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HILO SOÑADO: EL LIBRO COMO COSMOGONÍA POÉTICA

miércoles, marzo 04, 2020Revista Corónica




Por: Mauricio Collares 

Cuando empecé a leer el libro hilo soñado, de Nikai Igaido, sentí que no era sencillo leerlo. Creo que la aparente dificultad de leerlo viene justamente de eso, de ser un libro sencillo en un mundo donde predomina la complejidad. No estoy hablando de la Era Digital, los estoicos antiguos ya lo veían así, por lo cual se desprende que complejo refiere más a la producción de una exuberante costra de sentidos que escamotea la realidad. En un mundo complejo, en ese concepto, leer un libro abierto a un tipo de “meditación” –de la que más adelante hablaré– que sustituye ese sistemático orden de producción discursiva, puede parecer dificultoso, trabajoso y hasta irrealizable.
Quizá por eso, al contrario de un escritor hermético, Nikai es generoso y va poniendo hilos con los que uno puede ir tejiendo el camino de su lectura. El primero es de pronto el epígrafe, un pasaje del mito de creación de la cosmogonía de los indios Huitoto de la Selva Amazónica.

naaino mikadi iñede naainona forejetaide moomadi janajetaide yüde
moziñote naaínokoni nikai igaido moziñote jafaikido.
Kai moo nanie komuffajagai

era la nada, no había cosa alguna. allí el Padre palpaba
lo imaginario, lo misterioso. no había nada.
rodeado de la nada, el Padre la controló con ayuda
de un hilo soñado y de su aliento.
La creación. Cosmología Huitoto – Selva amazónica.

