lunes, 23 de marzo de 2026

El capitalismo... Otra vez

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Sobre La fosa abierta, de Brigitte Vasallo

 


Por Paula Andrea Marín C.

 

El capitalismo no fue fruto de una evolución natural…, sino que fue la respuesta de los señores feudales, los mercaderes patricios, los obispos y los papas a un conflicto social que había llegado a hacer temblar su poder. El capitalismo fue la contrarrevolución.

 

El golpe de Estado franquista fue financiado por grandes fortunas

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Entre 1955 y 1975, seis millones de habitantes del Estado español dejan su lugar de nacimiento para emigrar… En esos mismos años desaparecen del campo el 60% de los pequeños agricultores y el 70% de los jornaleros… Hay zonas enriquecidas a través del empobrecimiento de otras y las vidas migrantes forman parte del expolio.

 

La migración en el capitalismo tiene una función reguladora a la baja, pues el sistema la utiliza para forzar los salarios y las condiciones laborales, ya que la población migrante tiene muy poco poder de negociación. Al mismo tiempo la convierte en amenaza directa para la clase obrera autóctona, evitando así las alianzas de base.

 

El nacionalismo español y el catalán se creen muy distintos entre sí, pero son tan parecidos como un bocadillo de atún y un bocadillo vegetal de atún.

 

Brigitte Vasallo. La fosa abierta.

 

La profunda admiración que siento por Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973) me ha llevado a seguir desde hace meses el proceso de investigación y de escritura que la condujo a publicar La fosa abierta. A Vasallo la leí, por primera vez, en su libro Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, que me cambió completamente mi visión sobre la monogamia, pero también sobre el poliamor. La pregunta: ¿Cuántos amores (parejas, amigos, amantes, proyectos, plantas, animales, libros…) puedes cuidar? Se ha convertido en la pregunta que guía mis decisiones en casi cualquier plano de la existencia. Eso es realmente la responsabilidad afectiva que, como todo, comienza por la responsabilidad con una misma. En Pensamiento monógamo, Vasallo afirmaba que el sistema monógamo es parte fundamental del funcionamiento del sistema capitalista. La crítica al capitalismo también estuvo presente en su siguiente proyecto: Lenguaje inclusivo y exclusión de clase, en el que fijaba su mirada en las condiciones de desigualdad en el acceso al capital cultural y en el clasismo de la academia, cuando se nos olvida de dónde venimos y para quienes estamos escribiendo.

 

La fosa abierta, publicación que continúa lo que Vasallo ya había planteado en El tríptico del silencio, reconstruye el desmantelamiento del campo español, hacia mediados del siglo XX, por la política franquista de modernización del país y por la venta de tierras desamortizadas que pasaron a manos, no del campesinado, sino de los grandes latifundistas. Para ello, Vasallo retoma la historia de su familia de origen, en Galicia, cuando su madre emigra a Francia, para buscar un “mejor futuro”, y consigue trabajo como empleada doméstica de una familia parisina rica. Cuando sus padres regresan a España, deciden quedarse en Barcelona y es allí donde nace Brigitte. Vasallo toma el caso de su familia para contar la historia de parte de un país.

 

Con las políticas de destrucción de la economía autónoma y comunitaria del campo (la implantación del capitalismo agrario), de pauperización (por la monetarización de la agricultura, las cargas tributarias y las exigencias productivas) y privatización de las tierras (los cercamientos), y del trabajo agrícola, las campesinas y campesinos van a las ciudades a nutrir las filas de los obreros en las fábricas y luego a enfermarse y a morir por la toxicidad de los productos que deben manipular o por el extenuante esfuerzo físico de las largas jornadas diarias: “El capital industrial depende del éxodo masivo del mundo rural” (La fosa, 35). Las mujeres pierden la autonomía que tenían en el campo y permanecen en las casas sin un sueldo y a merced de sus maridos. “Por qué esta persecución? Berger propone una respuesta al afirmar que un campesino intacto era la única clase social con una resistencia interna hacia el consumismo. Desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado” (La fosa, 107).

