfano;

una gota de agua, un mar, el océano.

 

Permitir que la mente carente de imágenes asuma la cualidad del espacio y

meditar sobre el espacio constituye la meditación sobre la vacuidad.

La mente es como el espacio.

Puesto que comparte su naturaleza y al igual que el espacio, lo abarca todo.

No puede afirmarse que quien mira al espacio esté mirando, en realidad, algo.

La naturaleza de la mente —como el espacio— es pura desde el sin principio.

Cuando uno la contempla,

cesa el mismo acto de ver.

-Saraha-

 

 

 

Un espacio inmenso antes del nacer,

el mismo que dejamos al morir,


este que acoge cada paso, sin límite,

momento a momento.

Tal vez no esté de más recordar que el término Meditación, que usamos

por lo común en castellano, pretende ser la traducción del sánscrito

Dhyana que, por contracción, pasó a pronunciarse en chino como Cha n

(a solas con el cielo), del que derivó el familiar sonido japonés Zen. 

 El término tibetano es Samten (etimológicamente: estabilización del pensamiento).

Quizá Observación o Contemplación (aunque esta opción nos acerca más a la mística)

pudieran ser vocablos alternativos.

El gran yogui Paramahansa Yogananda

define la meditación como un estado en el que todo se desenvuelve

calmadamente activo y activamente

en calma.

Las técnicas son múltiples y variadas,

dependiendo del carácter y las inclinaciones naturales de cada ser.

Ninguna técnica es otra cosa que un camino a recorrer para llegar

donde siempre hemos estado, ese lugar que se suele definir como más

cercano a ti que tú mismo (el misterio, lo innombrable, la presencia)

 

El silencio es el medio porque,

cuando se hace el silencio, podemos

escuchar la voz de la realidad.

Si nuestra mente está repleta de doctrinas,

opiniones y pensamientos, será difícil que prestemos atención a nada.

Creemos que la respuesta reside

en palabras más o menos sabias,

pero el silencio también es la respuesta.

Creemos que somos nuestra forma

y que cada cosa está limitada

por su propia forma, pero el espacio vacío

podría ser la forma de todas las formas.

Por eso, también somos silencio;

también somos espacio.

-Dilgo Khyentse Rimpoché-

 

Texto

José Alias 


(Publicado originalmente en Cuadernos de Budismo (Ediciones Dharma) Verano 2011

Revisado en junio 2022)


Om Ah Hum 
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Publicado por jalias
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores. Revista Corónica es una publicación digital. ISSN 2256-4101.

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