En ese epígrafe se da una clave para una posible aprehensión del título y del propio nombre que el poeta asume: nikai = sueño e igaido = hilo. O sea que poeta y libro se traducen el uno al otro de forma indiscernible: “no me encuentras porque he abandonado mi cuerpo a este poema”, dirá muy pronto en una “invitación”. El epígrafe también abre perspectivas a seguir sobre de qué va el libro y su forma. Por ejemplo, el título está en minúscula y los textos van a emplear la minúscula en su totalidad, con excepción de algunos nombres propios y para destacar algunos vocablos.
La introducción también es fundamental para tejer la lectura. En ella se ve una aclaración de los principales conceptos que el poeta enumera y con ejemplificaciones del uso de cada uno. Los poemas siguen también la forma y el tiempo de la narración de los mitos Huitoto: el vocabulario es conciso, la puntuación reducida a lo indispensable, los versos son libres y largos, a todo momento volviéndose lo que se suele llamar prosa poética (una indistinción entre la lengua de la poesía y la lengua de la prosa). Es una elección estupenda: los versos de largo aliento abren agujeros en la realidad, provocan el desgarramiento de los sentidos y producen el alargamiento de las imágenes.
Por su lado, las referencias van a ser fundamentales y no serán tiradas al azar. Entre ellas, destaco la presencia del poeta hindú Basavanna y su relación con el dios Shiva. Creo ver desde luego los hilados de una búsqueda. Traigo aquí las bonitas palabras que la editora de esa edición de hilo soñado, Carolina Urbano, dice sobre un libro de Paulina Vinderman: “En Oriente, el artista no se abandona al estado de ánimo propio del ‘yo’, por el contrario, es el esfuerzo para aquietar la mente, el pensamiento, el ‘yo’, y así poder percibir el entorno a través de los sentidos”[1]. En la meditación de Nikai hay una preocupación con el “cuerpo” y la “tierra” (lo que demuestra una serie de textos llamados “Alimentos”) y eso parece impregnar toda la vida.
Hay también la referencia a algunos artistas occidentales, bien como a algunos profetas de la tradición judaico-cristiana. Me concentro aquí en la importancia que va a tener Mr. T.S. Eliot, de quién se encontrarán citados varios versos y estrofas. Su presencia desde luego no es casual, Eliot es conocido por ser uno de los poetas que más relacionó su quehacer poético con el profetismo del Antiguo Testamento. Lo que desde luego se relaciona con el mismo tono profético que el libro de Nikai alcanza. El profetismo, según lo que indica Rosanna Rion, justamente en una tesis doctoral sobre Eliot, está arraigado en la realidad histórica e interpela a una responsabilidad común[2].
De ningún modo se podría pensar hilo soñado como un libro abstracto. Para Nikai hay una relación inmanente entre realidad y textura. En algunos pasajes se podrá notar la marca indeleble de un contexto geográfico –“asesinos, los más temibles habitantes de Colombia me persiguen”– e, incluso, del relato autorreferencial, como una dolorosa crónica sobre unos eventos brutales ocurridos en Roldanillo en 2004: “esa Muerte que allí no te importó te ha marcado, / te ha quemado la mano como un sello que hueles en la noche”. La literatura como posibilidad de saltar la indiferencia y hacer memoria, de recuperar la capacidad de sentir y poder finalmente realizar ese duelo que quedó truncado por la banalización de la violencia.
El libro se divide en dos grandes partes llamadas “secuencias”. Hasta aquí hablé de la primera. La segunda secuencia se concentra sobre todo en la historia de Noé y la criogénesis judaico-cristiana, es decir, Adán y Eva. Las imágenes no son construidas para acercar nuestra comprensión de los significados que ella contiene de antemano, sino más bien para transgredir el reconocimiento y aceptación automática de los mitos que conforman el imaginario religioso. La intuición de lo sagrado, que es fundamental para la posibilidad de la poesía, no puede perderse bajo la imposición de valores que exaltan la lógica y la represión y acaban por hacer olvidar la libertad cósmica.
El tono de prédica es crucial en todo el libro y se maximiza en esa segunda secuencia. Pero las plegarias, los sermones que proliferan aquí no tienen como fin comunicar moralejas, sino crear una visión de esos mitos que recupere el traspasamiento entre la ética y la estética que puede haber en ellos. Sencillamente, recrear esos mitos no es recrear todo nuevamente, es destruir lo que se estableció como verdad. Por eso la propia poesía es peligrosa: “porque puede que volvamos a creer y / se trata de todo lo contrario, de no creer en nada”. Por eso igualmente la contundente presencia de Shiva, el dios destructor de los hindúes, en la primera secuencia. Como no estamos subordinados a los dogmas de las iglesias, lo que se abre luego de la destrucción es la posibilidad de crear un mundo que se ofrece a una interpretación activa. Por eso la única vez que se introduce la palabra “sabiduría” en todo el poemario no es para rescatarla, sino para negarla: “siempre fui ajeno a sus mañanas / de compartir pobreza / como único manto de sabiduría”, dice el poeta en relación a sus “hombres de pecho amplio”.
La respuesta a la fascinación de sensaciones estáticas con que operan esos mitos no es restarles la existencia e importancia. Están ahí. Simplemente el poeta se niega a aceptar que esa Eva, ese Adán, ese Noé, etc., sean tratados solo como un acontecimiento con grandes indicaciones ejemplares. Lo que le importa es la realidad, la textura de esas fuerzas como un presente constantemente vivo, con las que se puede construir conjuntamente nuevos rituales, de otro tipo, para otra forma de sociedad. En el interior de ese proceso opera una infinidad de movimientos en todas las direcciones, presentando innúmeros puntos de contacto.
Para los que lo conocen, Nikai es una especie de catalizador de múltiples experiencias: poesía, danza, yoga, fotografía, edición, títeres. Tal vez por eso su libro funciona como espacio de la fundación del ritual propiciador de una concatenación real y precisa de diversos elementos dentro de un proceso continuo que conforma una tesitura donde experiencia individual e inconsciente colectivo no se separan. El “hilo soñado” de la cosmogonía Huitoto que da título al libro, es también el título de la introducción y del epílogo. O sea, la cosmogonía Huitoto abre y cierra y, fundamentalmente, vincula pares de planos cosmogónicos: Occidental y Oriental, Dios y Naturaleza, Arte y Vida, Poeta y Libro, Libro y Lector, etc. Se trata de un ritual mágico. Ese misticismo inmanente figura la potencia del espíritu y de la vida para atravesar la muerte, sin dejar de conferir a la muerte, tal como a la destrucción, un papel de pasaje hacia la vida y de transición de la voz hacia sus destinatarios. Nosotres.
Habiendo llegado hasta aquí, diría que es posible sostener de alguna forma esa “nada”, de eso depende la creación de un mundo nuevo, del libro. La meditación, a la que me referí anteriormente, no es un proceso arduo para llegar a verdades ocultas y solo parece difícil a primera vista porque no se hace por la adecuación cómoda de sentidos. Es un juego que, para Nikai Igaido, también podría llamarse “rito de la vida”.
Hilo soñado me parece un libro singular en el momento actual y lo veo inscripto en una tradición que remonta también, además de las referencias citadas, al deseo del individuo de hacer parte de la totalidad que se manifiesta en Hölderlin, al maravilloso esfuerzo espiritual unificador de Blake, a la apertura de las puertas perceptivas y el misticismo escéptico de Aldous Huxley, a las enseñanzas de las artes hechiceras de Castaneda, a las experiencias chamánicas con las palabras de Roberto Piva, a la búsqueda de una espiritualidad a la manera oriental de Kerouac, a la experiencia primordial de lo sagrado en los libros de Mircea Eliade, a los nuevos movimientos religiosos y de contracultura de los años sesenta, y por ahí sigue. Sería el caso ver qué es lo que el libro de Nikai rescata, qué destruye y qué construye a partir de esa tradición.
Finalmente, en mi lectura este hilo soñado asume el carácter de un libro utópico. Recupero aquí el sentido de u-tópico como aquello que no tiene lugar. No tiene lugar porque escapa a las reglas establecidas en la literatura y en la vida. Si es utópico está abierto a las posibilidades de todes que desean darle un beso a la boca de los ángeles que caen pero que, para cerrar con una bella y vertiginosa imagen del poeta, “sólo nos darán un beso si saben que ese será el primer paso de nuestra caída”. ¡Caigamos, pues!
[1] Carolina Urbano, “El torpe pequeño pez”, en El país de la bruma, 10-07-2018 < https://elpaisdelabruma.blogspot.com/2018/07/el-torpe-pequeno-pez.html>.
[2] Rosanna Rion, El profetismo en la obra literaria de T.S. Eliot, tesis doctoral de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, 2006.
Buenos Aires, 16 de septiembre de 2018

