martes, 28 de julio de 2026

Cuando era niño no me dolía el corazón

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Brigada A: Los magníficos
Imagen promocional de The A-Team. ©️ Universal Studios Home Entertainment.

Por: Gustavo Agudelo

Vi “Brigada A: Los magníficos” y la recomiendo. En esas dos horas no pensé en la pérdida, sino en la manera más ingeniosa de darle la vuelta al helicóptero, poner todo de cabeza y salir del otro lado.

¿Han probado alguna vez eso de ver una película con el corazón roto? Yo sí y es genial. Lo primero que debo advertir es que no funciona con cualquier película. Tenemos el corazón frágil, recuérdenlo, hay que ser muy cuidadosos con la elección.

Ignoro qué puede venirles bien a ustedes, pero a mí me funcionó con “Brigada A: Los magníficos”. Sí, una película de acción. No fue una elección al azar. La he visto muchísimas veces. Liam Neeson como el coronel Haníbal Smith, Bradley Cooper como Faz, Quinton Jackson como Baracus y el genial Sharlto Copley como Murdock. Y lo he hecho por una razón simple: la película de Carnahan me recuerda mi infancia. Y cuando era niño no me dolía el corazón. Me sentaba frente al televisor de la casa, sintonizaba el canal y veía un helicóptero aterrizar al tiempo que una voz decía: “hace diez años un tribunal militar condenó a prisión a un grupo de comandos por un crimen que no cometieron…”. A mí me parecía la vaina más maravillosa que se hubiera hecho jamás. Nadie me decía que no podía verlo, nadie me explicaba nada y lo único que alguna vez hice fue buscar en un atlas de mi hermana el sitio exacto donde quedaba eso que llamaban Vietnam.

Todo era perfecto. La banda sonora, las explosiones que hacían volar todo por los aires, los disparos que daban paso al nombre de la serie. No sé qué año era; tal vez 1993 o 1994 y yo tenía siete u ocho años. A mamá le gustaba mucho George Peppard, no perdía oportunidad de decir “ese viejo ya se murió” y yo no entendía muy bien eso porque papá también se había muerto y no aparecía todos los sábados en la mañana. Yo me quedaba mirándola, enorme, seria y secretamente le agradecía que no me cambiara el canal como hacían otras mamás. Lo que más me gustaba del coronel Smith era cuando sonreía con el cigarro en la boca, levantaba el pulgar y decía: “me encanta que los planes salgan bien”. Yo lo pensaba de veras. Si a “Los magníficos” todo les salía bien no había razón para pensar que no me fuera a ocurrir lo mismo. No importaba si me caía de la bicicleta y me raspaba la rodilla o me entraran a los gritos porque no había hecho las tareas. Me sentía invencible. Completamente invulnerable y, para ser justos con ese muchachito, creo que esa misma fuerza me sigue acompañando.

A mi hermana le gustaba más el estilo de Mr. T, los músculos, las pendientes en las orejas, las cadenas y esa cara de chico malo o a veces decía que “Faz” le parecía “querido”. A mí lo que más me gustaba de Faz era esa capacidad de asumir diversas identidades y salirse con la suya, pero ninguno de los personajes se comparaba con el “loco Murdock”, mi personaje favorito. A mí me parecía el tipo más inteligente de los cuatro, intrépido, divertido, con alguna idea genial que sacaba a todos de un apuro mortal. Las mejores ideas le llegaban en los peores momentos, cuando todo parecía irse al carajo. Nada lo asustaba, nada era tan grave como para no poderse reír. No estaba “loco”, sólo hacía las cosas de otra manera y era eso lo que lo hacía especial. Era un tipo que resolvía problemas y por ese entonces en mi casa había muchos problemas. Y yo en lo único que pensaba era en hacerme grande y resolver problemas.

A mí me da un poco de pena con Neeson, Cooper y Jackson porque bastaron diez minutos para que sus rostros desaparecieran, dándole paso a los actores de mi infancia. De Sharlto Copley hago mención aparte porque su papel es casi tan genial como el de William Dwight Schultz y volví a querer ser Murdock. Vi “Brigada A: Los magníficos” y la recomiendo. En esas dos horas no pensé en la pérdida, sino en la manera más ingeniosa de darle la vuelta al helicóptero, poner todo de cabeza y salir del otro lado. Una recomendación final: si alguno de ustedes tiene un problema, necesita ayuda y puede localizarlos, tal vez pueda contratar a Los magníficos.

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Publicado por Gustavo Agudelo
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores. Revista Corónica es una publicación digital. ISSN 2256-4101.

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