 

Vasallo demuestra que el capitalismo (otra vez el capitalismo) requirió de esta expulsión de las y los campesinos de sus tierras para terminar de afincarse en la sociedad, requirió de un acto violento que dejó una herida transgeneracional, palpable en la configuración de las identidades de las y los descendientes de quienes se vieron obligados a emigrar. En las ciudades, las y los campesinos aprendieron que eran “atrasados”, “analfabetas” y “pobres”, y que debían contribuir al progreso del país. La paradoja actual con el fenómeno de los denominados “neorrurales” (o con los terratenientes de toda la vida) es que, quienes vuelven al campo son “campesinos” blanqueados que se asumen como mejores que los campesinos autóctonos. Ya no son “incivilizados” o “analfabetas”, sino quienes ya pasaron por la urbe y llegan más “limpitos”, más “bonitos”: “Ahora que ya nos han echado de las casas, quieren las casas…, quieren el paisaje, quieren el silencio, quieren la tierra y el amor por la tierra, pero lo quieren para sí…Y para eso hay que acabar con nosotros, hay que sustituirnos por la gente de ciudad” (La fosa, 293).

 

Además de lo que me permite entender este libro de la historia de mi propia familia y del proceso de emigración del campo a la ciudad en Colombia y en todos los países, el libro de Vasallo sigue recomponiendo mi comprensión del trabajo académico, del proceso investigativo, escritural y de publicación. Vasallo regresó a Galicia, después de muchos años de haber perdido (cortado) el contacto con su familia y en ese regreso, viviendo en comunidad, es como puede aprender y entender sus costumbres, sus dinámicas, su historia (su presente). Vasallo va por España y por Italia haciendo laboratorios para encontrar historias similares a la de su familia, es decir, para ver si el caso propio es extensible a otros y si eso puede ayudar a entender algo de lo que nos sucedió y nos sucede como sociedad, de lo que ha sucedido y sucede con los inmigrantes internos y externos de cada país. 


El caso de las campesinas y campesinos que llegan a las ciudades –de acuerdo con la percepción de los autóctonos- a “quitarles” el trabajo a quienes ya viven allí se repite en los inmigrantes, cuando llegan a un país; sin embargo, la mirada del residente cambia si quien llega es “blanco” o “rubio”, si proviene del norte o del sur global. El inmigrante es una amenaza si califica como “pobre”, pero es bienvenido si califica como alguien que no viene a “quitarte” lo que tienes, sino a dejar lo que ha ganado en otro lugar. El inmigrante "pobre" carga con una culpa construida desde un discurso falso sobre “la disolución de la cultura local y la pérdida de identidad del lugar receptor” (La fosa, 37); pero, en realidad, “la migración forma parte del progreso económico de una sociedad… y beneficia directamente a las poblaciones autóctonas del lugar de llegada” (La fosa, 34), excepto -digo yo- cuando hay un proceso de gentrificación que supere este beneficio. 

 

Al final del proceso, Vasallo realiza conferencias escénicas, una especie de performance que saca a quien ofrece la conferencia de la jerarquía del “saber más” que quienes vienen a escucharle. Entonces, empieza el trabajo de escritura, acompañado de lecturas que permiten ampliar el entendimiento de aquello que se vivió in situ, de los testimonios y de la historia propia. Vasallo decide estructurar un libro en capítulos cortos, para que puedan ser leídos en voz alta (y hasta de manera autónoma), en comunidad; decide incluir la historia de su madre y los testimonios de sus tías, tíos, primas y de algunos participantes de los laboratorios. A la par, la autora procura desentrañar su historia: la huida de su casa a los 18 años (para no seguir recibiendo las palizas de su padre ni la indiferencia de su madre, por no acomodarse a lo que se esperaba de una mujer), su trabajo como camarera en un hotel y como aseadora en un aeropuerto.

 

El lenguaje del libro procura no traicionar en demasía la oralidad que está en su origen: la cultura oral de las campesinas y campesinos, de los testimonios recogidos, de su familia gallega. ¿Cómo no traicionar la clase de la que se proviene cuando accedemos a la academia, a la universidad que nuestros padres, tías y tíos no pudieron pisar? Una de las respuestas a esta pregunta se encuentra en este libro. En una charla, le preguntaban a Vasallo por qué ahora había un boom de historias contadas en primera persona. Ella respondía que esas historias obedecen al hecho de que, solo hasta ahora, muchas mujeres y hombres han podido acceder a la escritura y a la publicación; son las historias que estaban atragantadas y que solo hasta ahora están saliendo a la luz, las historias que recuperan los relatos de los que no habíamos podido apropiarnos, de los que se habían apropiado otras y otros, o que habían permanecido inaudibles. “No escribimos para quedar por encima de los demás, sino para encontrarnos con los demás” (La fosa, 74).

 

Brigitte Vasallo. La fosa abierta. Anarchivo emocional de un milagro económico. Barcelona: Anagrama, 2026. 310 págs.

 


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Publicado por Paula Andrea Marín C.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores. Revista Corónica es una publicación digital. ISSN 2256-4101.

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