Algunos poemas del libro hilo soñado:


      raíz
atrás el cielo sin paredes
desordenado
sin cifras
abierto
y la mente va uniendo lo diverso
y hace guías.
cuerpo,
mapa donde el lenguaje ha puesto huevos,
leo mis manos que dibujan cielos:
Aldebarán, Júpiter, Casiopea,
también acá, antes, en Esta-tierra nombramos
las estrellas
pero nuestros nombres no le gustaron a la Iglesia...
mis manos son esas mismas que escribieron nombres
que leímos juntos...
adentro como un fluctuar de olas
me habla ese lenguaje que dice nombres
para dibujar lo abierto,
lo escucho no siempre, sólo a veces,
y de mí, tendido sobre tierra mojada de mi cuerpo,
crece una señal que sólo leerá mi hijo.


      crónica de la caída


los ángeles que caen, mientras caen, son atractivos,
pero nunca tocan fondo ante nuestros ojos,
antes se suicidan
y este suicidio no es un final sino seguir cayendo
protegidos del barro por un traje
del que nadie, ni ellos mismos, sabe;
ese es su mayor sufrimiento, no poder pertenecer a nada.
hermosos en su desesperación, en la noche, con su cara vuelta hacia la luna,
quisiéramos darle un beso a esa boca que ha querido acumular
tanta suciedad entre las manos;
pero sólo nos darán un beso si saben que ese será el primer paso de nuestra caída.
y aunque sólo sea verdadero Odio (la existencia de uno es la negación del otro),
ninguno de los dos evitará el encuentro:
alguna vez viviremos juntos,
entonces nacerá la criatura que habitará la sangre y la fortuna,
el deseo, el odio, el amor y la amargura,
la raza que será más que ambas porque será las dos unidas.
se sabe que esta criatura «podrá subir al cielo y arrojar a Dios sobre la tierra»;
se sabe que es precisamente esto lo que Dios desea.


