domingo, 2 de octubre de 2022

MARGEN PARA LAS NOTAS (1)

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TODO ESTÁ POR LAS NUBES 


Estos textos no van a resolver nada, no van a salvar a nadie, no van a ser capitales para las letras, los números, la inteligencia. Los algoritmos tampoco están, no vamos a reinventar la cuadratura del círculo; ya aparece en las películas sin palabras de Buster Keaton. Fotografías de pensamientos al paso, flashes, lianas, bejucos, enredaderas. Sinónimos y antónimos. Parto de cero, aunque sólo es una idea. Las hormigas han vuelto y los alimentos peligran pegados a mi retina. 


Digresión aromática, local, citadina. Para deshacer. Al lejano oeste iban los colonos que luego formaron colonias, no se lavaban a menudo y usaban agua de colonia para ir los domingos a la iglesia, el recinto olía a vaca perfumada, orgullosos de sus salmos que cantaban con voz aguardentosa y humeante tras pasar la noche del sábado rasgueando blues o matando chinches. Colonia es una ciudad alemana con recuerdos de un lejano París. Cortázar ya no vive allí. ¿Por qué me miras así? ¿Acaso crees que nunca hice una lista de la compra, un memorándum, dibujé la inocencia de un poema? 


Los saltamontes comen azúcar con fruición, mueven las mandíbulas rompedoras y giran sus grandes ojos, desconcertantes e hipnóticos, en todas direcciones. Remolonean un poco y luego se lanzan a un corto vuelo. El hueco se queda vacío y no tengo más azúcar, así que no volverán a hacerme cosquillas en la palma de la mano. 


4 

Como vivo en el sur y no enciendo la tv, creo que no existe el mundo. Oigo pájaros nocturnos cuando el tráfico de los automóviles se apaga. Los gatos tienen que hacer más ejercicio para alcanzar algún ala perdida o un pico solitario. Charlo un rato con los vecinos de al lado desde la terraza sin tiestos floridos, como viene la primavera pronto brotará alguna yerbita o alguna flor silvestre. Por ahora esperamos la lluvia o un camión cisterna. Los vecinos duermen a pierna suelta a juzgar por los ronquidos, aunque creo que los míos son más fuertes porque dicen que les despierto más de una mañana. Ahí andamos. 


Los ecos de mi cabeza me traen el sonido de una voz de mujer que conocí hace tiempo en un país del norte, cuando viajaba sin rumbo y no me importaba que la brújula estuviera parada en bolsillos ajenos. No recuerdo su cara, su voz cantarina ocupa mi memoria y se repite de tanto en tanto, sobre todo cuando camino junto a algún perro sin dueño que me ladra a cada paso. 


Si se fijan hay algo indefinible, entre la bruma y el sol ardiente, que se pasea curioso por dentro y por fuera sin desaparecer tras los cristales de nuestro olvido. La rotura del silencio no tiene porqué ser siempre ruidosa, la mayoría de los sonidos no tienen lugar fuera de nosotros; ninguno, en realidad. Pequeñas partes que aparecen como dunas, pequeñas montañas entre el olvido. 


¿De qué habla este hombre? Pudiera ser que paseara por el espacio sin escafandra. ¿Cuáles son sus antecedentes? Las familias ya no van al parque con los perros, se hunden los bancos en el barro de la tarde lluviosa. Una respuesta como otra cualquiera. ¿Tiene fuego? me dice alguien que no tiene rostro. Busco en los bolsillos, no hay nada. 

Miro tu cara que se pierde al pasar junto a mí en la pantalla del teléfono, pareces iluminada, mientras caminas sin ver cosa alguna a tu alrededor, ni siquiera puedes contemplar el aliento, los latidos, la esperanza que pasa disfrazada de licuadora de frutas exóticas. 

Se cierra el semáforo y un automóvil viejo arranca sin rumbo fijo. Ha llegado el cartero y leo tu carta junto a la fuente. Me alegro de que sigas viva en el lejano país del norte. Y de esos hijos que, dices, te ayudan a seguir adelante mientras crecen como la luna. 


8 

Me estoy quedando sin tinta. Lo que parecía tan sólido no lo es. Usar la lógica como un gato familiar para presentar nuestra realidad es un viejo truco que nos hemos creído muchas veces. El juego tiene los dados trucados. Por eso escribo a retazos. Las noticias ya no se parecen a los viejos titulares. No hay vida entre sus inventos mentirosos y baratos. Aunque aún quedan pequeños gatos y perros que me hacen sonreír. Tengo un porvenir cada vez más cercano. No llueve. 


 p. d.

La última vez que estuve en el mundo no había nadie.


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José Alias Madrid 2 de Octubre '022

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Publicado por jalias
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores. Revista Corónica es una publicación digital. ISSN 2256-4101.

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