cantos de Adán
I

nos encuentra la tarde en este tren que se asoma por el mundo
         como el más inocente de los hombres
somos pasajeros que llevan la tarde en los ojos
y ella tira su ancla roja que arrastra el mar
   donde las estrellas son ovejas
   que se ahogan cada noche.
afuera los campos tienen animales que son felices con un pedazo de mundo
esperando que la mañana cubra de leche
la lluvia,
y nosotros, ¿qué esperamos en este tren donde se van los días?
pasamos por el mar
y nuestro tren se hunde en el abismo,
es oscuro y por la ventanilla una luz azul hace tu cara.
—Señor,
afuera la ballena nos acompaña en nuestro viaje, amenazante,
entre cada gota que ahora es sólo una voz entrelazada
y la duda, una postal nueva, que nos envía su piel blanca,
pero es hermoso el valle
cuando viene la luna
y juego con Eva a descubrir el mundo
o cuando ella descansa al lado mio
y me quedo dormido con su imagen
en la hierba.

II
amanece y tengo sobre mí el pequeño cuerpo de Eva,
sus senos que tienen piel para guardarlos de mi beso,
ahora no es el viento
como cuando se presentaba por la tarde
  llena de pájaros
y era la brisa que acariciaba mi boca
 cuando la nombraba.
Dios es un gato que cubre el universo
yo lo veía en la mañana sentado en el corazón
   del paraíso
      lamiéndose las patas.
ahora estoy viajando
   por un valle diferente
Eva tiene la sangre que me distrae del juego
amanece y tengo sobre mí su cuerpo
por el que siempre se está dispuesto
a perder uno
   o dos paraísos.


      reloj de agua


...y con sueños me quebrantaste
y con visiones me pusiste en espanto,
y escogió ahogamiento mi alma y muerte mis huesos.
Libro de Job.
1

el viejo silencio de esa casa
y un río que cruza delante
sobre calles en el momento de la lluvia,
«hay quienes quieren edificar el templo
y hay quienes no quieren que el templo se construya»
dice Mr. T.S. Eliot en un poema,
yo espero que todos los hombres no quieran edificar el templo,
espero que el destructor sea feliz
o al menos digno de su odio.
al frente de esta casa
se concentran todas las pasiones que he vestido,
Basavanna que adoraba a Shiva
era su sacerdote, porque Él, la destrucción,
estaba en medio de todos los ríos que se encuentran.
esta casa se levanta sin memoria sobre el río
y creo sentado en una silla frente a ella
que el agua es suficiente filo para mi poema,
la dejaré fluir tan libre que destruya toda alma
y calles y ciudades que entorpecen cada hombre
porque algo ha de nacer de estas basuras
que hemos acumulado en tantos días.
( el río que lleva mi palabra se detiene
apuntando con decisión a la memoria:
(Tú, suave palabra, que tanta destrucción nos has traído
deja que me esconda en tu murmullo, y que adentro,
en tu posada, te conozca...
que me esconda en la mirada que incendió el poema,
para que adentro, en tus paredes, te destruya...)
el incendio de esta casa sobre el río
es la última belleza que aún nos toca,
el resto es incendio que prepara a cada hombre
para el resumen de toda la belleza que le dará su muerte).

6 -(Shiva)

porque soy el mismo que amó y odió antes de amar
porque soy el mismo que bailó la danza
porque soy el mismo que hirió sus bocas,
dioses y plegarias que no veré donde soy otro,
sueño entre la respiración y sueño, respiración y otro,
cada hombre me presenta su ofrenda,
todo pensamiento es una herida
y cada hombre crece como uñas,
cuando muera sus pensamientos serán uñas
y cuando renazca
herirá a su madre desde el vientre con su boca cubierta por las uñas,
y todos nos herimos
y la mujer que amo es la mujer que odio,
y el camino que recorro es la mujer que odio
y el hombre que amo es la mujer que odio
y el hombre que seré es la mujer que odio
y todos seremos uno, y todos nos uniremos en amor y odio
y la salvación será para los justos la esperanza
y el infierno será para los injustos la esperanza,
y el cadáver que se levanta sobre el valle,
es motivo únicamente de voraces aves negras.



Última edición de hilo soñado: Ojo de poeta editorial, 2018

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